En el flyer que publiqué en nuestro grupo de WhatsApp lo dejé bien en claro, porque fue el consenso de todas. Yo misma lo redacté.
¡Jornada solo para amigas! ¡Sin hijos, ni maridos, chongos, abuelas o persona extra a nosotras 5! ¡Descontrolemos chicas, y disfrutemos de ponernos en pedo, fumarnos y bailarnos todo! ¡Solo conchas, por favor!
La joda fue en casa de Belén, porque tiene una pileta hermosa, y estaba recientemente separada. Según ella, con la pochola más que dispuesta. Pero cero compromisos. Daniela y yo nos ocupamos de las bebidas, de las frutas para los tragos y de armar las playlist para toda la noche. La Romi debía proveernos de mariguana, ya que tenía buenos contactos a ese respecto. A la Tati le asignamos que se ocupe de la comida. Sabíamos que seguro pediría algunas pizzas, o empanadas. No porque sea torpe, o no supiera cocinar. Pero a último momento siempre se le complicaba. O alguien de su familia sufría algún percance, o tenía que rendir, o le sumaban horas de trabajo… y raras veces nos traía cosas ricas hechas por sus propias manos. La Belu siempre opinó que era una pajera sin salvación. Sin embargo, jamás se lo dijo personalmente.
En definitiva, a las diez de la noche de ese 27 de diciembre ya estábamos las 6 muy instaladas en lo de Belén. ¡Sí! Lamentablemente tuve que pedirles a las chicas que me permitan llevar a mi sobrina Julia, porque de lo contrario no podría asistir a la reunión. Mi hermana se había fracturado la cadera mientras descendía del colectivo (Porque el hijo de puta del chofer arrancó sin verificar que los pasajeros bajasen correctamente), y Julia, que además es mi ahijada, no estaba tan dispuesta a colaborar con las tareas del hogar. ¡Y encima se vivía peleando con sus hermanos más chicos todo el tiempo, y por cualquier pavada! Las chicas ni me hicieron problema, a pesar que la nena tuviese 15 años. Romi sugirió que después de las 12 de la noche la mandemos a dormir, y listo, para que entonces nosotras pudiéramos charlar de cosas de mujeres de 35 años. La Belu dijo que por ella se quede todo el tiempo que quisiera, que de paso aprendería algunos tips para defenderse de ciertos hombres ventajeros, caraduras y mentirosos. La tati se le acercó, y mientras le palmeaba la espalda, mirándole las gomas con la baba chorreándole por los ojos, dijo en voz alta: ¡Vamos chicas! ¿Posta? ¿Ustedes creen que le podemos enseñar algo a esta bombona, con las gomasas que tiene? ¡ésta, seguro ya se movió a media escuela! ¡Tiene una cara de pícara que hasta da ternurita!
Yo la miré re mal, advirtiéndole a Tati que no se vaya al pasto tan temprano. Encima, mi sobri se clavó una mayita negra súper sexy, con un montón de mariposas estampadas en la parte de abajo. Eso era un bocado más que apetecible para las ansias de Romi, que es lesbiana declarada. ¡Pero Julia era una nena!, pensaba. Sin embargo, imaginarlas juntas en la pile, o compartiéndose alguna frutita con las bocas, o hablando inocente de sexo, me excitó como nunca antes me había pasado. Aunque, sabía que las chicas no iban a provocarla. Bueno, tal vez no tan segura.
La noche transcurrió normal. Todas nos zambullíamos un rato en la pile, traguito en mano, (Y juguito de frutilla para Juli), bailoteando y coreando los temas de María Becerra, tirándonos agüita y haciendo renegar a Romi, que hacía lo imposible para que no le mojemos el pucho que intentaba fumarse. La Juli se reía entusiasmada con las ocurrencias de Belu, mientras Romi decía que la próxima vez que se encuentre sola a la policía que vive al frente de su casa, le iba a piropear las tetas. Luego de eso, hizo una serie de gestos obscenos con la lengua y las manos apropósito, dando a entender lo que le haría en la concha a la susodicha. La Juli la vio y se tentó de risa. La Dani le dijo que si se seguía riendo así se iba a mear en la pileta.
¡Hey chiquis, no perviertan a mi ahijada, que es una santa todavía! ¡No como ustedes!, dije con gracia cuando la Belu le hacía cosquillas a la Juli y a la Dani.
¡Dale Maru, no jodas, que esta nena se debe haber meado en todas las piletas de sus amigas!
¡O a lo mejor, en la pile de los varones también!
¡O a upita de alguno de ellos! ¡Igual, Juli, tratá de no mearnos el agua, cochina!, decían entre Romi y Tati, cada vez más entonadas y gritonas. Y de nuevo más baile, córeos ridículas, desafinaciones agudas y dolorosas, chistes negros y sexuales, y más alcohol.
En un momento las cinco nos colgamos debatiendo sobre la infidelidad de una compañera de trabajo de Dani, porque el chabón la dejó por un viejo platudo. Después seguimos con la historia de la separación de Belu, y enseguida enganchamos con el robo que había sufrido Dani hacía ya un mes atrás. Por lo menos habían pasado 45 minutos, y la que se percató de ello fue Romi al descubrir que Julia bostezaba re embolada en la otra punta de la pile. Por eso dijo con buen tino: ¡Che, qué hambre que me dio chicas! ¿Voy trayendo la picada mientras pongo las pizzas en el horno? ¡Aparte, la invitada en un ratito se tiene que ir a la camita! ¡No la vamos a mandar a dormir sin comer! ¿Qué va a pensar de sus tías postizas?
¡Sí, se va a ir a la camita, a tocarse la chocha hasta arrancarse el clítoris! ¡A esa edad, se debe pajear todas las noches! ¡Hoy, las nenas no son como éramos nosotras! ¡Sépanlo chicas!, murmuró a mi lado la Belu, y la Tati casi la cachetea por desubicada. A mí me hizo gracia. En ese instante vi que ya eran las 11, mientras la panza me rugía de un hambre irracional, como si una ansiedad impropia me desordenara por dentro. La luna estaba espléndida, y apenas había una brisa para calmar el calor de todo el día sobre la tierra. Pero yo me sentía extraña. ¡Y eso que yo no había fumado como el resto de las chicas! En realidad, siempre temía perder el control de las cosas. Por lo que preferí no zarparme con el faso. ¡Además, era responsable de Julia!
Entonces, una a una fuimos saliendo del agua, mientras Romi se calzaba unas ojotas para ponerse manos a la obra en la cocina. Dani se sumó para ayudarla. Era un espectáculo ver cómo goteaba agua de las bikinis de Tatiana y de Belén, y cómo las tetas de Julia se bamboleaban haciendo vibrar las pobres costuras de su mayita. Los pezones se le marcaban bien paraditos, mientras la Tati me guiñaba un ojo simulando que se los iba a morder en cualquier momento que yo me distraiga. La Belu ni se puso colorada cuando le dijo: ¡Che, si las otras siguen tardando con el morfi, juro que le arranco un pedazo a los melones de esa nena! ¿En serio vos comés lo mismo que todos los seres humanos? ¡No podés tener esas tetas con 15 años, Julita! ¡Qué bebé por dios!
Las cuatro nos reímos extasiadas, justo cuando Dani y Romi aparecían con las manos cargadas de bandejas. De modo que, entre todas ayudamos para ponernos a comer bajo esa luna hermosa, mientras las bromas sexuales, el fasito, los tragos, la música y las miradas indiscretas a las tetas de Julia nos enlazaban a una noche cada vez más calurosa, si eso fuera posible.
Cuando a Juli se le cayó una aceituna en el escote, justo en el medio de sus tetas, Romi no se contuvo al decirle, aunque roja de vergüenza: ¡Uuupa! ¡Cómo me gustaría sacártela de ahí con la lengua, cachorra! ¿Me convidás esa aceitunita?
El estallido de carcajadas de todas fue inevitable. Enseguida intervine casi sin querer cuando dije a los cuatro vientos y con media empanada en la boca: ¡Amor, no les hagas caso a estas taradas! ¡Cuando chupan y fuman un poco demás se ponen melosas!
¡Sí Juli, tranqui, que ninguna de nosotras te miramos las tetas más de un segundo!, dijo Tati, al mismo tiempo que Juli se comía la dichosa aceituna tras quitársela de ese rincón especial, haciendo un corazón con sus dedos índice y pulgar.
¡Igual, agradecé que ninguna te las va a chupar Juli!, dijo Romi con los ojos refulgentes de felicidad.
¡Bah, salvo que vos quieras! ¡Si querés que te las chupemos un ratito, mostralas, y acá te juro que nos meamos todas! ¡Sacamos turno para comer tetas, aunque nos encante la pija!, dijo Belu, subida a un éxtasis que nunca le había reconocido en tantos años de amistad.
¿Y vos? ¿Por qué no pelás las tuyas Maru? ¡Digo, así comprobamos que es tu sobrina realmente! ¡De tal palo, tal astilla, dicen!, me expuso Tati. No pude incorporarme de nada luego, porque las cuatro me rodearon para llenarme con cosquillas y para dejarme prácticamente en bombacha. No conformes con eso, la Romi se pasó de la raya cuando lamió uno de mis pezones y le dio un sutil mordisquito. Se mofaron de mí por hacerme la enojada con ella. Y en cuanto las cinco vimos a Julia, la pendeja tenía las gomas desnudas sobre las manos, riéndose de nuestras boludeces, meciéndolas levemente, y mordiéndose los labios. Aquello hizo estallar a todas de una algarabía de la que no podía culparlas. ¿De dónde había aprendido esas artes de seducción la santa de mi sobrina? Incluso, a Romi se le escapó: ¡Guaaau, Mirá esas tetitas! ¡Me muero!
Lo cierto es que llegó la calma cuando Daniela casi se cae a la pileta por todo lo que se había tomado. Le falló el equilibrio cuando quiso tirarse un paso. Así que, una vez más relajadas, Tati sugirió algún juego de mesa para engancharnos, o hacer un karaoke, o armar más tragos. Dani optó por preparar tragos con frutas mientras decidíamos qué hacer, y Belu me convidaba de su cigarrillo importado. Juli se tomó una latita de cerveza con mi permiso, y en ese interín, no sucedió nada digno de destacar. O al menos que yo recuerde. Pero al rato, vimos que Julia volvía a bostezar, muy sentada en su reposera, con la mirada perdida. Tati fue la primera en reaccionar.
¡Me parece que la bebota ya se tiene que ir a la camita! ¡No te podés dormir así con esas tetas al aire, menos delante nuestro! Tati y yo salimos de la pileta para llevar a la Juli a la cama, y las demás, sin titubear en lo más mínimo, salieron disparadas como un rayo para acompañarnos. No se gastaron siquiera en disimular como seguían con la mirada el bamboleo de los pezones de mi sobrina. Pero, ¿Qué les podía decir? ¡Si yo hacía lo mismo!
Nos envolvimos en toallones para entrar a la casa sin empaparle el piso a la Belu, lo que sirvió para que las loquitas estas se calmaran un poco, porque con las mezclas de tragos que llevaban, seguirlas tentando solo tenía un húmedo destino. caminábamos perdidas por el pasillo, como zombis saliendo de ensayar la coreo de "Thriller" durante varias horas. Evidentemente nos habíamos pasado con los tragos y el faso. Llegamos a la habitación de invitados que Belén había remodelado hace unos días. Era inmensa, la cama doble plaza en el centro, una mesita de luz con una lamparita de luz cálida y una alfombra de pelo sintético rosa que parecía robada de algún motel temático llamaban a usar ese lugar para más propósitos que solo dormir. Dani, que ya había perdido el toallón por el camino, se abrió paso y se acostó en la alfombra, refregándose de forma exagerada en la suavidad de esa pieza. Quién sabe el viaje que se estaría pegando, o qué intento de seducción era ese.
Juli se había sentado en la orilla de la cama, ajena a lo que pasaba, o eso pensé. Pero de pronto, sin que me diera cuenta se había acostado al lado de Dani ¡Y le había cruzado una pierna por encima! ¿Dónde una niña aprende a hacer eso? Desbloqueé nuevas expresiones faciales en ese momento. Mi sobrina le estaba abriendo las piernas a mi amiga, y yo, en lugar de retarla y decirle que estaba mal porque era muy chica, solo me las imaginaba quitándose los bikinis y frotándose las conchas mutuamente. Mi niña que pensaba que era una nena inocente mostrando todas sus cualidades y descubriendo lo que era el sexo con mis amigas era una idea que me fascinaba, pero no quería tener en mi cabeza en ese preciso momento.
¿En serio es tan suave? ¿Algo así como una bombona de chocolate? Pronunció Romi apresurada y risueña, excusándose para acostarse junto a las chicas. Se acostó quedando detrás de Juli, y le puso una mano en el vientre para hacerle cosquillas.
¡Chicas, parecen 3 locas tiradas en el piso con las tetas al aire! Les grité mientras me recomponía de mis pensamientos.
¡Y no vayan a hacer que la Juli me mee la alfombra, para eso tienen una cama al lado! Agregó Belu, sin ayudar mucho a detener la oleada de pensamientos que brotaban de mi cabeza, o a los fluidos que manaban de mi conchita. Pensé que ninguna se atrevería a provocarla, o que Juli no les seguiría el juego.
Adoptando los consejos de Belu, Dani se paró y acomodó en la cama, quitándose la parte de abajo del bikini para quedar desnuda. Llamó a mi sobri, que seguía con las manos de Romi hormigueando por su cuerpo, con una voz melosa y la mirada penetrante en sus tetas. Julia se incorporó jugueteando con los nudos que sostenían su malla en la cintura. En pocos movimientos de cadera, los nudos cedieron para exponer por completo su figura de muñeca.
¡Mi vida! ¡Donde aprendiste a seducir así! Dijo con picardía Tati. La miré re mal por todo lo que se había zarpado desde que llegamos, aunque yo pensaba lo mismo… en qué momento mi sobrina había dejado de ser la santa que creía y se había vuelto una atrevida experta en las artes de la seducción. Se sentó en las piernas de Dani, inclinándose para frotar sus tetas y exponer la cola a Romi, que no se le escapaba de su vista. La escena era indescriptible, y la excitación que vibraba en mí, también.
No podía desoír a la calentura que se apoderaba de mi cuerpo. Tati ya estaba en la cama uniéndose a sus travesuras, en el tiempo que la mano de Belén me sujetó del brazo decidida y me arrastró prácticamente, alentándome a unirme.
¡Dale, Maru, no me vas a decir que no te gusta ver así a la Juli! Me llevó a la cama de un tirón para entre ella y Tati apoderarse a lamidas y mordiscos de mis tetas con un apetito voraz, a lo que me entregué totalmente. Me derretía en cada beso mojado que sus labios regaban en mis pezones. Por fin me relajaba un poco después de tantas provocaciones en la pileta donde ya habían intentado aprovecharse de mi especial sensibilidad.
Tatiana ya era una lesbiana experimentada, y lo demostraba en la coordinación de sus manos utilizando mi conchita a su gusto. Su tacto cálido separando mis labios y jugueteando sin prisa era enloquecedor. Se tomaba su tiempo para recorrer cada zona con detalle, sin importarle lo que temblaran mis piernas cada vez que tocaba mi clítoris. Mis caderas se movían en círculos pequeños a la velocidad en que mi respiración se aceleraba, recordando las épocas donde ninguna se había casado y estas juntadas eran una forma de cerrar la semana.
Los gemidos de Julia me regresaron a la Tierra. Observé mejor, y Dani la tenía sentada en sus piernas para amasar y sobarle las tetas. Las manos de mi amiga se quedaban cortas para manejar esas pantagruélicas gomas. Las apretaba, pellizcaba y mordía con todas las ganas que se había aguantado en la pileta. El sonido de los chupones se mezclaba en el ambiente con los gritos agudos y desesperados de Juli cada vez que Romi se aproximaba mucho a invadir en alguna de sus entradas.
¿A dónde me querés primero nena? ¿En la vulva o en la cola? ¡Me imagino que ya te habrás metido los deditos por ahí atrás! ¡Porque, es obvio que por acá adelante, te re manoseás, cachorrita! Escuché que le susurraba Romi en el oído, mientras se untaba los dedos con una botellita de lubricante que estaba arriba de la mesita de luz.
¡En todos lados, te quiero bien adentro! ¡Se siente mejor que masturbarme con mis manos! Imploraba Juli mordiéndose el labio y frotando la vulva en la mano de Romina, que ya tenía los dedos bien lubricados en el culito de la pendeja, entrando despacito y saliendo a acariciarle para que dilatara más. Adelante ya le había metido dos dedos en lo más profundo en su vagina, convirtiendo los gemidos en gritos de pura excitación.
¡Tanto te vas a mojar escuchando a tu sobrina, Maru! ¿O es que querés que te hagamos lo mismo? ¿Vos tampoco aguantás más? ¿Querés regar toda la pieza como esa bombona? Se burlaba Tati de mí, al sentir como se me contraía el vientre y babeaba por la concha. Con ayuda de Belu me dieron vuelta sin que pudiera hacer más nada que soltar un gritito ahogado. Sin piedad alguna, me tomaron las manos para poder darme chirlos y decirme que era una loquita por calentarme con mi sobrina.
Cuando ya tuve el culo rojo y ardiendo pararon momentáneamente las nalgadas y me pusieron al centro de la cama junto a Julia, que le habían negado el primer orgasmo.
¡Dale, Maru, si la estuviste mirando todo el día a la piba! ¡No te tires atrás ahora que la tenés chorreando delante tuyo! Me incitaban las chicas, aunque no tuve que decidirlo yo. Juli ya había apoyado su vulva sobre la mía y puesto sus tetas en mi cara. Podría haberme venido únicamente por la suavidad y el olor a perfume de cereza de esas tetas redonditas y sus dulces pezones rebotando sobre mi cara cada vez que sus caderas se deslizaban de adelante a atrás contra las mías, buscando un placer prohibido, pero tan anhelado. Lamí esas tetas como lo hacía en cada sueño húmedo que intentaba ignorar. ¡Qué rico olía esa bnena! ¡Cómo le hervía la piel! Mis manos sujetaban sus caderas guiando sus movimientos y acariciando sus nalgas hasta llegar un poco más profundo. A este ritmo ya estábamos al borde de un estallido vaginal cada vez más comprometedor. Por lo que cambié la posición para dejar a Juli debajo mío y acelerar la velocidad de mis movimientos. Mis amigas se reían de la situación, mezclando las carcajadas con gemidos y besos. El pecho de Julia subía y bajaba con intensidad, sus enormes tetas se sacudían como un barco en el medio de una tormenta, su mirada y el intenso rubor en sus cachetes delataba puro placer. Sus fluidos salpicaron con violencia en mis caderas, empapando mis piernas y mojando las sábanas con su exquisito elixir.
No le dieron ni segundos para descansar. De inmediato las chicas se unieron a la acción en un GangBang lésbico contra la pobre Julia, tomando cada parte de su cuerpo, llenando de caricias cada centímetro de su ardiente piel. La acomodaron de rodillas en el centro de la cama y de nosotras cinco. Romi y Tati exploraban la anatomía de sus tetas aún baboseadas por mí. No importaba por donde la mirara, tenía unas tetas increíbles, eran como dos montañas con unos botones ansiosos por ser chupados, succionados y mordidos hasta que nos riegue con leche de hembrita.
¡Bebé, portate bien que yo me encargo! ¡Te encanta que te traten, así como una putita! Sentenció Belu, pasando la yema de los dedos por la muy sensible zona de Juli, que se mordía los labios reprimiendo sus gemidos, ocultando sus expresiones de placer, como su mandíbula se tensaba, sus ojos cristalinos y brillantes mostraban pura emoción, con aún más intensidad que de hace rato. Su vientre se estremecía en cada roce como si una corriente eléctrica recorriera su cuerpo candente.
¡No te reprimas nena! ¡Tus gemidos me encantan, son la señal de que te gusta lo que te hago! ¡Escucharte me excita aún más! ¡Y a todas! ¿No perras? ¿A ustedes les calienta la concha escuchar a esta bebita alzada? Vociferaba Belén, jugueteando más rápido con sus dedos, expandiendo la estrecha intimidad de Julia.
Mientras Dani y yo nos compartimos su trasero (porque necesitaba unas buenas nalgadas (era un culazo sorprendente que se merecía un aplauso. Tocarlo, pellizcarlo y amasarlo era la perfecta definición de felicidad, nuestros dedos se turnaban para entrar y salir de su apretado orificio. Todo su cuerpo estaba cubierto por el ardor de cada uno de nuestros toques, su dulce aroma corrompiéndose por el sudor y el olor a sexo que había en el ambiente rebalsado de placer carnal. La sentía palpitar, estremecerse, tiritar, lloriquear y moverse pidiendo más. Solo me preguntaba cuando volvería a eyacular. Y claramente, las otras también.
Sus piernas se quedaban sin fuerzas, cada recorrido de Belu por su pelvis, el paso por sus labios y la concentración en su clítoris que hacían a todo su cuerpo reaccionar. Los dedos de las tres se movían más rápido en sus entradas, sin dejarle tiempo para respirar, hasta que su cuerpo se rindió en el orgasmo más fuerte que había presenciado hasta el momento, con un squirt incluido que me hubiera encantado recibir en la boca. Se dejó caer en la cama, agitada, con el corazón palpitando a mil, un hilo de saliva se extendía entre sus labios y sus ojos estaban vidriosos, llenos de emociones finalmente liberadas. Sentí a Dani tomarme por detrás para separar mis labios superiores y remojarlos con mi propia humedad. Las demás chicas se pajeaban como esperando un espectáculo.
¡Vení, Juli, bebota, que Maru no acabó todavía, y se le re notan las ganas en la carita a la chancha esta! Le pidió Dani a mi sobrina, que recuperando el aliento se acercó lentamente a mi sexo para recorrerlo y penetrarlo con la lengua. Mis líquidos se deslizaban por mis piernas, jadeaba cada vez que deslizaba sus labios y Dani pellizcaba mis pezones.
¡Ahí, bien justo ahí, bebé! Infinidad de sensaciones inundaron mi piel al sentirla recorrer mi clítoris, con su lengüita chiquita pero de eléctricos movimientos, que solo podía pedirle más y más. Me enloquecía como me estaba haciendo llegar, con cada ruidito de succión y caos de saliva. Un escalofrío recorrió mi columna, los músculos de mi abdomen se tensaron, presionando el aire de mis pulmones en un jadeo intenso, y mi temperatura hormonal ascendía en espiral. Juli sabía cómo se hace un buen oral, o aprendió muy rápido. ¿Pero, qué hembra se lo pudo haber enseñado?
Me vine en su boca, al fin. Pocas veces había llegado así de fuerte, con esa sensación de mearme toda, y sin que me importe nada. Los gemidos de mis amigas eyaculando también solo potenciaron la intensidad de mi propio orgasmo. Se tragó todo y se relamió los labios como una seductora experta. Nos limpiamos con las mismas toallas que traíamos de la pileta, y ahí mismo caímos rendidas. Me parecía oír que la madrugada nos aplaudía, y que un intenso olor a flores exóticas se abría paso en el silencio.
El sol apenas se mostraba bondadoso por las cortinas cuando nos despertamos entre bikinis y toallones. La habitación estaba hecha un desastre. Almohadas fuera de lugar, el colchón que nunca volvería a ser el mismo y un olor a sexo penetrante.
Nos levantamos para devorar las
sobras de ayer. Ojerosas, palpitantes, medio confundidas y con toda la paja del
mundo. Belu nos preparó café. Debía llevar a Juli a su casa; así que esperaba
sacar de esa taza la energía suficiente para fingir que no había pasado nada
Julia, con los ojos brillantes de complicidad, se acomodó entre nosotras,
todavía con el cuerpo vibrando en calor y adrenalina, y para colmo desnuda.
¡No puedo creer que hicimos todo eso! Susurró, intentando contener la risa.
Tati, con voz ronca por los tragos, pero llena de orgullo, le guiñó un ojo, y luego, dibujando un círculo energético con su mirada sobre sus tetas, le susurró: ¡más vale que Maru te traiga más seguido porque una noche no me parece suficiente!
Las demás, cómplices silenciosas, levantaron sus tazas de café improvisado como si fueran copas de celebración. Mientras mi hermana no se enterara, podríamos repetirlo, cada vez que quisiéramos ¡Y definitivamente lo volveríamos a hacer!
Fin
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