"Otros ratones": Soy toda de mi papi (PT 3)



De vuelta a la cama de papá

Escrito por Diablito

 

Después del pete donde manchamos el sofá, Luis le dio los remedios a la abuela y nos fuimos a dormir a su pieza. Esta vez no me mandó mensajito para que vaya a la suya (como habíamos instrumentado cuando había mucha gente en la casa) ni se coló en la mía. Sino que directamente me metí desnudita en su cama y lo esperé. Cuando nos levantamos a la mañana, nos desayunamos con la visita de mi primo. Estábamos en el living, yo pegadita a papi, sentada en sus piernas de costadito, abrazándolo del cuello. Él me tenía de la cola y me daba besos en la frente que, sí, duraban demasiado. El primo nos miró un rato y soltó, medio en joda medio en serio: "Che, enana, ¿no tenés calor así, tan pegote a tu papi? ¿O te gusta esa cosa dura que tiene en tu cola?"

Yo me hice la ofendida al toque Sabíamos que mi primo es uno de los más lanzados de la familia. Mi viejo reaccionó: "¿Qué decís? ¡Sos un zarpado, nene!"

Luego sonrió, pero se notó que le molestó. María, que estaba en la cocina preparando el ritual para unos mates, saltó al toque: "¡Ay, Luis, tenés la cosa parada! ¡Parecen recién casados ustedes! Bajate de tu padre, nena, por favor! ¡Es un delirio esto ya!"

Yo me reí por dentro, me bajé despacito de las piernas de mi papi, que olía como un depredador, y me fui al balcón un rato, mientras que por mi cabeza divagaba un único pensamiento: "la abu tiene razón". Éramos como marido y mujer (y mi teoría de que soy la nueva esposa de papi cobra sentido) o como dos guachines calientes.

Al rato, el primo se llevó a papi a la cocina en privado. Lo escuché decirle: "Tío, no te estarás cogiendo a la nena, ¿no?"

Papi explotó al toque, voz baja pero furiosa, golpeando el mate en la mesa: "¿Qué te pasa con mi hija, idiota? ¡No inventes cosas, rajá de acá o me voy a las piñas!"

El primo retrocedió rápido, y bajó la guardia: "Perdón, tío... pensé mal. Es que... bueno, nada…. Es que, la pibi te mira con unos ojitos que… no sé”.

Papi lo miró fijo, todavía caliente, sin respeto ni demasiadas pulgas: "Salí, pendejo. No jodas más. Y no abras la boca… no hables de lo que no entendés".

El primo aflojó abatido, y encaró para la pieza de invitados, diciendo que necesitaba el cargador de su celular. Pero su sospecha no se fue. La combinación de frotarnos en el sofá, con las manchitas blancas en el sillón, contribuyeron a eso.

Ya en la pieza de papi, nos fuimos a dormir la siestosa. Así abrazaditos, en cucharita, me hacía acordar cuando a mis 8 me contaba cuentitos, en esa misma cama. No recuerdo todos, pero sí uno del rey que le da consuelo a una princesita. Resulta que el príncipe, un chico joven, carilindo pero pavo, la rechazaba todo el tiempo porque no era popular. Además de humillarla ante sus amigos. Entonces el padre de él la contiene en sus brazos fuertes, la mira con un cariño mezclado de deseo que, hace que se terminen casando entre ellos, por más que se lleven como 40 años. Ya para ese entonces pensaba que tenía sentido, porque muchas veces decía que de grande me iba a casar con papá, y que mi papá es mío, a mis amiguitas, a mis otros parientes, a quien sea que me cruce en la calle. De hecho, cuando se lo dije a mi maestra de quinto grado, me mandó una nota en el cuaderno de comunicaciones que, encendió una discusión entre Luis, mi vieja y María. La señorita se había preocupado por mi naturalidad al decir semejantes cosas. Los más grandes se reían, quizá creyendo que se trataba de una suerte de "complejo de Electra" tardío. Y con la historia esa, llegó “la pregunta”. Claro, había quedado una puerta abierta para que, antes de dormirnos esa noche, me acurruque contra su pecho peludito y flaco, y mi voz aniñada le pregunte con ciertas cosquillitas en todo mi cuerpo: Pa, quiero saber cómo se hacen los bebés. Porque, en el cole, mis amigos varones dicen que sale una leche, y algo así… ¿Me vas a enseñar?

Yo te voy a mostrar, cielito, pero a mamá ni una palabra de esto, ¿escuchaste? Es un secretito entre papi y vos

En ese momento me acarició la conchita por encima de la bombacha azul tipo culote que tenía puesta, y me dijo: Mirá, nena, acá tenés tu vagina, que, digamos que después, le vas a decir conchita. Y los varones tenemos esto

Papi levantó la sábana que lo cubría hasta la cintura, y me dejó no solo mirar la carpota que se formaba en su bóxer camisero, finito y celeste, a rayas. Si no que agarró mi manito y la puso encima, para que me deleite apretando esa cosa dura, caliente y viva que latía a medida que mis dedos la apretaban suavecito.

Eso es el pito de papá… cuando se pone así de durito es porque quiere entrar en tu conchita… y cuando entra y se mueve mucho… sale lechita calentita… y esa lechita es la que hace el bebé. Aunque, igual, cuando el pito de un chico te entre, se tienen que mover, darse besitos, morderse un poquito, decirse que se quieren, vos, dejarte oler, babear las tetitas, hasta que, con todo eso, la leche sale re fuerte de ese pito, y te llena toda la concha. ¿Entendés?”

Yo lo admiraba más que nunca, y no quería soltar por nada su pito, aunque lo estrangulara con todas mis ganas. Aprendía más con mi papi que en la escuela. Pronto mi viejo recuperó la cordura y me sacó la mano de su pija, un poco nervioso:

“¿Entendiste? Bueno, listo, a dormir, dale”, resolvió decirme, mientras algo húmedo y caliente comenzaba a drenar de ese cilindro que tanta curiosidad me regalaba. Esa vez del apuro apagó la luz, aunque sabía que me daba miedo, pero, para compensar, le pedí que me abrace por atrás. Él pensaba que yo, después de semejante revelación, dormía inocentemente. Pero no podía; yo sabía que se había quitado el bóxer, y me sentía intrigada por verlo sin nada, o al menos sentir su cuerpo desnudo contra el mío, aunque nunca se me daba.

A mis 14 tampoco nos desnudábamos. Aunque estuvimos más cerca. Digamos que la intriga sostenida de mis 8 se había duplicado casi al igual que mi edad. Y ya no solo mi cabeza ardía en ansias por respuestas, si no también mi conchita, que ya había florecido hace rato. Ya no ponía la excusa de que un amigo me dejó de hablar de la nada, ahora que estaba de novio, como hacía años antes, que me metía a su cama y le preguntaba cosas, le pedía consejos de amor, o le preguntaba qué les gusta a los chicos de las chicas. No es que ya no me gustaba. Él, desde su vasta experiencia y su perspectiva siempre quiso hacerme sonreír, y nunca me dejó con ganas de saber. Pasa que ahora me iba de tema y le contaba cosas chanchas que no podía hablar con ninguna amiga, porque eran todas pavotas. Él me escuchaba y me sonreía con esa carita de macho viejo que tiene tanto mi papi. Conmigo jamás se escandalizó ni se hizo el moralista. Esa vez fue que me mojé la bombacha y me palpitó ahí abajo cuando el profe de tecnología -un hombre de su edad, arquitecto también- se sentó al lado mío. Él me apretó más contra su cuerpo, dejando que su erección cada vez más potente busque la comodidad y la calidez de mi cola, y me dijo bajito: Mirá vos, mi chanchita… ¿Le estabas mirando el pito al profe? ¿Se te hizo agua la boca imaginando cómo lo tenía guardado en el pantalón? ¿Tuviste cosquillitas en las tetas, mi bebé?

Le dije que sí, me había mojado un poquito, y que tenía muchas ganas de desnudarme toda para él. Pero no me moví más que para frotarme con su cosita dura.

Te va a encantar cuando tengas una pija en la boca, chanchita de papi. Vas a ver lo rica que es… caliente, gruesa, con olor a hombre. Y cuando te llene la boquita de lechita espesa… vas a querer más… y te vas a mojar bien la bombachita!, murmuraba mientras me olía el pelo, y yo me extasiaba con el aroma de su chomba de entrecasa. Ya me tocaba las tetitas por encima de la remera, cuando me aseguraba que ese profe usó la compu de al lado mío solo para verme las gomas y el culo. Yo estaba re colorada por lo directo que estaba siendo y le pregunté: "pa, ¿a vos también se te paró el pito por mí?". Nos reímos los dos, me dio un beso en la punta de la nariz y me hizo ir a mi cama, sin responderme esa vez, o al menos no verbalmente. Ahora sé que sí, hace años que al pito de papá se lo pongo duro yo, como ahora, que tengo todo su peso encima de mí, y él me dice, mientras me besa el cuello: - Sí, hijita, apretá, apretame con la conchita, esoo, ¡el pito de papi no tiene lugarcito mi amor!".

Si bien se había encargado de que deje de ser virgen, él es mi único hombre, y mi conchita no estaba tan abierta. Ese día tampoco usábamos forrito, y era cuestión de minutos para que papi me largara todo adentro. Podía sentir mi mano en su pelo blanco mientras me chupaba las tetas chivaditas, bronceadas y con los pezones colorados y duros como a él le gustan.

No era solo su pija grande en mi cuevita… sino su cara de buenote, la misma de cuando me llevaba al cole en el auto, cuando me ayudaba con la tarea siendo re de noche, sus cosquillas, sus besos, cuando me consentía comprándome ropa, todo. Me estaba meando toda en su pija cuando el primo entró sin preguntar.

"Tío, ¿la llave del auto?" Así de una, dijo en el pasillo, y se metió a nuestra pieza, que ya no era mía. Su cara era para encuadrarla.

- ¡¿Qué carajo te pasa entrando sin tocar, pelotudo?! ¡Te dije que no te metas! ¿Querés que te muela a golpes?, le rezongó mi papi enojado, sin una pizca de sensatez; pero no dejó de mover sus caderas para cogerme. Yo tampoco detuve el pis, ni mi cara de goce. Claro, era lo más normal del mundo para nosotros. El primo se quedó helado en la puerta, pálido como la cera, apenas balbuceando: "Tío... yo tenía razón... te la estás cogiendo…. Y te gusta cogerla”

Esa declaración nos mató. Papi estaba más gruñón que siempre, pero sentía un placer inconfundible, sin dudas. El contraste entre intimidad y exposición, sexo y ternura estaba muy presente. Mi conchita le recorría el pito mientras a su lado sobre el suelo estaba tirado el osito que me hace abrazar, generalmente, cuando me coge él encima mío. No sé si el primo lo vio. Y mejor, porque era mucho ya. ¿Explicarle que a su tío Luis, el mismo que le enseñó a jugar rugby, no solo le calienta su hija, sino también vestirla como cuando era nena y cogerla así, como infante? ¡Mi primo nos internaría en el infierno más lejano de su consciencia!

"¡Salí de acá, tarado! ¡Si contás lo que viste te mato a trompadas! ¿Entendiste? ¡Con mi hija no se mete nadie!", le gritó mi viejo al fin. Yo seguí moviéndome, pero más caliente que nunca. Me encantó verlo tan macho y tan arisco, defendiendo a su hembra y su territorio, nuestro nidito de amor, la cama. Miré al primo y le dije jadeando, con voz más que morbosa, y chupándome un dedo como una bebé grandota: "Sí, primo... cogemos. Él me hizo mujer y todo. Nunca ningún pibe me calentó como mi papá. ¿Qué pasa? ¿Te gustaría ser él? Aunque, mucho no me caben los colágenos como vos. Prefiero, alguien que me malcríe, me haga upa, que me haga provechitos, y me la meta hasta el fondo, bien adentro, y que, que me pida que me babee toda"

El primo tragó saliva, miró fijo la pija de mi macho entrando y saliendo de mi danza sexual endiablada, y murmuró temblando un poco:

 ¿Y qué pasa si te hace un guacho, nena? ¿Estás loca que no usas forro? ¿Te gusta sentir cuando te la larga? Fua, pero, es tu viejo, pajerita."

Yo gemí bajito, y le contesté sin parar de moverme. Papi mientras aprovechaba y se calmaba un poco. ¡Creo que ese día sí había tomado la pastilla y estaba más colorado que nunca el pobre! "Cuando estoy fértil nos cuidamos... pero pensarlo nos calienta un montón. Imaginate: estar esperando un varoncito de mi papá. Vos serías el único en saber que es de él. ¿Querés ver cómo me acaba adentro? ¡Tranqui, me está por venir ya! ¡Y creo que a él también! ¿No papi? ¿Tenés lista la lechita para tu nena comeverga?

Me reí. El primo seguía asustado con la amenaza de papi, pero al mismo tiempo no podía dejar de mirar. Incluso se tocó el bulto disimuladamente, repasando sus ojos fantasmales por mis tetas, y al final, dijo con la voz temblorosa: "Sos un hijo de puta, tío Luis... pero... por mí sigan jugando a los bebitos. No digo nada… se los prometo, morbosos de mierda".

Y entonces, cerró la puerta despacio, desapareciendo en la clandestinidad de lo que jamás podría procesar, tal vez. Papi me pellizcó un cachete y me regaló las últimas embestidas, diciéndome: "Tomá la lechita, pendeja... toda para vos. A ver si me hacés abuelito."

Ahora su pubis con pelitos blancos y enrulados, estaban impregnados no solo con pis, sino con la lechita que me iba chorreando de adentro. Al toque me puse con las piernas arriba, imaginando que cumplíamos lo que le dije al primo. Un machito de papá. Gordito. ¿Cómo se llamaría? Yo creo que el nombre se lo daría a elegir a él. ¿O sería otro Luisito? ¿Tendría el pito como papi? No, aún no podía hacerme un bebito. Sería mucho para explicarle a la familia. Ya estábamos felices y calientes así.

"Listo, ya está, lo peor ya pasó, nena. No hay más secretos. El primo lo va a contar. Y van a saber que sos mi mujer... y yo tu hombre. No te preocupes. Nadie nos va a separar. Papá te cuida.", me dijo al fin, una vez que su último estallido de semen atravesó mi vulva en llamas. Así volví a la cama de papá. Donde empezó inocente. Donde siguió curioso. Y donde ahora es puro morbo. Aunque yo estaba convencida que el primo no sería capaz de abrir la boca. Pero lo que nadie sabía todavía era que papi tenía planes para malcriarme de verdad. Como cuando era chiquita... pero ahora con todo lo que una nenita de 21 puede pedir. Mientras papi se acomodaba para que durmamos, me dijo al oído: "Mañana te pongo el babero y la ropita rosa, nenita... que papi quiere malcriarte como se debe". Yo sonreí, lo dejé que atrape mis pezones con su boca una vez más, y abracé fuerte el osito, pensando: ¿cómo me va a quedar el pañalín?

 

Comentarios

  1. Anónimo5/7/26

    Saludos, Ambar. No nos conocemos, y probablemente nunca nos vamos a conocer, pero creí que valdría la pena anunciarme y hacerte saber que te llevo leyendo desde hace años - desde mi adolescencia, y que fuiste formando en mi mucho de lo que hoy definió mi calentura, mis gustos, mis fetiches más ocultos y oscuros.

    Me parece una maravilla ver que seguís publicando y que seguís siendo vos.

    Dedeo conocerte. Deseo cruzar palabras contigo. Deseo ir más allá de consumir anónimamente cualquier cosa que tenga tu nombre.

    ¿Hay alguna forma de que podamos escribir en privado?

    Tu fiel admirador,
    Leonardo

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    1. Hola Leonardo!Ojalá leas mi mensaje. Antes que nada, gracias por tan lindas palabras. Espero que no te haya pervertido mucho! Jejejeje! Sí, desde luego que, podemos hablar, a través de mi mail, que aparece al pie de cada relato.
      ambarzul28@gmail.com
      Por ahí podés contarme lo que quieras, preguntarme, y hasta compartir lo que te gustaría que escriba para vos. Te espero. ¡Un besoteeeee!

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