Mi papi me malcría
Escrito por Diablito
- Despertate, chiquitita de papi. Hoy te mimo toda, mi bebé”, escuché el eco de unas palabras tiernas en mi oído, mientras abría los ojos a la claridad del día. Siempre pensé que cualquier persona que vea a Luis y no lo conozca, diría que tiene cara de degenerado, de pervertido, de viejo pajero y verde. Pero al menos yo nunca lo vi siendo así con una mujer en la calle, por ejemplo. Solo conmigo. Porque sí. ¡Yo lo conozco bien, y es todo eso y hasta más! Por eso, a veces, prefería no ser una puta pijera, y en su lugar, bebotearle, ser su nenita que él tanto anhelaba que volviera a aparecer. Quizá eso lo rejuvenecía. O simplemente le calentaba. No quise preguntar. Era la gracia del juego.
Así, con cara de tontita y con un chupete ya en la boca, papi me vistió. Lo primero que me puso fue una remerita de voladitos blanca, muy cortita, que me marcaba los pezoncitos. Mis tetas son chiquitas, lo que contribuía a que él me dijera, mientras las palpaba por debajo del algodón suave: "Qué lindas estas tetitas de nena. Te están creciendo. Ya se van a poner grandecitas para papi. Y yo te las voy a chupar, y.…"
Su voz se perdía mientras yo lo miraba enamorada, y él me abrochaba el babero. Ahora razono que esto mismo sentía cuando yo era chiquita, pero é se contenía por mi bien, acaso mental, moral, o estructural. Ahora ya no nos conteníamos en absoluto. Toda la familia sabía que cargábamos algo incestuoso, pero no podían permitirse que papi se fuera de casa. Él era el sostén de la familia. No solo en lo económico, sino más bien a nivel de jerarquía, era el hombre de la casa, y había que respetarlo, sea como fuere. Eso también me excitaba de él, además de cómo esa mañana me subió el pañal de Minnie por los muslos y me lo cerró con una palmadita en la vulva. Con chupete y pañalín puestos, ya era su bebé completa.
- Pa, no quiero el pañal”, le refunfuñé y pataleé.
- No me voy a hacer pis. La bombachita quiero”, insistí, moviendo el chupete sobre mis labios, dejando que algunos hilitos de baba surjan de mi beboteo. Él me sonrió, como viendo que le cazaba la onda, y no dijo nada. Solo: - Basta bebé, A tomar la leche, dale, upa de papi
Él se puso en el sofá conmigo arriba suyo después de agarrar una mamadera. Debía tener fórmula infantil porque estaba dulce y bien líquida, onda aguada, como livianita. Me gustó que me saque el "tete" para que chupe la tetina de la mema, mientras él me tenía con una mano de la cola, y con la otra agarraba mi peluche. Le hacía una voz infantil que me alentaba a tomar la leche, y, además, me lo refregaba en el pañal. A papi le hacía suspirar y moverse descontrolado el escucharme hacer ruidito como de tomar teta. Ya la estaba por terminar cuando me dijo: - Uh, ¡qué bebé lechera! ¿Querés más mi amor? Papi te da más”
Su mano deslizó el elástico de su jogging hacia abajo, descubriendo su pito paradísimo, mojado y tentador. Éste, en lugar de tetina, tenía una cabecita casi roja, a la cual yo me prendí como una bebé hambrienta, mientras él me decía: - Un poquito de cada una… vamos… así crecés grande y fuerte. Hammm, ¡qué rico! ¿Te gusta, pendejita cochina?
Yo alternaba. Tomaba de la mamadera, y chupaba su pija. El saborcito dulce de la leche real con el saladito de su presemen, me emputecía. Incluso, hasta logré tener ambas memas en los labios, y babearlas completamente, antes de volver a engullirlas y pasármelas fervientemente por la cara. Traté de seguir en mi papel de nena, diciendo que no quería pañal; pero la pija de mi viejo en la boca, me puede. Hasta le froté la tetina de la mema en su puntita, dándole un escalofrío con el que me ordeñó re fuerte las tetas, y me dijo que era una putita enferma, toda caliente y asquerosa para papi. Se la mamé tan rico, y, por cierto, le dije que su mamadera era más rica que la otra, que me regaló su lechita en la boquita. Tragué todo, aunque algún que otro hilito travieso de baba y leche que unía su pito con mi boca, cayó en mi babero.
- ¿Y a él no le convidás? Pobrecito el osito. Quiere tomar lechita también!, me decía, mientras eliminaba chorros de semen por doquier. Y, lo que hizo luego fue tan morboso que me excita contarlo. Se acercó la boquita del oso a la puntita del pito, y con la última gota de semen que expulsó como una flecha, le manchó la boquita. Me sonrió perversamente, y me encajó otra vez el chupete para que balbucee. Así parecía más chiquita.
- ¿Ya estás llenita, mi cielo? dos lechitas te tomaste, gordita. Ahora hacemos el provechito y vemos si hay que cambiar el pañalcito. ¿No tenés ganas de pichí bebota?, me decía como si estuviese excitadísimamente asustado, o al revés. Volví a sus piernas. Ni siquiera se había subido el pantalón de nuevo cuando me daba unas cariñosas palmaditas en la espalda. No me pareció chancho para nada hacer eructitos chiquitos y, lo que vuelva a mi boca, dejarlo escurrir por mis labios. Él me limpiaba con el babero, o me lo juntaba con los dedos y me lo volvía a meter. Estar tan cerca de su cara me daban unas ganas locas de besarlo en la boca y pedirle que me coja, pero no podía dejar mi rol. Estaba haciéndole de nena chiquita.
- Pa, pis… mi hice pipí papi…, le dije, sin correrme el chupete.
- Uy, qué calentito y pesadito este pañal, bebé. ¡Cuánto pichí se hizo la nena!, se expresó, comiéndome las tetas con los ojos, y oliendo el chupete que me sacó bruscamente de la boca. Sí, me hice pis en el pañal. No sé si un poco no se derramó en su jogging también. No le importaba... Me llevó frente al espejo del baño y me miré por primera vez de frente. Tenía un baberito pegoteado, las tetitas con el pezón duro, el pañal re cargado y las piernitas mojadas de pis, desbordándome con un calor abrazador que me calentaba una bocha. Él se puso atrás mío y me olió, besó y acarició toda mientras me desnudaba. No le dio nada de asco sacarme el pañalín. Incluso se lo pegó a la nariz, y la verga se le puso dura de vuelta. Si te decía que papi tiene 67 años, no me creés de lo viril que es. Pero ese pañal mojado era un afrodisíaco. Quizá porque, como los animales, pueden oler cuando la hembra está fértil por su orina.
Cuando preparó el baño, su cuerpo así, tan expuesto, me estremeció: Alto, canoso, peludo, y con esa cosa grande y dura entre las piernas. Para mí, era un hombre grande sin ropa, y yo una nenita chiquita, no solo desnuda también, sino además avergonzada, meada, y con muchas cosquillitas. Por suerte lo mojado de mi conchita se fue cuando él se sentó en la bañera, y me hizo colocarme encima de él. Así, con la conchita sin flujo, parecía más pendeja, al menos, sin mi despertar sexual aún. Había sido tan metódico de incluso poner patitos de hule en la bañera, y de comprarme champú para bebés.
- Apretá el patito, mi vida, jugá, tiene soniditos, ¿ves?, me decía con ternura, tocándome los labios con uno de sus dedos ponzoñosos.
- Síii, hacen ruiditos, pa!, le decía yo, que sentía un subidón de fuego en el útero. Necesitaba que me pegue una flor de violada ahí mismo, en la ducha. ¡Y gritar como una puta, hasta que mi abuela me escuche y pregunte qué carajos me pasaba! Papi me lavó el pelo, las tetitas, la conchita y la colita, sin meterme nada, mientras sentía su respiración pesada detrás de mí, y su pito queriendo meterse en algún lado. No era la primera ni última vez. Eventualmente me puso la manito sobre su pija, murmuró algo que sonó como "así está papá por vos, chiquitita", y luego la sacó y siguió como si nada. Lo abracé sentidamente cuando lo vi con el pelo blanco mojado y esos ojos azules de papá meloso. Él me hizo. Wow. Todo fue muy rápido y cuando salimos, me secó con la toalla que usaba cuando era bebé, y me puso un pañalito nuevo. El ruido del velcro me conmocionó. Y arriba, el muy chancho no me puso nada, me dejó en tetitas, aunque hacía fresquito.
- Ahí está, bañadita y con el pañal sequito. ¿Estás bien, mi amor? ¿Vamos a mirar los dibus?, me preguntó.
- Síii, dibujitos. Pocoyó, pa. Abrazame... me gusta estar así con vos”, le respondí, mordisqueando el chupete. La tarde cerró así, conmigo dando saltitos a upa suyo, Baby TV en la tele, chupete en boca y papi tocándose detrás mío. Podía sentir sus manos friccionar su pija contra mi pañal. Incluso me lo corrió un poco para acabar en mi conchita, por afuera nada más. Me encantaba ser su bebé grande. Y nunca más nos escondimos. Hasta la abuela ya me preparaba la leche. ¡La de bebés! Porque el pito de mi papá siempre tenía lechita para mí.

Un montón chiquita! Si fueras mi hija, te habría acabado en la boquita, pero de bebecita! Qué locurita más linda escribiste por dios!
ResponderEliminarLeandro