Esa tarde era un infierno. Adentro y afuera. Un 2018 plagado de emociones. Era día de semana. No puedo precisar cuál. Pero jugaban Argentina y Croacia por el mundial Rusia 2018. Un equipazo que se estrolaba contra todo, culpa de un técnico mamarracho, imbécil y bastante burro. Nos reunimos en la casa de Gonzalo. Sus padres no estaban porque habían viajado a Brasil por temas de negocios. El padre era empresario, y la madre, abogada. La verdad, Gonzalo y sus hermanos se la pasaban bastante tiempo solos. A veces al cuidado de Marcela, la sirvienta. Más que nada por los más chicos, porque Gonza ya tenía 20 años, como yo, y todos los pibes que nos juntamos esa vez. Éramos cinco, y todos estudiábamos derecho en la UBA. Recuerdo que comimos unas pizzas, que nos tomamos varios porrones, y que luego acomodamos todo para achancharnos en el sillón, y ver aquel catastrófico partido. Ya estaba todo podrido en el vestuario. Mesi peleado con Sam Paoli, el jefecito cuestionado, un arquero inseguro, una defensa lenta, un Di María siempre lesionado… en fin, una cagada tras otra. Y a eso, sumale la presión de la prensa. Había que clasificar como sea.
Cuando sonó el himno argentino, ya palpitábamos cierta angustia. Pero le pusimos toda la onda, y seguimos abriendo cervezas. El Rodri y el Pelu nos hacían callar, y nos acusaban de mufa. Un poco por los nervios que se cargaban. Es que, el Gonza no le tenía ni un poco de esperanza a la selección. Y entonces, se hizo el sorteo, y arrancó el partido. Ahí se acabaron las palabras. Solo bebíamos, puteábamos a Otamendi, a Mercado y a Pelú, y a Latorre por hablar de fútbol como si fuese filosofía. El Nico, a los 4 minutos del primer tiempo ya se prendió un churrito, y nos convidó. Pero solo el Gonza le dio unas pitadas. El Pelu dijo que el pollo Bignolo lo ponía nervioso, y perishic cruzaba la primera pelota que atajaba el gil de Caballero. Entonces, al ratito, una jugada que Mesi no logra acomodarse para rematar, y después un córner que fuerza Mesa. Allí, nuestros primeros tímidos Uuuuh. Pero en defensa se sufría. Pablo se calentó por una falta que no le cobraron a Enzo Pérez. Pero el Pelu coincidía con el cabezón rugieri, con lo mal parada que quedaba nuestra defensa, siempre mano a mano con Rakitic, Rebic o con Raquitis. Gonza decía que igual ellos tampoco defendían bien, pero que Agüero no aprovechaba nada. Y el 0 a 0 seguía sacando nuestras peores frustraciones. Incluso, el Rodri le dio un codazo a Pablo para que se calme con la mala onda, y logró que se le vuelque encima todo el vaso de birra. Ya a la media hora nos queríamos cortar los huevos. Ya decíamos que cualquiera de nosotros haríamos mejores cosas que los muertos estos. Enzo se perdía un gol después de una buena jugada de Acuña, y el mes de junio que se había olvidado hasta de respirar. Mandshukic se perdió un gol tremendo, el árbitro que no sacaba tarjetas, y la tribuna argentina que coreaba a dos motores. El campo estaba resbaladizo, a Mesi lo marcaban de a dos, y Rugieri que le echaba más leña al fuego con sus dolorosos comentarios, aunque acertados. Y entonces, amarilla para Rebic. La primera del partido. Pero la tendencia era la misma. Un bodrio total, si no fuera que se trataba de la selección. Por lo que, el primer tiempo se extinguió, y al toque el Gonza se levantó para traer más birras. Discutíamos sobre una falta dura de Tagliafico, mientras la tele hacía una pausa, y el Gonza aparecía con las manos cargadas. Pero, detrás de él, también apareció Paola, su hermana de 17 años, con el pelo mojado, envuelta en un toallón rosado, con unas ojotas de plataforma alta en los pies, y con cara de fastidio.
¡Hola chicos! ¿Cuántos goles nos hicieron ya? ¡Dejen de joder con mirar a esos perdedores!, dijo casi con indiferencia, cuando Pablo se mandaba una pitada terrible y tosía como un condenado, el Pelu puteaba a Sam Paoli, y el Rodri miraba con intensidad a Paola, diciéndole: ¡Vos no entendés nada nena! ¡Ni siquiera tenés corazón! ¿Cómo puede ser que te estés bañando cuando juega la selección?
¡Porque yo no vivo de la pelotita nene! ¡Además, son horribles! ¡Se la pasan hablando de Mesi, de que juega solo, de que no hay que ponerlo, que son unos muertos, que no juega como lo hace en el Barcelona, y tanta pavada! ¡Pero, después, se sientan a ver cómo perdemos, una y otra vez! ¡La verdad, yo prefiero hacer cosas más divertidas!, se expresó Paola, clavándole los ojos al Rodri, pero meneando su cabellera mojada a un lado y al otro. Entretanto, empezaba el segundo tiempo, y Gonzalo nos repartía botellitas de birra. Entonces, pasó casi todo en un pestañeo incomprensible de la vida. amonestaron a Mercado, se anunciaba que iba a entrar el Pipa Iguaín, Paola se sentaba en el piso sin importarle que el toallón cediera un poco en el torso (Por lo que, le asomaban trocitos de su tremendo par de tetas) y, Caballero se mandaba una cagada tremenda… y gol de Croacia. Rebic la clavó en un ángulo.
¡Cuál es el problema de revolearla, cuando no se puede salir jugando!, decía el pollo, segundeado por el gambeta, y el enojo de Rugieri.
¡La concha bien de su hermana, Caballero y la puta que te parió!, se despachó con violencia el Pelu, y Pablo tiró la botellita de birra vacía al piso, incapaz de hablar. Gonzalo le hacía gestos a Paola para que se cubra las tetas, que prácticamente lucían afuera del toallón. El Rodri se levantó y lanzó unos puñetazos al aire, y yo, opté por liquidarme lo que me quedaba de birra en el vaso. Paola se reía de la situación. ¿O de nosotros? ¿Por qué tenía que ser tan cínica?
¡Mamita, qué mal la estamos pasando!, dijo el cabezón, mientras Bignolo trataba de darle calma a su público. Mandshukic se perdía otro gol, y para colmo, yo sentía que la pija se me paraba de tanto distraerme con las tetas de Paola. Entraba Pavón por el Toto Salvio, Latorre se enojaba, y Paola, sin que Pablo y el Rodri se diesen cuenta, se paseaba la lengua por los labios, seguía burlándose con su sonrisa hermosa, y se deslizaba por el suelo, jugueteando con el abrojo de sus crocs. La gente en las tribunas rujía a rabiar.
¡Paola, dejá de hinchar las bolas, y tapate las gomas! ¡Si querés mirar el partido, sentate como una persona normal! ¡Si no, mandate a tu pieza, chancha!, le dijo Gonzalo en voz baja, intentando sonar con autoridad. Pero, al toque los cinco pegamos un salto tremendo, porque Mesi se perdió un gol en la línea. A los minutos, una amarilla para Vrsaljko, la entrada de Dibala por Enzo Pérez, Rakitic que ya empezaba a romperla, Sam Paoli que se desencajaba, la gente que cantaba con desencanto, la defensa que se atornillaba del cagazo que tenía, y Paola que le hacía gestos obscenos a la pantalla de la tele. Cuando su hermano no la veía, le sacaba la lengua al Rodri y a mí, dando unos pequeños saltitos en el lugar para que se le bamboleen las gomas.
¡La Argentina tiene la cabeza en otro modo, piensa mal, y solo son arrestos individuales!, decía Latorre, cada vez más derrotado, cuando de repente Paola le acaricia la gamba al Rodri, y después a mí. El Pelu puteaba, Pablo se calentaba hasta con su sombra, y Gonzalo se prendía un cigarrillo, mientras cada minuto pesaba como una eternidad. Vi que Paola llegó con sus dedos siniestros al bulto del Rodri. ¿O me había parecido? Y enseguida nuestro “Noooooo” amplificado, con el golazo de Modric.
¡Aaaay, chicos, me van a dejar sorda gritando así!, dijo Paola, totalmente descontextualizada de todo. Gonzalo perdió la compostura. Se levantó y la zamarreó, diciéndole: ¡Callate pendeja de mierda! ¡Y cubrite las tetas! ¡Si te vas a quedar acá a calentar a los pibes, mejor tomate el palo!
¿Ven, por qué les digo que son unos boludos? ¡Y vos nene, el peor de todos! ¿Cómo vas a decirme que soy una calentona delante de tus amigos?, dijo Paola, mientras Croacia amenazaba seriamente con convertir el tercer gol.
¡Además, ni me ofreciste algo para tomar! ¡Sos re malo con tu hermana!, agregó, dejando que al fin el toallón se le deslice todo por el cuerpo. A esa altura, ninguno podía disimular que le arrancábamos las tetas con los ojos. Entonces, Paola se fue recostando lentamente en el suelo, apoyando su cabeza en el espacio que había entre Pablo y yo, sobre el sillón. Eso, bastó para que incluso Gonzalo ponga cara de tarado ante la exposición de los globos de esa pendeja. Por eso no me sorprendió que le diga: ¡Nena! ¿No te parece que es un montón?
¡Y, no sé nene! ¡Eso, lo tienen que decir ustedes!, dijo Paola, una vez más con la misma risita sínica, tratando de llegar a nuestros bultos. Pablo se puso incómodo. Pero el Rodri le murmuró medio que con la mirada: ¡Dejá que te la manosee, chabón!
¿No queda una cervecita para mí? ¡Uuuy! ¿Cuándo se termina este bodrio?, dijo luego, sentándose en el suelo, con el toallón prácticamente enrollado en la cintura, exhibiendo su pancita blanca con un pirsin en el ombligo, y el contorno de sus tetas más embriagadoras que el porro que ahora se mandaba el Pelu. Gonzalo la miró como el orto, pero le dio lo que le quedaba en su botellita. Paola se la tomó, y se levantó despacito, mientras el forro de Rakitic amenazaba otra vez con el tercer gol. Ahora Latorre opinaba, el cabezón se enfurecía y hacía cuentas, y la selección no podía con su alma. Pero, todo eso quedaba en segundo plano. Es que, a Pao se le caía más el toallón, y su bombachita blanca nos hipnotizó a todos. Tanto que los tres murmuramos un telepático: ¡Fuaaa!
¿Vieron? ¿No es más interesante esto?, dijo, arrodillándose en el centro del living, abriendo y cerrando la boca, tratando de cubrirse la espalda con el toallón.
¡Paola! ¿Qué carajos hacés? ¡Te estás pasando nena! ¡dale, levantate y pirá para tu pieza!, dijo Gonzalo, tal vez en su último intento de apaciguar las cosas. Pero Paola siguió abriendo y cerrando sus labios, mostrándonos la lengua, y mirándonos los bultos. Sobre todo, a mí, y a Pablito, que estábamos al re palo. La guacha se puso un almohadón debajo de las rodillas, y se deslizó con él hasta nosotros, diciendo: ¡Chicos, perdón, pero no pueden estar así, tan tensos, por un partido de mierda!, y nos tocó directamente las pijas sobre la ropa, ante las miradas atónitas de los demás. Se apretó una teta con una mano, mientras decía: ¡Les juro que son más suaves que esa pelotita! ¡Pero, esto no se patea chicos!
Creí que se me caía un pedazo o de cielo cuando, de pronto la vi arquear la espalda, juntarlas en sus manos, apretarlas y moverlas, separarlas de nuevo para volver a juntarlas, y luego escupírselas con una carita de perversa que derretía. Y entonces, se levantó para ponérmelas en la cara. Un ratito a mí, y otro a Pablo, que no dudó en acariciarle la cola por encima del toallón, el que ella insistía en aferrarlo a su cuerpo. Además, el contacto con su pelo mojado, largo y lacio como la piel de un bebé, hizo que se me despierten unas terribles ganas de fecundarla toda. Pero, ¡Era la hermana de mi amigo! ¡Bueno, de nuestro amigo! Y, sin embargo, a él parecía no importarle, ni a ella, ni a los demás. ¿Qué carajos pasaba? ¿Serían los efectos de la derrota más dura de la selección? Porque, a todo esto, llegó el tercer gol. Rakitic se cansó de romper las bolas, hasta que la metió, y entonces, dependíamos de ganarle sí o sí a Nigeria. Bueno… ahora, eso quedaba atrás, o vaya a saber dónde, porque, Paola ya le tocaba la pija a Pablo por adentro de la ropa, mientras yo le olía las tetas, porque me las refregaba en la cara, incluso con restos de su saliva. Gonzalo, cuando la vio, le puso cara de orto. Pero, los cuatro sabíamos que ni él podía dominarla.
¡Mi hermana, es un caso perdido! ¡Está re desquiciada! ¡En lo único que piensa es en sexo, en pijas en la boca, y en hacer fotitos sexys para IG!, nos había dicho un par de tardes atrás, mientras devolvíamos unos libros a la biblio de la facu. Se lo veía preocupado. Pero, ninguno tomó dimensión de las cosas, hasta aquella tarde.
Entonces, mientras la tele intentaba distraernos al patético partido, Paola se nos separaba para volver a arrodillarse en el almohadón, y dirigirse al Pelu y al Rodri, que la miraban como si nunca hubiesen visto a una mina en tetas. Es que, había que decir que las tetas de la Pao eran dos globos preciosos, con unos pezones marrones cada vez más erguidos, que olían excepcionalmente, como los de cualquier hembra que necesita aparearse ya.
¡Fuaaaa nena! ¡Se ve que no te importa nada, y te cabe cualquiera! ¿Andás con ganas de consolarnos?, le dijo el Rodri, zafándose para la mierda. O al menos lo pensé yo. Ella, le puso un dedo en la boca diciéndole: ¡Calladito nene, que acaban de perder! ¡Pero, ahora, vamos a ver si podés meter un gol!
Acto seguido, vimos con asombro que ella le bajó el short y el bóxer casi sin esfuerzo, y que empezó a pajearle la verga con una mano, mientras le ponía las tetas en la cara al Pelu, susurrándole: ¡Dale nene, no te asustes, que son tetas! ¡Tocalas si querés! ¡Aunque, tu novia las tiene más lindas!
¡Eee, nena, vos no te zarpes! ¡Y ustedes, no se zarpen con ella! ¿Tamo?, dijo Gonzalo desde la penumbra de una tarde rabiosa, con la tele de fondo, y el fastidio de una ciudad amargada por la goleada que nos habíamos comido. Pero él también la miraba, y se franeleaba el paquete. Pablo se había parado para intentar tironearle el toallón. El Gonza le hizo una zancadilla, y entretanto, mientras Paola pajeaba tanto al Rodri como al Pelu, el toallón no soportó la refriega, y al fin nos mostró a Paola totalmente en bombacha. Ese fue el fin del principio, porque, a partir de allí, Paola acercó su cara preciosa a la pija del Rodri, y se la empezó a besuquear y chuponear con unos ruiditos que nos hacía sentir que eran nuestras propias pijas las veneradas por tamaña entrega felina.
¡Uuuy, así nena, chupeteala así, cómo te entra en la boca bebé! ¡Te encanta tirar la goma así!, dijo el Rodri, que le rodeaba el cuello con sus dedos, mientras el Pelu le pellizcaba las tetas. Pablo ya estaba detrás de ella para acariciarle la espalda, y la cola. Gonzalo dio instrucciones precisas para que no intentemos bajarle la bombacha. Creo que, en el fondo, él se la habría arrancado con la verga si no fuese su hermana. Y entonces, mientras la trasmi del partido llegaba a su fin, Paola saboreaba la pija del Pelu, que no tuvo piedad en hacerla llegar hasta un gargarismo delicioso en cuanto su glande se encontró con el tope de su garganta, y la saliva de Paola regó el piso con abundancias.
¡Fuaaaa, así, eso te gusta! ¿No guacho? ¡te gusta escucharme ahogada, atravesada de pito! ¡Sos re malo conmigo nene! ¡Yo todavía soy chiquita, y no me entra todo esto en la boca!, dijo la muy chancha, aún con la verga del Pelu en los labios, pajeando al Rodri con ganas, y dejando que Pablo le empiece a chupar las tetas. Y al ratito, Paola estaba de rodillas en el centro del living, sobre el almohadón, rodeada de nuestras vergas. Incluso la de su hermano que, en un momento la cazó del pelo y le dijo: ¡Chupá esta nena, asquerosa! ¡Mamala un poquito, que te lo andás buscando hace rato! ¡Cómo me calienta verte dormir la siesta en tanguita!
La verdad, a mí no me sorprendieron sus palabras. Siempre me dio la espina de que al Gonzo le calentaba la Pao. Y no podía juzgarlo, porque la guacha siempre andaba ligerita de ropa frente a él, y hasta lo provocaba. Pero nunca se me había pasado por la cabeza que, algún día pudiera llegar a estar así, con nosotros, lamiéndonos las pijas. Porque, al toque me la chupó a mí, después a Pablo, luego al Rodri, al Pelu, y de nuevo a Gonzalo. Digamos que, ella giraba el torso y la cabeza para encontrarse con cada una de las vergas, y no escatimaba chupadas a nuestros huevos, ni cachetaditas a los glandes, ni tranzaditas a nuestras cabezas enérgicas. En un momento, abrió las piernas, y tras frotarse la concha por encima de la bombacha nos dijo: ¡A que no se animan a ponerme dos en la boca!
Todos nos miramos, pero, finalmente Pablo y el Rodri intentaron. ¡Y la hija de puta lo logró! Se le inflaron los cachetes, lagrimeó un poco, tosió y se re babeó… ¿Pero se mandó las dos chotas, y estuvo un ratito mamando! Entretanto, Pablito y yo le manoseábamos las tetas, y Gonzalo le pellizcaba el culo para hacerla gritar, aunque tuviera la boca ocupadita.
¿vieron? ¡Ahora la pasan bien, turritos! ¡Necesitaban a una petera como yo, que les saque la mala onda!, dijo Pao, agarrándome la pija con los labios, y mientras me presionaba el tronco con dos dedos, como si quisiera que la leche me suba como trompada, me llenaba el glande de besitos babosos, tosecitas y más sorbitos. ¡Me volvía loco, porque, además, su olor a mujer me pedía prudencia! ¡Pero, en el fondo, quería encularla ahí mismo! Y peor todavía… que la enculemos todos, hasta dejarla hecha un pegote de leche, frente al salame de su hermano.
Finalmente, Paola se acomodó con su cola sobre sus talones en el mismo almohadón, totalmente en gomas, decidida a lamer y saborear nuestras pijas. Los 5, aunque Gonzalo se mostrara algo reticente, la rodeábamos para tocarle las tetas, para pedirle que nos chupe los dedos, y para acercarle las vergas a la boca. Ella, se servía solita. Agarraba una, después la otra, y luego la siguiente, y se la metía un ratito hasta la garganta, pidiéndonos con los ojitos que le cojamos la campanilla, el esófago y la glotis sin piedad. En un momento, incluso le dijo al Rodri: ¡Dale chancho, hasta la garganta la quiero! ¡Que me llegue hasta la pancita esa verga!, y los cinco aplaudimos semejante anhelo perverso. También aprovechó para hidratarse con unos tragos de cerveza, y meterse la pija del Pelu, todavía con la espuma rubia en la boca. Él, fue el primero que empezó a retorcerse como un gusano asqueroso, dispuesto a regarle las tetas con su lechazo. Pero, fue más aspavientos que otra cosa, porque no largó tanto como sus jadeos persistentes lo engalanaban, y Paola, se la tragó casi toda, sin oponerse, y con cara de decepción.
¡No sé por qué no me salió toda la leche que te quería dar, bebé! ¡Pero, la próxima, te empacho toda esa pancita, cochina!, decía el tarado, mientras el pito se le achicaba en la lengua de Paola, que lo miraba a los ojos pidiéndole más. Los cuatro empezamos a bardear al pobre Pelu, tratándolo de precoz, impotente, maricón, y vaya a saber con cuántas boludeces más. Ni siquiera pensamos en que podíamos traumarlo con tanto palabrerío. Pero Paola lo consoló besuqueándole el pecho, el abdomen y las nalgas. Cosa que, a nosotros se nos hacía abusivo por parte del Pelu. Éramos boludos, y estábamos calientes. En esos instantes, sólo queríamos la lengua de esa bandida para nosotros. Así que, luego de que Gonzalo lo atara a los empujones, me dijo: ¡Ahí la tenés Diegote! ¡Dale la mamadera a esta roñosa! ¡A ver si aprende a tomar la lechita en taza, o en vasito con bombilla, o pajita!
Ahí fue que mi pija se prendió fuego ni bien rozó los labios entreabiertos de Paola, que me volvió a tranzar el glande, mientras me decía: ¡Mmm, esta verga sí que está durita, y parece re lechera! ¡No como la del muerto de Mesi!, y entonces, una fuerza maligna me llevó a clavársela sin anunciaciones, y a meterla con fuerzas, como si me estuviese montando una concha caliente y mojada. Pao se ahogaba, escupía saliva por la comisura de sus labios, y algunos moquitos, porque entretanto el Rodri se había sumado para mordisquearle los pezones, y pedirle que lo pajee, al igual que Gonzalo y Pablito. El Pelu, ahora olía el toallón que antes cubría al caramelito que nos endurecía como nunca, y decía no sé qué cosas de la cara de culo de los jugadores de la selección.
¡Y encima festejan estos croatas culeados, forros, traficantes de órganos!, vociferaba embroncado, mientras Paola ahora me pajeaba la verga, se atragantaba con la de Pablo, y se escupía las tetas, intentando fregarse la chocha con la pierna de Gonzalo, cada vez más abierta de gambas, y con la bombacha visiblemente húmeda. Yo pensaba que, si por alguna casualidad del destino, se la llegaba a correr un toque, la revoleaba, y me la empomaba toda, sin importarme las consecuencias. Pero entonces, Paola se puso a cuatro patas, y nos pidió que nos sentemos en el suelo. Allí empezó a gatear, y a medida que se nos subía a las piernas, nos refregaba las tetas en las pijas, y después nos la mamaba como si buscara arrancarlas de nuestros pubis. Además, con la mía y con la de Pablo, llegaba a eructar cuando al fin se la quitaba de la garganta, una vez que subía y bajaba con su cabecita, unos largos segundos. Hubo un momento en que estuvo como dos minutos con la pija de su hermano en la boca, subiendo y bajando rapidito, haciendo ese Glup Glup hermoso, respirando como podía, mientras el Rodri le nalgueaba el culo y le estiraba la bombacha.
¡Dale bebé, sacate la bombachita para nosotros! ¡Si te la sacás, te apagamos el fuego de la zorrita, con un poquito de leche! ¿Querés bebota? ¿La dejás Gonza?, le decía el Rodri, mientras Pablo le enterraba la bombacha entre los glúteos, y la boca de Paola volvía a mordisquearme el escroto, murmurando cosas como: ¡Aaaay, toda la bombacha en el culo poneme bebé, así, y pegame, que me encanta mamar, mientras me pegan en la cola!
Gonzalo, estaba al taco de revoluciones. Así que, mientras se tomaba la cuarta o quinta birra, en un momento cazó a su hermana de los pelos, que me seguía lustrando la chota, para volver a ponerla de rodillas y cogerle rapidito la boca durante unos segundos. Entonces, mientras le gritaba: ¡Abrí la trucha nena, dale, peterita chancha, dale que te doy la lecheee, toda la leche te doy, por putitaaaaa!, vimos cómo la boquita laboriosa de Paola no daba a vastos para reclutar los chorros de semen que mi amigo le ofrendaba, casi sin dejarla respirar, presionándole el cuello, y ordeñándole una teta. Cuando al fin le sacó el pito de la boca, Paola se reveló en un gargarismo delicioso, en el que una buena cantidad de leche se le escurrió por los labios y aterrizó en sus tetas cada vez más pegoteadas. Lo otro, se lo tragó y saboreó ante nuestras miradas incapaces de comprender tanta maravilla en el cuerpo de una pendeja de 17 años. Además, nos hacía caritas, se amasaba las tetas, y se corría un toque la bombacha para que le miremos la conchita. Incluso, hasta se metió un dedo, y gimió:
¡Uuuuy, al fin nene! ¡Tantas veces que me prometías que me la ibas a dar! ¡Siempre quise tomarte la leche! ¡Y ustedes, sépanlo! ¡Me calentó siempre! ¡En realidad, todos ustedes me calientan!, se confesó, mientras volvía a ponerse en cuatro y gateaba hasta donde Pablo se había sentado. Casualmente en el almohadón que antes usaba ella. fue, le frotó las tetas en la garcha, y luego de pajearlo bien pegadito a su cara se la empezó a deglutir, succionar, morder, lamer y oler con unos gemiditos que, nos daba a entender que ella también estaba necesitada de eliminar su calentura de alguna forma. Pero, Gonzalo no quería que la toquemos, ni que nos la cojamos. Así que, vimos cómo en esa posición, la Pao le aspiró hasta la última gota de leche, mientras Rodrigo y yo le olíamos el culo y la concha, y le bajábamos la bombachita. En un momento nos pidió, porque no sabía quién era el que le hacía qué, que le frotemos la concha. Pero ninguno le hizo caso. Solo, la observamos atragantarse con la leche de Pablito, poner los ojos en blanco, porque el loco no paraba de largar leche sin retirar su ejército viril de su garganta, y, además, le presionaba la nariz, y le atenazaba la cabeza con sus piernas, para que siga tragando y tragando. Cuando al fin salió de la cárcel de piernas y aceleraciones compulsivas de Pablito, tenía la cara colorada, los ojos aterrados, signos de un calor inaguantable, con un susto terrible, pero con restos de semen por todos lados. Yo, no podía olvidarme de su olor a hembra, de la fragancia de su culito transpirado, ni el de su vagina a punto de explotar como una granada de adolescencias en celo.
Y entonces, sin pensar en darle tregua, ni en recuperarse de algún modo, el Rodri y yo la agarramos de la cintura, la arrodillamos en el sillón, y empezamos a darle pija por la boca. Un ratito cada uno.
¡Dale bebé, chupá, no seas así, que te encanta la lechita!, le decía yo, cuando el Rodri se la hacía oler, se la refregaba en las tetas y luego se la acercaba a la boca. Ella, obedecía mientras yo le sostenía las manos para que no intente tocarse.
¿A ver cómo le agarra el pito al Diego con la boquita? ¡Dale nenita, estirá el cuellito, que tenés el chupete cargado de leche, bebota! ¡Y nada de tocarte! ¡Eso es feo, es sucio! ¡Las nenas no se tocan la chuchi mientras toman la leche!, le decía el Rodri cuando ella atrapaba mi verga solo usando su boca, mientras yo se la meneaba, me alejaba para que tenga la sensación de caerse del sillón, y entonces se la mandaba a guardar, casi hasta sentir el tope de su garganta. Y encima, una vez que se la sacaba de la boca, me la escupía, me la pajeaba, y me pedía: ¡Pasame babita por las tetas, así las tengo suavecitas, como una bebé!
Al ratito, Rodri y yo no se la dejábamos más de dos segundos en la boca, y ella protestaba, porque necesitaba enviciarse más. Los chicos ahora la aplaudían, nos arengaban, murmuraban cosas que ninguno oía con claridad, y especialmente Pablo insistía con que a la bebé había que sacarle la bombacha, llenarla de leche, y mandarla a dormir sin comer. Así que, Rodrigo, mientras Paola se alimentaba con mi pija dura, cada vez más dolientes por el tiempo que hacía que no descargaba la leche con tantos estímulos, se las ingenió para sacarle la bombacha, abrirle las piernas, y lamerle la conchita. Eso hizo que la pendeja se meta mis huevos en la boca y me pajee con las manos hechas un pegote de saliva, que gima como una bebita en celo, y que me pida la leche como una desquiciada. Recuerdo que repetía: ¡Dame Lechita nene, haceme tragar tu leche, calentame la boca de semen, y convertime en la lecherita del barrio! ¡Soy una vaca lechera, que quiere leche todo el día! ¡Y, la próxima, me van a llenar la concha con sus lechitas!
Yo, no pude aguantar un minuto más. Presa de la euforia, los lengüetazos, el morbo de los lametazos del Rodri en la conchita de esa nena, y con los testículos a punto de desintegrarse de deseo, me acuerdo que la zamarreé de las tetas, le dije que era una putita lechera, y empecé a largarle toda la leche. parecía que le estaba meando adentro de la boca por la cantidad que fui capaz de obsequiarle. Sentía los pies cansados, un fuerte mareo, y no paraba de boquear como si me faltara el aire, mientras mi semen me abandonaba para siempre, con toda la intención de calmarle la sed a esa perrita calentona. Y entonces, Rodrigo emergió del ángulo de las piernas de Paola. Me dio su bombachita, y le clavó la verga en la boca a Paola, que todavía tenía restos de mi leche en la cara. Incluso algunos hilitos le caían por el mentón. Así que, yo me senté en el suelo a oler la bombachita de Pao, mientras Rodrigo le cacheteaba la cara con su verga endemoniada cruzando los límites de sus arcadas, y se iba en un apoteótico lechazo que, esta vez sí la hizo lagrimear con ganas, toser sin vergüenza, y hasta mearse encima sobre el sillón. Encima, la chancha se había enterrado un dedo en el culo, optando por hacerle lo mismo al Rodri, que no se lo esperó, pero que lo necesitó para llenarla con su esperma caliente. El Gonza me sacó la bombacha de Pao de las manos, la olió, y se la compartió al Pelu y a Pablito, que ya tenían las vergas como estacas guerreras espartanas. Pero, Paola estaba cansada, hecha un primor de semen que le chorreaba por todos lados, ahogada, meada y temblorosa. Aún así, cuando recuperó la voz, en medio de gargarismos y respiraciones ruidosas, porque al parecer, algunas gotitas de leche le hacían arder la nariz, nos dijo: ¿Y? ¿Al final? ¿Qué pasó con el partido? ¡Yo tendría que ser botinera, para meterme en el vestuario, y sacarle la lechita a todos esos pelotudos! ¿No les parece? ¡Por ahí, ganan un partido! ¡Y si no lo ganan, al menos van a tener caritas de satisfechos!
Cuando intentó levantarse del charco de su propio pis, casi se cae. Por lo que Gonzalo la ayudó a ponerse de pie, y le puso la bombacha, con la garcha súper dura revotando contra las piernas de su hermana. Todos vimos cómo se deseaban con la mirada. Y, de repente, Paola se fue a su cuarto, como una sombra siniestra, dejando su perfume de hembra, el olor a cerveza de sus labios, a nuestros disparos de semen tatuados en su cuerpo, y un millón de vibraciones en nuestras pieles derrotadas, serenas y en paz.
¡Chau Paooooo! ¡Y, tiranos la goma toda la vida, si lo hacés como hoy!, dijo el Pelu en un grito que, tal vez no pretendía llegar a los oídos de la susodicha. Él fue el primero en irse, cuando el silencio al fin cayó sobre nosotros, como un trozo de incertidumbre. Gonzalo parecía abstraído de todo. Paola apenas balbuceó un largo chau, que por lo menos a mí, me volvió a llenar el pito de cosquillitas.
¡Che, bueno, habrá que hacer cuentas! ¡Tenemos que ganarle sí o sí a Nigeria, y si se puede, por varios goles! ¡Y, esperar que Croacia le gane, o empate con Islandia!, dijo Pablito, mirando el tablero de las posiciones de nuestro grupo. Los tres chasqueamos la lengua, como si nos importara muchísimo. Rakitic decía que había sido un buen partido, y que es un honor lograr un resultado así ante una selección de primer nivel. Yo, solo pensaba en volver a la semana siguiente a la casa de Gonzalo, a ver cómo perdíamos con Nigeria, y ganábamos por goleada en la boquita de su hermana.
Fin
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ufff excelente relato ambar, increible como le revientan a la putita de la hermana !!
ResponderEliminarY sí Juani! Creo que, esa chica les sacó el estress a esos pibitos, después de tan malísimo partido! Jejejeje! A ella le hicieron los goles!
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