Escrito por Gehenna
Eran los últimos días de secundaria. Un grupo de pendejas putas me había estado molestando y acosando todo el año, un tipo de bullying muy particular. Cada vez que podían me pellizcaban la cola, me subían la falda o me nalgueaban. No me disgustaba del todo el trato que me daban estas tres. Las enormes tetas de Fátima queriendo escapar de su corpiño, o Marina que se ponía la falda re cortita y caminaba moviendo el orto para que todos la miraran no era algo de lo que pudiera quejarme, o de Emilia, estaba tan rica la gorda hija de puta. Rubia, bajita y con un culo espectacular.
Tenía un plan de venganza para sacarme la bronca de todas las veces que me dejaron con la concha como un aloe vera, exponiéndome de paso a toda la escuela. Mi padre tenía varias armas en casa y realmente nunca les daba pelota, así que me llevé una a la escuela.
Al ser una mañana de diciembre, estábamos sin hacer nada esperando a rendir los APES que a cada uno le iba quedando, mientras los profes desayunaban en la sala de profesores en la otra punta del pasillo. Yo estaba en el baño preparándome, súper nerviosa pese a todo, aunque al principio, solo planeaba sacarles algunas fotos posando sexy en pelotas para poder chantajearlas si volvían a joder, y quizás vendérselas a nuestros compañeros. ¡Nunca estaba demás la retribución económica!
Al entrar al curso las veo a las tres sentadas. Marina apoyaba los pies arriba del banco como si no estuviera en falda y se le viera toda la bombacha. Algo intentaron decirme, o cuchichearse entre ellas; pero cerré la puerta de un golpe y les apunté. Al principio no entendieron de que se trataba, hasta que notaron la veracidad del arma.
- Qué, a ninguna se le ocurra gritar o escapar. Indiqué, igualmente las amordacé porque ya bastante había llamado la atención con el portazo. Ya caminando alrededor de ellas, aunque con nerviosismo y un cosquilleo extraño, quise probar algunas cosas.
- ¡A ver, muéstrenme sus bombachas!
Las tres se levantaron las faldas, temblando y con las caras rojas. ¡Encima a la Fati se le escaparon unas gotas de pis! Todas la miramos como si fuera nuestra presa por unos segundos. De solo mirar sus facciones de miedo y vergüenza ya me estaban calentando. Hasta que volteé a ver a las demás.
- ¿Animal Print?
No pude contener la risa al ver la bombacha de leopardo de Emilia. Parecía la bombacha de una preadolescente, ¡Como si fuera virgen la muy puta! Las sensaciones de adrenalina, pánico y una excitación indescriptible subían y bajaban por mi cuerpo.
- Muy bien ¡Ahora muéstrenme las tetas!
Las tetas de Marina se veían muy suaves y lindas y no pude contenerme de hundir mi cara en ellas para sentir su rico olor a teta, y también aprovechar a frotarle un poco con la punta de la glock. Las areolas de Fátima eran tan grandes, perfectas para sus gigantes tetas. Y Emi no se quedaba atrás. En un nuevo arrebato de furia, saqué el teléfono para tomarles las malditas fotos, apoyadas contra los bancos para que se les viera el orto, abiertas de piernas tocándose, frotándose las tetas entre ellas y prácticamente cualquier otra posición imaginable. Pensaba que ya era suficiente, pero el ardor y el babeo de mi concha me obligaron a continuar con esto hasta otro nivel. Me senté en el escritorio de la profe y le hice una seña a la Emi para que se me acerque, sin abrir la boca.
-Mostrame como te masturbás, a ver como lo hacés todas las noches, putita pajera!, le dije en voz alta, para que todas pudieran escucharme. Emi se bajó la falda y comenzó a frotarse el clítoris mientras yo la agarraba y le masajeaba las tetas, hasta que ya estuvo mojada y se metió los dedos, le solté un par de nalgadas ruidosas, las que hacían suspirar a las otras dos boluditas, porque gemía como una chancha. Lo estaba re disfrutando la pendeja morbosa, aunque yo también ya me estaba moviendo con ganas por arriba de la ropa.
Eyaculó caudalosamente, con los ojos apretados, y pidiéndome más nalgadas. ¡Parecía que se había meado, de miedo o de placer! y cayó de rodillas en el suelo. No fue hasta ahí que me di cuenta de que me había olvidado de las otras dos. Les quité las mordazas con un poco más de confianza de que no harían nada. ¡No les convenía! ¿O estaban cagadas de miedo? ¿Qué pasaba si se me ocurría disparar? Yo, jamás había soltado el arma. Es más… en un momento, mientras le olía las tetas a la Emi, me refregué el caño en la entrepierna, y tuve que morderme los labios para no gemir más fuerte que ella.
- Ya vieron cómo le gusta ¿No? Por qué no vienen y la hacen venirse de nuevo ¡No ven las ganas que tiene! ¡O la forma en que le palpita la concha!, les grité, agitando el arma por el aire. En segundos ya estaba presenciando un trío lésbico. Después de todo, yo era la única que sabía que no había balas.
Fati la tenía agarrada por atrás, mordisqueando y dejándole chupones evidentes en su cuello, masajeándole las tetas, pellizcándole los pezones de vez en cuando. Marina la agarraba por adelante, intercalando los besos con pellizcos y succiones profundas, mientras que su boca bajaba por todo su cuerpo tembloroso, lamiendo y mordiendo con ganas y metiéndole los dedos con practicada precisión, como si se juntaran habitualmente a masturbarse. Hasta le di un chirlo en el culo a la Fati, cargándola por haberse hecho pis, y eso, tal vez fue la que las hizo gemir a las tres, como verdaderas gatas en celo.
Cambiaron de posición cuando acostaron a la Emi en el piso, dejando mucho mejor vista de toda su intimidad, cada una succionando un pezón e intercalando los dedos hasta sobre estimular su vagina y tensarla en un potente orgasmo.
Si ya me estaba chorreando desde el principio, esto colmó de fluidos mi bombacha a medio bajar. Las llamé para que me hicieran lo mismo, imprudente, con la voz tomada por el morbo. Pero ya estaba pasándome los dedos entre el ardor de mis labios con un deseo indescriptible. Entonces, como si hubieran querido hacerlo desde antes me rodearon entre las tres. Emi me tomó por la cintura, me rozaba los pezones de forma algo brusca, pero estimulando perfectamente cada punto en ellos. Ya estaba flotando en una nube cuando Marina fundió sus labios con los míos en un beso húmedo e impulsivo, separándome sutilmente las piernas para que Fátima me oliera y mordisqueara la bombacha. Sentí como se mojaba los dedos con mis fluidos ya rozándome suavemente por dentro de la bombacha con una mano y sujetándome para que no temblara con la otra. Ya habíamos olvidado como comenzó todo esto, ya no importaba el arma, ni el bullying, ni que quisiera asustarlas, ni si estábamos solas. No me habían ni empezado a dedear cuando me arranqué a tensar en escalofríos y tiritones bruscos, acabándome en la boca de Fati en pocos minutos.
Sin más palabras de por medio, nos arreglamos la ropa y me fui del salón, con ganas de repetirlo, y esperando con todas mis fuerzas que no llamaran a la policía. Fin

maravillosas, calientes y atrevidas las nenas! Amé este relato! Me encantan las chicas malas, que meten miedito a las otras, hasta que lloren, o se meen, o deliren de placer! Seguí escribiendo diosa!
ResponderEliminarHOLA! Mi nombre es Natalia, y tengo 19 años! Gracias a este relato caliente, recordé que cuando iba a tercero de la secu, con otra amiga nos comimos, manoseamos y pajeamos a una nena de primero. La re molestábamos porque nos miraba mal, haciéndose la metalera. ¿Y podés creer que tenía una bombachita de Barbie? Creo que hasta tuvo un pequeño SQUIRT y todo la bombona! Gracias por recordarme ese momento cargado de calentura, con esa gordita tetona que olía a caramelo, pero casi lloriqueaba cuando le rozábamos la chocha! Seguí escribiendo che!
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