¡Dale amiga! ¡Dejá de bajarte la pollera que no sos una monja! ¡Además no vamos a ningún lugar donde tu vieja te pueda retar por andar calentando a los vagos! ¡Son señores grandes! ¡Vos confiá en mí que todo va a salir joyita! ¡Acordate que estamos haciendo algo por y para el cole! -Malena me conversaba tan rápido y bajito al oído que, apenas podía entenderle lo que me explicaba. Tenía los nervios de punta por la pollera tan corta que llevaba. A medida que yo misma la bajaba, se me subía más. No estaba acostumbrada a esto. Si mi vieja me viera me cazaba de las orejas, prometiéndome que en la casa se me armaría flor de quilombo. Ella insistía en que debía comportarme como una señorita, y las señoritas no andan vestidas con polleras tan cortas, no tienen relaciones sexuales tan jóvenes, ni se dejan tocar siquiera por la mirada de señores mayores. Si viera que ahora mismo, en el colectivo, un señor bien perfumado y apuesto detrás de mí no dejaba de apoyarme la pija re dura en la cola, le agarraría un ataque cardíaco. Obvio que culparía a Malena, mi mejor amiga de toda la vida. Desde el jardincito. En un momento flasheé que mi vieja subía al mismo colectivo, y me veía, con las mejillas rojas, y que por algún motivo descubría que tenía la bombacha re contra mojada. No, pero no podía ser. Me mataría si me encontrara toda refregadita, alzada y regalándole la tersura de mi cola a la pija de ese señor, Pero, en la vida real, yo estaba por matar a Male que por poco se le cae la babita de la boca por tener la mano de ese mismo tipo adentro de su pollera. Ninguna de las dos nos atrevíamos a mirarlo a los ojos, porque nos regalábamos a todo lo que nos hacía. Por suerte, para nuestra calentura, el colectivo se detuvo, y nosotras caímos en la cuenta que debíamos bajarnos. Tuve que sacudir a Male para que reaccione, sin que el tipo siquiera nos dirija la palabra. Él no tenía la culpa, según nuestras hormonas.
¡Zoe, Boluda! ¿Justo en la mejor parte nos teníamos que bajar? ¡Ese bombón, casi logró que me haga pipí en su mano! ¿A vos te re apoyó el orto! ¿No? ¡Te re brillaban los ojitos nena! ¡Y, eso te pasa cuando te refriegan la cola! ¡Te conozco amiguita!, me decía Male, entre enojada y divertida, tal vez más excitada que yo.
¡Basta Male, comportate que vamos a perder la oportunidad que el colegio nos dio con nuestro proyecto de música! ¡No va a pasar dos veces que sea presentado en una radio prestigiosa como la del señor Mario! ¡Es mansa FM! ¡No podemos caer así, tan desarregladas! ¡Acomodate que casi llegamos!, le decía a las apuradas, sintiendo que tenía una sed tremenda, caminando por una vereda repleta de negocios. Le recordé además que necesitábamos ganar el concurso, porque esa plata nos venía bien para nuestro viaje de egresados. Male trató de acomodarse el pelo corto, sin dejar de explicarme cómo ese tipo le manoseaba la zorra; lo tenía planchado hasta los hombros, ojitos miel con un delineado sutil, y unos aritos de frutillitas que le daban aspecto de inocente. Lo que más le halagaban las chicas, era su boquita redonda. Aunque lo que mas disfrutaba ella de su propio cuerpo era su cola. Los chicos se la piropeaban cada vez que la veían irse. ¡Tiene una cola divina mi amiga! ¡Bien parada, redonda, gordita y nalgueable! Siempre se le veía re tentadora con la pollera del colegio. Teníamos que asistir a la radio con el uniforme escolar para que quede bien claro nuestro propósito. Ya en la puerta de la FM, todavía en la vereda, intenté una vez más que la pollera apretada se baje para cubrirme mejor las piernas, y de acomodarme bien la camisa blanca. Hacía rato que debía comprarme una pollera nueva. Yo no tenía tanta suerte como ella con la cola, pero sí me enorgullecía de mis tetas. Era lo que todos me miraban, antes de fijarse en mi cara, o mis ojos. A decir verdad, me encantaban, casi tanto como que todos se baboseen con ellas. Yo, a diferencia de Male, traía una trenza casi hasta la cintura. Rara vez usaba el pelo suelto. No me maquillé, ni me puse aritos, ni lograba controlar los nervios como ella. Male me acomodó un mechón suelto atrás de la oreja, justo cuando mi mano se había estirado para pulsar el timbre, y me tranquilizó recordando que mi vieja no se iba a enterar de lo que nos dejamos hacer en el colectivo, y que, no era nada malo. Me arregló la camisa blanca, me pidió que cierre los ojos para darme un regalito, y me plantó un beso cerca de la boca. No me sorprendió, porque siempre me lo hacía. De hecho, otras veces me re tranzaba en el baño de la escuela, o en mi cama cuando se quedaba a dormir en casa. Pero esa vez, me calentó demasiado sentir sus labios húmedos, y su aliento. Entonces, juntas, sin hablarnos, agarradas de la mano, una vez que toqué el timbre y desde adentro alguien abrió la puerta eléctrica, apresuramos los pasos hasta el estudio de la radio, en un pasillo largo, con eco y olor a sahumerio. Nunca, ninguna de las dos había estado en una radio. ¡Y menos en una tan grosa! Había gente corriendo. Seguro que productores. De a ratos se oía una voz grave de hombre puteando a los gritos. Parecía que retaba, o culpaba a alguien. Una chica alta y escotada nos atendió, sin muchas ganas. Nos preguntó de donde veníamos, y si Mario sabía de nuestra visita. Male le explicó todo, y la chica nos guio hacia el lugar desde donde provenían los gritos, mientras la chica nos comentaba que su jefe en unos minutos ya estaría listo para atendernos. Nos sentamos en un sillón amplio, desde el que se veía el programa a través de una vidriera. Entonces, Male me hizo acordar de un detalle más que fundamental.
¡Boluda, no trajimos la guitarra!, se exaltó, mientras Mario pedía la tanda, no sin antes tener una breve charla con su columnista de deportes. ¡Cómo pude olvidarme de eso! ¡Se suponía que teníamos que cantar en vivo! Entré en pánico. Me puse tan nerviosa que, ni me importó que toda la pollera se me hubiese subido cuando volví a sentarme, luego de pararme tras tomar la decisión de irnos a la mierda. Pero Male me convenció de calmarme, que por ahí había otra forma. Male me acarició las piernas desnudas, y entonces me di cuenta del tema de la pollera. ¡Y para colmo, la chabona arremetió una vez más contra mis voluntades alocadas, para esta vez comerme la boca! Yo quería seguir besándola. ¡De hecho, nunca había tenido tantas ganas de que me muerda las tetas! Entonces, miré hacia el vidrio del estudio. En los retornos se oía la propaganda, mientras Mario miraba como Male me besaba, y yo le abría las piernas para mostrarle la bombacha, porque ella se cansó de pedírmelo.
¡Hey, Zoe, Mario, me parece que nos está mirando! ¿Te excita eso, guachona? ¡Posta, quiero que cojamos un día de estos, las dos! ¡Bueno, si invitamos a alguien, mejor! ¡A las dos nos emputece mal una buena pija! ¡Tendríamos que mandarnos alguna fiestonga las dos, rodeada de tipos!, me decía Male, acariciándome una teta. Allí fue que me di cuenta que la guacha me había desprendido el primer botón de la camisita. Y, al fin, la chica alta que nos recibió, apareció para decirnos: ¡Chicas, ya pueden entrar al estudio!
¡Eeee, te hago una pregunta! ¿Sabrás si acá, en la radio, habrá una guitarra? ¡Me olvidé la mía, como una tarada! ¡Todo, culpa de los nervios!, le sinceré a la chica, que me sonrió tímidamente. Además, también sentí que me relojeó las gomas.
¡Sí, tranquila Zoe, que hay una acústica! ¡Está afinada y todo! ¡Ahora se las llevo al estudio! ¿Las dos cantan?, se asesoró la chica, mientras las dos entrábamos lentamente al estudio, y Mario se levantaba de su asiento para recibirnos.
¡Sí, cantamos las dos! ¡Ella toca! ¡Y no sabés cómo! ¡Yo, soy malísima tocando cualquier cosa! ¡Bueno, salvo a los chicos! ¡O, por lo menos, ellos no se quejan!, aclaraba Male, fiel a su estilo de robarle sonrisas a todo el mundo con sus ocurrencias. La chica nos dijo que su nombre es Natalia, y que cuando tenía nuestra edad, tocaba la batería en una banda de todos varones. Male le hizo un gesto entre obsceno y pícaro, mordiéndose los labios. Y entretanto, ya estábamos adentro del estudio, con Mario frente a nosotras.
¡Así que ustedes son, las Flasheaditas! ¡Un gusto! ¡Son, divinas las dos! ¡Espero que no estén nerviosas! ¿Primera vez de las dos en una radio?, decía Mario, luego de darnos un beso en la mejilla a cada una, mientras Natalia acomodaba las sillas en las que nos sentamos. Yo, tardé en darle la orden a mi cerebro, y en cuanto estuve sentada, Nati me puso los auriculares, diciéndome que ya me traía la guitarra. Male ya jugueteaba con el cable del auricular, y le hablaba en voz baja al micrófono que tenía cerca de su boca. Mario nos ofreció agua, y nos explicó que cuando la luz roja apareciera, era porque ya estaríamos en el aire. Sentí que me vibraron las piernas, y que el roce del cable de mis auriculares en las tetas me molestaba un poco.
¡Bueno chicas! ¿Ya saben cómo es esto?, nos preguntó Mario. Las dos asentimos con las cabezas, y comimos una mini factura que nos ofreció, siempre sonriendo.
¡La idea es, tener una charlita breve, sencilla y amena! ¡Les voy a preguntar cositas! ¡Aparte, las adolescentes siempre tienen secretos para contar!, dijo, en medio de una risita histriónica.
¡Naaah che, no se asusten! ¡el tema es que se suelten, estén tranquilas, y con confianza, como cuando estaban en el sillón del pasillo! ¡Después, presentamos el temita que nos van a interpretar, y, por último, defienden el tema! ¡O sea, nos cuentan por qué ustedes sienten que merecen ganar el premio! ¿Les parece? ¡Aaah, y por ahí, algún oyente se anima, y manda un audio para preguntar alguito! ¡Uy, ya vamos al aire! ¡Atenti que largamooooo!, recitó de un tirón, mientras entraba Natalia con una hermosa guitarra acústica desnuda en las manos, y la colocaba sobre mi falda. Oímos la cortina del programa en los retornos, y enseguida la voz rasposa y grave de nuestro locutor favorito empezó a ronronear en el aire. Male me miró profundamente, como queriendo decirme: ¿Viste que te dije que nos vio?
Natalia se sentó en frente de nosotras, y Mario ironizaba sobre una noticia de la política, de la que Male y yo no entendíamos un pedo. Después, le anunció a la audiencia que, en breve nomás, unas invitadas de lujo llenarían el aire con sonidos, canciones y armonías de otro mundo. Las dos nos pusimos coloradas, y a mí me pareció un tanto exagerado semejante halago. Lego, Nati habló del escándalo de una modelo, de los chismes de Zaira Nara, y algo relacionado a un programa nuevo que saldría por América TV.
¡Y ahora, con ustedes, el momento que estábamos esperando! ¡Tengo el honor, y las ganas totales, de presentarles, acá, en la radio líder gracias a ustedes, en este programa genial que hacemos con Nati, el Pollo, el negro Rasta y Marianito, a uno de los proyectos intercolegiales más interesantes que tuve la posibilidad de escuchar! ¡Con ustedes, acá y ahora, laaaaas Flasheaditas!, estalló la voz de Mario en el micrófono, y enseguida Nati, Marianito, que es el operador, y el Rasta, que es el columnista de deporte, aplaudieron junto a él, y a un aplauso grabado que surgió de la compu. Yo, probé un par de acordes con la guitarra.
¡Bueno bueno, parece que Zoe está un poquito ansiosa! ¡Ya quiere tocar! ¡Pero, primero, chicas, le contamos a la gente que ustedes participan del concurso más impresionante que, al menos hacemos este año en la radio, para colaborar con los colegios, y de esa forma, que tengan algún tipo de subsidio para lo que necesiten! ¡El premio al mejor proyecto musical, es de tres millones de pesos! ¡Las Flasheaditas, como otros grupitos, nos presentaron su pequeño demo, y obviamente quedaron seleccionadas! ¡Bueno, Zoe, y Malena! ¿Verdad?, dijo Mario, casi sin pausa, mirándome las tetas, y la boca a Male, quien fue la primera en tomar la palabra. Contó de nuestro proyecto, y tuvo que decir que yo era mansa tocando la guitarra, y que, si no fuésemos amigas, seguro yo no la contaba para cantar conmigo. Siempre se tiró abajo la pibita.
¡Excelente! ¿Y, son amigas? ¿O, por ahí, algo más? ¡Acuérdense que, tenemos que vender chicas!, dijo Mario, riéndose con su carcajada áspera de cigarrillo y trasnoche, mientras Nati decía cosas como: ¡Noooo, Mario, por favor, las chicas, se re nota que son amigas! ¿Se conocen hace mucho?
¡Bueno, pero seguro que hicieron piyamadas, juntadas, reuniones, y muchos fogones! ¡Siempre, la música es una buena excusa para, compartir muchas cosas! ¿En serio, no son novias?, volvió a insistir, una vez que yo conté que Male y yo empezamos a cantar juntas como a los 13 años, y que somos fanas del rock argentino. Dijimos que no, y Nati le hizo un gesto a Mario, onda como para que se calme un poco.
¡Bueno, pero se quieren mucho! ¡Acá, nos escribe una amiga de ustedes, que, jura y perjura que las dos, andan rompiendo corazones en el cole!, nos dijo, mientras Mariano desde la cabina usaba efectos de sorpresa. Hasta que, al fin, presentamos la canción que habíamos grabado en el demo. Se llama Viajando de tu mano, y era una onda medio Indie, con un dúo bastante armonizado, y con un ritmo medio folk. Ni bien terminamos, Mario fue el primero en comenzar el aplauso, y yo tomé un poquito de agua, creo que más por ansiedad que por sed verdadera. Male me miró de golpe, señalándome la cara de sorpresa de Natalia.
¡Muuuuy bueeeno chicas! ¡Excelente! ¡Fuerte el aplauso, y que empiecen las contrataciones! ¡Muy buen trabajo de verdad! ¡Realmente, una hermosura escucharlas cantar, verlas actuar, y, todo lo que nos trajeron! ¡Incluso, hasta el perfume sexy que usan las chicas! ¡Le contamos a la gente que Zoe y Male son las integrantes del colegio secundario comercial número 2, que van a tercer año, y nos presentaron una hermosa canción que, tal vez las deposite en la final! ¿Ustedes qué creen? ¡Llamen, dejen sus mensajes a los teléfonos que Nati ya mismo les dice, y voten!, dijo Mario de un tirón, una vez que el último acorde sonó, y mis nervios me humedecían las mejillas. Nati dio las líneas de comunicación, y luego, siguió la ronda de preguntas. Dijimos que no éramos mucho de salir a boliches, que no teníamos novio, que en la escuela nos iba generalmente bien, salvo en química y física, que hacíamos poco deporte, y que amábamos la música. Todo entre miradas indiscretas de Mario a mis tetas, y a la carita de chancha de Male, que siempre se chupaba un dedo, o se mordía una uña. Creo que, si no estuviésemos al aire, al menos ya nos hubiésemos desnudado con las miradas. Pero, ¿Por qué Natalia y Mario nos miraban como si quisieran comernos?
Y de repente, nos fuimos al corte. Mario no se puso serio, pero ya no sonreía. Nati salió del estudio, y Mariano le comunicó a Mario que, la sexóloga que tenía que venir a dar una charla al programa, no llegaba por cuestiones personales. Eso no le mudó el gesto, ni pareció preocuparle.
¡Bueno chicas! ¡Ustedes saben, que esto es radio! ¡A pesar de los llamados de la gente y todo lo demás, si ustedes quieren el premio, bueno, tienen que saber que yo soy quien decide en realidad! ¡Así que, más allá de lo lindo que cantaron, por ahí, se animan a sumar otros puntitos!, nos dijo, sin levantarse de su silla, revolviendo su café como con indiferencia. Male reaccionó de inmediato.
¿Qué tenemos que hacer? ¡Digamos que, si hay que mostrar algo, yo no tengo problema!, se adelantó a mi pensamiento, guiñándome un ojo, haciendo que me ruborice al toque. Yo no estaba de acuerdo en principio. Sin embargo, jamás pude manejar a mi amiga. Mario le sonrió, y luego dijo: ¡Vení chiquita! ¡Sentate en mis piernas! ¡Me gustaría iniciar el próximo bloque, con vos a upa! ¡Ya te miré bien, y tenés una cola terrible! ¡¿No te lo dicen en el cole?, le largó sin más, y la guacha ni se hizo rogar. Ladeó la cabeza como respuesta a la última pregunta de Mario.
¡Son medios boluditos esos pibes! ¿Tampoco le miran las tetas a tu amiga? ¡Son un buen cóctel ustedes! ¡Y no se hagan las tontas, que las vi meta lengüita en el pasillo! ¿Posta no son novias?, insistió, mientras Male ya estaba prácticamente sobre las piernas de Mario. De pronto Nati entró, ocupó la silla de Male, que estaba a mi lado, y la luz roja se encendió.
¡Volvemos al aire gente! ¡Qué temazo el de la cortina! ¡Nada menos que Nirvana! ¡Hace mucho no escuchaba este temón! ¿Se imaginan chicas, ustedes, sonando en todas las radios de Argentina, como esta banda?, dijo Mario, y la cortina se alzó en el aire unos segundos.
¡La verdad, agradecemos el apoyo de todos los que se comunican! ¡Explotan los teléfonos de la radio por lo que nos trajeron estas chicas! ¡Y ellas también! ¿Vos qué decís Nati? ¿No están que explotan las chicas?, agregó el conductor, y de nuevo Nirvana sonó un ratito más, mientras Nati nos regalaba la carcajada que le solíamos escuchar en cada programa. Incluso, una tarde dijo al aire que se había reído tanto que no supo controlarse, y se meó toda.
¡Bueno, hay que decir que estamos muy contento de tener a las Flasheaditas en el programa! ¡Queremos escucharlas cantar otro temita! ¿Se animan? ¡Aunque sea, un cover de rock argentino!, decía Mario, mientras el silencio de la radio nos exponía. Dijimos que sí, tal vez dudando un poco. Y entonces, sentí una caricia en mi pierna. De repente, la cortina volvió a subir, y entonces la mano de Nati me apartó un toque el auricular de la oreja derecha, y su voz me susurró: ¡Estás divina Zoe, y tenés unas lolas hermosas!
En ese momento no pude decir nada, porque volvimos al aire. Miré a Zoe, y descubrí que Mario le palpaba las piernas, mientras decía cosas como: ¡Lamentablemente no tendremos a nuestra sexóloga estrella, por un inconveniente personal! ¡Pero, pueden seguir dejándonos sus inquietudes al contestador, o a nuestra línea de WhatsApp, que mañana serán recompensados! ¡Y, además, dice la doctora que, no se olviden de dedicarle sus más preciados orgasmos! ¡Bueno, no sabemos si estas señoritas saben lo que es un orgasmo!
Entretanto se reía, y Mariano subía y bajaba la cortina, mientras Mario parecía olerle el cuello a Zoe, sin apartar sus manos de sus piernas. Hasta que, mientras ahora sonaba un tema de Metallica, Mario me murmuró bajito: ¡La verdad, no te puedo negar que te calientes con tu amiga! ¡Huele rico!
Yo ya no entendía si estaba soñando, si había tomado alguna droga sin querer, o si realmente esto sucedía de verdad. Casi al toque, Nati volvió a tocarme la pierna, y dejó caer suavemente su cuerpo sobre mi hombro. Me rozó los labios, me tocó la nariz, y deslizó en mi oído: ¡A Mario le gusta la cola de Male! ¡Y a mí, me encantan tus tetas! ¿Qué podemos hacer? ¿Te animás a tocar la guitarra, en vivo, con las tetas al aire? ¿O en corpiño? ¡Hasta podríamos subir un poquito la platita del premio!
¡Bueno chicas! ¿Qué nos van a tocar ahora? ¡Pará! ¡Hagamos algo! ¡Vamos a un toquecito de un temita de ACDC, y le damos ese tiempito para que se decidan! ¿Dale? ¡Les parece? ¡Estás listo Mariano! ¡Perfecto! ¡Enseguida, rompemos el aire con, las Flasheaditas! ¡No se lo pierdan!, anunció con energía el hombre, cuando Mariano ya lo pisaba con un rock and roll tremendo, y la luz se apagaba. En ese instante, todo pasó rápido. Nati me agarró la guitarra mientras me decía: ¡Dale, como quieras Zoe! ¡Si querés, solo sacate la camisa! ¡Pero dejate la corbata y el corpiño! ¡Aunque, si te lo sacás, no hay problemas!
Entretanto, Mario le pedía a Male que se sienta cómoda, que se desprenda la camisita, y que disfrute. En un momento le sugirió con su carraspera habitual: ¿Te animás a subirte la pollera?
La vi hacerlo, sonreírle y sacarle la lengua a Mariano que, justo la miraba a través del vidrio de su cabina, y luego acomodarse en las piernas de Mario, que ahora la olfateaba con los ojos más libidinosos que nunca. Yo, seguía en shock. Aunque, de todos modos, me desprendí toda la camisa. Nati me ayudó a quitármela por completo, y entonces, agradecí que en esa radio no hubiese cámaras, ni Streaming, ni otra red social transmitiendo en vivo.
¿Qué cantamos Zochi? ¿Te parece la de, Cerati? ¡Crimen, o cactus!, me dijo la voz acaramelada de Male. Solo me decía Zochi cuando nos besábamos.
¡Canten lo que quieran bombonas! ¡Siempre que vos muevas la colita que tenés! ¡Estás hermosa Male!, le dijo Mario, mientras yo me olvidaba hasta de cómo hacer un acorde en la guitarra, ni bien Nati me la devolvía. No se le pasó por alto el hecho de olerme el corpiño cuando terminó de ponerme los auriculares, ni de rozarme una teta, diciendo: ¡Uy, perdón hermosa!
ACDC seguía sonando, y poco a poco mi cerebro intentaba coordinar mis manos en el mástil, y mis cuerdas vocales buscaban calmar los temblores que me estremecían. Además, sentía que tenía unas tremendas ganas de hacer pis. Pero la luz roja se encendió, y Nati esta vez abrió el bloque, diciendo: ¡Bueno amigos, las chicas están listas, preparadas, con sus gargantas llenas de amor para darnos, y con la canción elegida! ¿Es así Male?
¡Sí, creo que sí! ¡Vamos a cantar un tema de uno de los ídolos de mi amiga! ¡Se llama Cactus, y es de Gustavo Cerati!, dije como pude, mientras Mario le metía un dedo en la boca a Male.
¡Mirá vos! ¡Así que te gusta Cerati! ¡Sin dudas, uno de los grandes de nuestro país! ¡Te gustan los artistas grandes! ¿O también las revelaciones? ¡Ahora, hay muchas bandas emergentes que, por suerte tienen un espacio en las radios, y en las redes!, le preguntó Mario a Zoe, mientras era evidente que le frotaba el bulto en la cola, y que ella no podía hilar demasiado la idea. Entretanto, Natalia también introducía uno de sus dedos en mi boca, y me hacía gestos para que se lo chupe. Como no lo hice, se me acercó para decirme súper bajito: ¡Amo tus lolas, y tu boquita! ¡Me seduce escucharte cantar! ¡No sabés cómo te arrancaría esa corbatita!
Todo estaba tan raro que, me costó arrancar a tocar Cactus. De hecho, empecé a tocarlo en otro tono. Me rehíce rápido del error, y Male empezó a cantar la primera estrofa. Yo seguí con la segunda, mientras Nati me acariciaba un hombro, ahora parada detrás de mí. Cuando llegamos al estribillo, la voz de Male temblaba, porque Mario de alguna forma acompañaba el percutir del ritmo con sus piernas bajo su cola. Por lo que su voz temblaba, y sus ojitos brillaban. Al mismo tiempo, Nati olía mi corbata, me tocaba la cara, y tarareaba bajito, como si fuese un colchón, o un coro improvisado. Llegó la próxima estrofa, y esa vez, Nati y Mario hicieron lo mismo. Rodeaban nuestros labios con sus dedos, y mientras él le olía el cuello a mi amiga, Nati acercaba su nariz para olfatear mis tetas. Y, casi que, en el final del tema, sentí que su mano se internó directamente en las profundidades de mi pollera. Evidentemente, Mario le hizo lo mismo a Male, porque la escuché gemir, sin poder reprimirse, en la última parte de “en tu nooooombreeeee”. Nati me tironeó la bombacha, y aunque no me tocó la concha, me hizo palpitar. Casi pierdo el control, y también se me escapó un tímido gemidito. Mario dijo algo así como ¡Vaaaamooooo!, y el suspiro de Male se pareció a que algo se estaba cocinando bajo su pollera. Nati sacó muy rápido su mano del interior de la mía, y claramente Mario también, mientras decía: ¡Qué hermosura por dios! ¡Dos nenas de colegio, cantando tan bien! ¿Te sentís cómoda Male? Digo… ¿La están pasando bien en la radio niñas? ¡Ustedes, escríbannos, que nos encanta escucharlos! ¡Estas nenas participan por un concurso inédito en la radiofonía argentina! ¡Les vamos a dar un tiempito, para que, si tienen ganas, nos canten otra cosita! ¡Pero ahora, Marianito, la tanda! ¡Y después, nuestro Radioteatro! ¡Hoy va a estar buenísimo! ¡Toda la política, la farándula, el negocio del fútbol! ¡Todo, en 15 minutos! ¡Enseguida volvemos!
Entonces, la luz se apagó, y la tanda se oyó con claridad. Fue inmediato. Nati me sacó la guitarra y los auriculares, y mientras me decía al oído: ¿Tenés pis en la tanguita? ¿O son flujitos? ¡Desprendete eso, así te las miro bien!
¡Y vos, agachate, y mostrame el culo! ¡Dale bebé, subite esa pollera! ¡Me dejaste el ganso enfierrado con ese culazo! ¿Te pusiste bombacha? ¡Imagino que sus mamis las tienen cortitas a las dos! ¡Son dos mocosas!, le decía Mario a Male, que se levantaba rapidísimo, se subía la pollera, y dejaba que el hombre le acaricie el culo, se lo nalguee, y se divierta un ratito con los dibujitos de su bombacha. Tenía como varias lenguas en la parte de la cola.
¡Se nota que te gusta la lengua en la bombachita bebé! ¡Dale, arrodillate un poquito, así me la sobás un rato! ¿Querés? ¿Sabés chuparla nena?, le ordenó al toque, mientras Nati me olía y besaba las gomas, y me repetía una vez más: ¿Es pipí? ¿O te calentó tocar en tetas? ¡Me parece que, te la vas a tener que sacar también! ¡A la bombacha digo!
¿Y Natu? ¿Te satisfacen esas tetas? ¡Qué rico que huelen las nenas que van al colegio!, dijo Mario, mientras ya empezaba a suspirar, porque Male le masajeaba el bulto, dejándose mandar manos por las tetas y la cola. De hecho, se oyeron un par de nalgadas, y un par de “Aaauchiii” de mi amiga.
¡La verdad que sí! ¡Son ricas, tienen olorcito a inocentes, aunque sean terribles gatas! ¡Esta, al menos, tiene la tanguita mojada!, dijo Nati, acariciándose la cara con sus tetas babeadas por su propia boca, en un momento de impavidez para mis huesos, músculos y cerebro. De lo único que podía ser consciente, era de las punzadas que me lastimaban el clítoris, y me humedecían la vulva.
¡Che! ¿No se habrá meado la borreguita? ¡Fijate! ¡Zochi, sacate la bombacha, que yo se la voy a sacar a tu amiguita! ¡Vamos a jugar a algo! ¡La que tenga olor a pis, se va a quedar con las ganas! ¿Trato hecho?, propuso el conductor, con la mirada desenfocada, nalgueando cada vez más fuerte a Male. Mariano miraba atónito al otro lado del vidrio, mientras Nati corría mi silla para, tomar mis movimientos como propios. Me sacó la tanga tan rápido que, ni siquiera pude impedírselo. Me re calenté cuando vi a Male subiendo una pierna a la silla de Mario para que éste termine de sacarle la bombacha, y luego, casi me muero cuando Nati se la llevó a Mario. Entre los dos olieron nuestras ropitas, y fue claro quién había perdido.
¡Zoe, ahora, agachate otra vez, así te alimentás un poquito! ¿Tomaste la leche en la escuela hoy? ¡Bue, en realidad, ya es hora de la merienda!, le ordenó la voz cada vez más ronca de Mario, mientras Nati me pedía que le chupe los dedos y le pellizque los pezones por adentro de su corpiño, sin permitirme cerrar las piernas.
¿olor a pichí en la bombacha Zochi? ¿Cómo puede ser a tus 16? ¡Sos una asquerosa, chancha, sucia, aunque tengas una voz hermosa, y unas tetas demasiado ricas! ¡Así, apretame bien las tetas, y chupame los dedos, mocosa chancha!
¡Abrí más la boquita bebé, uuuuy uy, así, un poquito más! ¿Eructá si querés, que yo te hago provechito! ¿Así la mamás en el baño? ¿Las dos maman pitos? ¡Uuuuf, qué rico que lo hacés bebota!
¡Sos una nena muy sexy, y con las tetas apoyadas en la guitarra, te veías re putita! ¡No sabés cómo necesito tu lengua en mi concha!
Las cosas que nos decían Mario y Natalia se mezclaban con los primeros momentos del Radioteatro, al que nadie le prestaba atención. ¡Si los oyentes supieran lo que pasaba con los micrófonos apagados! Male ya se llenaba de gárgaras, escupidas y chupadas profundas, y mi mano, poco a poco descendía hasta la entrepierna de Nati. Ella, primero quiso que le masajee y le sobe la concha sobre su pantalón, hasta que decidió que era demasiado, y la introdujo por encima de un bóxer suave y de tela delicada, bajo la presión de su pantalón ajustado.
¡Natu, dejala a la chiquita! ¡Traela para acá, así le huele la concha y el orto a su amiga! ¡Dale bebota, acercate, que seguro ya se lo hiciste miles de veces!, exigió Mario, todavía con su pija adentro de la boca de Male. Nati, prácticamente me agarró de los hombros, y me llevó hasta donde la cola de Male se mecía de un lado al otro, sobre sus piernas plagadas de tiritones. Entonces, después de darle un par de chirlos, como don Mario lo quiso, me agaché para olerle el culo a Male, para abrirle las nalgas y escupirle la zanjita, y para frotarle la conchita, donde también aprovechaba a verter gotitas de saliva.
¡Babeala toda, olela bien, que, al parecer ella no se meó la bombacha! ¡Preparala bien, lubricala bien, que ya me la voy a fifar a esta mocosita! ¡No puede tener ese culo! ¿vos decís que se la bancará por el culo?, decía Mario, cada vez más cerca de derrumbarse hacia atrás, con silla y todo, de tanto profundizar con su pija durísima en la boca de Male, que no paraba de gemir, ni de murmurar: ¡Aaay, amiguita, escupime, babeame, oleme el culo cerda, abrime la concha, que sos re puerca nena!
Cuando le vi bien la pija a Mario, me enojé conmigo misma por, haberme hecho pis. Ni siquiera recordaba haberlo hecho. Pero, tal vez, en el micro, o durante el reportaje en la radio, me excité, y se me escapó un poco. Me avergonzaba de mi poco autocontrol, y me sentía una idiota. Sin embargo, el olor a culo de Male, y la cantidad de flujos que manaban de su vagina depilada, gordita y caprichosa como ella, me hacían gemir, nalguearla por las cosas que me decía, y meterle algunos deditos para rozarle el clítoris.
¿Y boluda? ¿Te vas a quedar ahí?, dijo Mario de repente, mientras mis ojos seguían cegados por el aroma de mi amiga, su fuego sexual, los sonidos de su garganta al colmarse de la verga del conductor, y con los dedos cada vez más pegoteados y entumecidos. Y entonces, supe a quién se refería cuando, sentí que unas manos rudas me agarraron del pelo para dirigir mi cabeza hacia otro lugar.
¡Vení para acá nena! ¡Acá chupá ahora, a ver cómo te las arreglás! ¡Este es el olor a hembra, a mujer! ¡Y no a nena meada, como el tuyo!, me decía la voz de Nati, que había abandonado toda dulzura. Ahora, mi cara se restregaba contra su concha peluda, fragante, caliente, con un aroma fuerte y determinante, y totalmente mojada. tenía su pantalón y bóxer por las rodillas, y no me dejaba despegar la cara de su sexo. Me arrancaba el pelo con ferocidad, me daba algunas cachetadas, y se abría ella misma los labios de la concha para que yo navegue con mi lengua por entre ellos. Y, de repente la oí decir: ¡Dale, que tu amiguita ya va a empezar a gritar, y se nos termina la novelita!, refiriéndose al radioteatro. Por lo que entonces, empecé a escuchar, porque no podía verla en principio, que Male empezaba a gemir, y que el inconfundible choque de los cuerpos daba a entender que Mario la tenía encima, y que ya se la estaba cogiendo. Además, sus palabras eran precisas.
¡Así, sentila toda nena! ¡Tenés que aprender a tocar la guitarra, como tu amiga! ¡En vez de tocarle tanto la concha, y de chuparle las tetas, como seguro se lo hacés cuando se quedan a dormir en sus casas! ¡Cogé bebé, dale, que para eso sirven ustedes, para coger, sacarnos la lechita, y tomársela toda! ¿Te gusta la pija en la concha? ¿Te gusta que te la abra así?, le gruñía Mario, mientras mi lengua se esforzaba por llenarle la concha a Natalia, que no gemía, pero jadeaba y suspiraba consternada. Hasta que Mario redobló la apuesta cuando empezó a vociferar: ¡Si me lo pedís, te la doy en ese culo hermoso! ¿La querés en el culo bebé? ¿Querés verga en el culito? ¡Nati, prestame a la nena, así veo cómo le come la boquita a la amiga, mientras yo se la meto en el orto! ¡Y vení a mirar!
Fue casi al instante. Ahora estaba de pie, lamiéndole las tetas a Male, besándola en la boca cuando Nati me agarraba la cara de la mandíbula para que cumpla con sus deseos, y de paso, aplicándole algún mordisco a las tetas de la propia Natalia, cuando se le antojaba. Entretanto, Mario cambiaba el destino de su pija para metérsela de un solo empujón en el culo a Male, que gritó, lagrimeó y hasta me rasguñó una pierna; pero se la bancó. La vi saltar y saltar encima de Mario, enculada y transpirada, gimiendo y tapándose la boca con las manos, o con mi boca, o con las tetas de Nati. Ella se las ponía en la boca una vez que yo se las escupía, y le decía: ¡Dale bebé, calmá ese dolorcito con la babita de tu amiga! ¡Chupá toda la baba de la Zochi! ¿Te gusta decirle así? ¿Y ella cómo te dice? ¡Cómo te gusta la verga en el orto nena! ¿Te duele el culo mamita? ¡Desde que llegaron que las dos tenían olorcito a sexo, a calentura!
Y de repente, la pija de Mario comenzó a estremecerse en las paredes del culo de Male. Al punto tal que la bajó de sus piernas como si se tratara de algo molesto y desechable, y la arrodilló con sus manos temblorosas, mientras Nati volvía a pedirme que me agache para que regrese a las mieles de su concha. Pero esta vez, me dejaba mirar cómo Malena le estrangulaba el glande a Mario con su boca, cómo se la pajeaba y escupía, volvía a tragársela toda, le succionaba el escroto y el tronco, se la babeaba una vez más, la olía y sorbía sus propios hilos de baba, y la conducía hasta el fondo de su garganta. Hasta que Mario exclamó: ¡Ahí te doy la lechita bebéeeee! ¡Tragala todaaaaaa, pero guardale un poquito a tu amiga, así la prueba de tu boca! ¡Dale, petera de mierda, abrí la boca, y tragate la leche de Mario!
Fue tan rápido que, de pronto, Male y yo, aturdidas y desencajadas, nos chuponeábamos la boca y las tetas, en medio de ese estudio que olía a sexo, sudor, lujuria y perversión. Mario y Nati nos miraban besarnos, y fundamentalmente al principio, cuando Male me compartió un sorbo del semen de nuestro conductor favorito. ¡Y mucho más desde esa tarde! Entretanto, la tanda seguía girando, y había que volver al aire. Así que, Mario puso un poco de orden.
¡Chicas, no se vistan del todo! ¡Hagamos el último tema! ¡Vos Male, así, en bolas! ¡Y vos, Zochi, a upa de Nati! ¡En gomas, y con la guitarra! ¡Así, hacemos un temita más, y se van! ¿OK?, se expresó al fin, tratando de apartar de su corazón el tremendo momento que acabábamos de vivir en su programa. De modo que, así lo hicimos. Fue rápido. Casi no hubo más preguntas, ni comentarios incómodos. Tocamos un tema de Babasónicos, que nos salió como el culo porque estábamos re agitadas, y entonces, Mario nos agradeció por la linda tarde que le hicimos vivir, a él, y a su audiencia. Cuando nos levantamos, una vez que la luz roja se apagó, y Mario volvió a sus papeles para darle curso a lo que quedaba del programa, Nati nos dijo que el premio era nuestro, pero que no teníamos que divulgarlo.
¡Queda entre nosotras, Mario, y la producción! ¿OK? ¡Creemos que ustedes, tienen verdadero talento para esto! ¡Disfruten, y quiéranse siempre! ¡En doce días, vamos a anunciarlas como ganadoras!, nos explicó mientras nos abría la puerta para que liberemos el estudio. Estábamos tan contentas que, ambas le comimos la boca, y ella, nos retribuía los besos con pasión. Ni siquiera puedo recordar cómo fue el momento en que nos vestimos, ni si le agradecí por haberme prestado la guitarra. Solo recuerdo que no cabíamos dentro de nosotras de tanta felicidad. Sin embargo, cuando solo quedamos Male y yo en la sala, intentando ordenar todo lo que habíamos vivido, guardando unos papeles que Nati nos dio, y hablando casi como en un cuchicheo incesante de la pija de Mario, sentí unas manos en los hombros, y al toque, una voz que me dijo al oído: ¡Si venís ya a mi cabina, te saco las ganas de mearte la bombachita bebé! ¡Le pedí permiso a Mario, y dice que está todo bien, siempre y cuando, vos aceptes!
Fin
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Yo quiero eso! Que un chabón me encierre en la cavina de una radio, y no pare de manosearme, hasta que me mee la bombachita! Soy Nati, y amé este relato!
ResponderEliminarUuuuuuuuuuuuuu! Seeeeeeeee! Qué putas esas guachas, por favorrrrrr! Hay que bombearlas hasta preñarlas!
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