Escrito por Diablito
Todos me decían que la maternidad me puso más linda. Que ya era linda, pero que ahora tenía un "no sé qué" Que estaba radiante. Al final de cuentas, Yo que había estudiado al respecto, sabía que no era más que el subidón de estrógenos que me hacía la cara más humectada, más brillante, más tierna... pero también más calentona que nunca. A veces me preguntaba qué pasaría si a mi lado tuviera un chico de mi edad, así joven, si aguantaría todos los garches que yo necesito al día. Dicen que los hombres se espantan cuando sos muy adicta al sexo, que tienen que ser ellos los que piden todo el tiempo. Pronto volvía a la realidad. No necesito ningún pendejo. Y, simbólicamente, ¡estoy casada! ¡Acababa de parir un hijo de mi viejo! Y
estar dando la teta solo significa una cosa: no poder embarazarte hasta que cortes la lactancia materna exclusiva. Claro que ya tenía la conchita inundada de una leche de mi papi, cuando la voz de mi hombre interrumpió mis pensamientos: - ¿Y si alguna vez nos grabamos, mi amor? ¡Quiero tener videos tuyos, de mi bebota cogiendo con su papá!
Se me iluminaron los ojos, pero porque en frente de mí apareció una posibilidad que solucionaría la vida de Luisito para siempre. Conocía muy bien a la gente y al internet a mis tiernos 22 años. Había una página, que pedía material incestuoso a dos manos. La había conocido buscando relatos eróticos cuando era chica y quería pajearme con algo original, cuando papi aún no apagaba mis fuegos, solo los incendiaba. Claro que la mayoría de videos allí, eran falsos, de gente vieja con jóvenes, pero nada más que eso, sin lazo sanguíneo que los una. Me acerqué a su oído, casi como haciéndole una confesión. No teníamos problema de plata. Pero hacer contenido fue una buena excusa para seguir exhibiéndonos, ahora al mundo y nunca dejar de pervertirnos.
El primer video fue un RolePlay donde simulábamos que era mi primera vez. Si lo hacíamos, lo hacíamos a lo grande, sin miedo. Pusimos el celular en un trípode y tocamos
grabar. El video empezaba con papá sentado en el borde de la cama, con el pantalón ya abierto. Mostraba su DNI mientras yo hacía lo mismo a su lado, y entonces le habló al público:- Ella es Ariana, tiene 22 y es mi hija biológica. Yo soy Luis, de 68, y hoy, su papi le va a meter la pija por primera vez.
Sonreímos nerviosos. Estábamos mostrando nuestra identidad real en un país donde el incesto está penado por ley. Sin embargo, nuestro cuerpo respondía muy distinto de cómo respondería estresado. El bóxer blanco de papi, que estaba a la vista, ya formaba una carpa y mis pezones bajo la musculosa estaban duritos también.
- ¿Estás segura, mi amor? ¿Querés que papi te haga mujer?, Se escuchaba en la grabación, así como de lejitos, mientras él me sacaba la parte de arriba y empezaba
a besarme las tetitas, hinchadas, llenitas de leche. (nadie sabía que no solo no era virgen, sino que ya estuve embarazada, pero tampoco debía importarles). -
Sí, papi, quiero que seas vos! Luego me sacó el shortcito de jean, mostró mi conchita a la cámara y dijo: - Qué apretadita mi nena. Decime "papi, haceme mujer". Así,
mientras papá se ponía encima mío, nuestro diálogo se oía cada vez menos. Pero nos ocupamos de que ciertas frases claves se escuchen, cuando yo le contestaba
"papi, haceme mujer" y ponía carita de sufrida, sintiendo sus centímetros empezar a ser parte de mí. Yo me agarraba fuerte de sus brazos y él me besaba,
Diciendo: "eso, mi amor, movete, tomá la pija de papá, ya no sos más virgen mi cielo, sos mi mujer ahora, ¿sabés?"
Esa fue la primera entrega de varias que le siguieron. Tuvo un éxito abismal. Nuestros clientes convertidos en fans ahora nos solicitaban videos especiales, adecuados a sus fetiches, algunos más normales, otros que llegamos a rechazar. Lo que notábamos, es que los videos con temática tierna, melosa, con cosas rosadas y pataleos, eran los más densamente visitados. Nos llenaban de comentarios, exigiendo más, y así surgieron otras entregas para satisfacer el deseo de sexualizar y paternar al mismo tiempo, a una bebota fatal, que tenían muchos tipos por lo que pudimos ver. En este orden, luego de la primera vez fingida salió “La bebota que no se da cuenta”. En él, papi está en el sofá mirando un partido cualunque, con ropa de gimnasia, recién vuelto del tenis. Yo, que en realidad volvía de la facu, fingía regresar de la escuela, porque tenía puesto un pintorcito de los que se usan en el jardín y unas trencitas adorables. Iba corriendo hacia él y le preguntaba si me podía hacer upa. Papi sonreía canchero -también él levantaba suspiros en la página incestuosa- y me sentaba en sus piernas. A partir de ahí, enfocábamos
la tele. Un dibujo infantil se proyectaba. Luego él empezó a hacerme dar saltitos sobre sus rodillas, mis tetitas rebotaban, yo me reía como una tontita, y mientras tanto, ni torpe ni perezoso, su bulto crecía. El video mostraba con detalle cómo se iba inflando su pantalón de San Lorenzo. Seguidamente, la cara de papi afeitadito, con esos ojos celestes enormes, diciéndome, como sorprendido: “Uy, ¿qué le pasó acá a papi? Se me puso algo durito.” Ahí él dejaba de hacerme rebotar, como notoriamente preocupado, pero esa cosa quedaba justo clavada en mi colita. Yo quería seguir saltando como cuando era chiquita, y en el intento, me empezaba a frotar contra él. - ¿Qué es, pa?
Ahora estaba bajada de sus piernas, sentada al lado suyo en el sofá, y le miraba el paquete.
-Fijate chiquita, abrí el pantaloncito de papi y mirá qué pasó-, me decía con gracia. En primera plana salían mis manitos tirando del cordón de su lompa, y luego, como haciendo contraste, la suya sacando su pija al aire, tan paradita, que parecía querer tocar su ombligo. Yo se la envolvía entre mis dedos y le preguntaba, con los ojitos brillosos y mordiéndome el labio- Está grande, pa. Y rojo. ¿Te duele? ¿Por qué se te puso así?
Es cierto que su cabecita estaba muy colorada ya. La fricción con la tela cuando me tenía a upa sumado a las ganas le estaban guiando toda la sangre a la pija. Él me explicó:- Es el pito de papi, mi amor. Se pone así porque su nena es muy linda. Mirá cómo salta para vos.
Yo empezaba a pajearlo, con torpeza, a veces pecando de estrangularle la pija y otras todo lo contrario, apenas corriendo su pielcita hacia abajo con lentitud.- Eso, bebota, jugá con la cosita de papi.
Él en un momento perdía la paciencia -como todo padre- y ponía su mano sobre la mía, marcándome el ritmo y la intensidad con la que debía sostenerla. Con su expertis, su leche no tardó en derramarse sobre mi palma; y mientras se oía bien bajito: “dale, chupate los deditos”, yo me degustaba esa cremita bien sonriente, y la luz se apagaba de a poco. Algunos de los comentarios que recibió ese videíto eran: “Luis, qué rico macho por Dios. Esa pija que se le marca en el pantalón de San Lorenzo me tiene loca. ”Nos servía que nos comenten así nos hacían publicidad. Pero eso no quita que odio que las putas se le tiren a mi papi por ser alto y de ojos claros. Además, su piel es blanca cuando no está bronceado y se conserva atlético, con alguna que otra arruguita, pero nada que no fuera esperable a sus casi 70 años. Su pelo, antes de ser blanco, era castaño claro, el mismo que yo heredé. Me encantaba parecerme a él más que a mi mami. Además, eso nos hacía facturar un montón. Ni hablar cuando salieron “mi meoncita favorita” y “mamadera y pipí de mi bebota”. En el primero, no tengo puesto pañal. Luis con una camisa cuadrillé azul que usa en casa. Está calentita, suave y huele a papá, no puedo explicar bien qué es eso, pero es olor a hombre bueno y dulce. Yo lo abrazo fuerte. La imagen es excitantemente tierna porque tengo puesta una bombachita rosa que se va oscureciendo a medida que se escucha el ruidito suave del pis calentito saliendo. Así también lo hace el pantalón de vestir de papi, que es gris y se torna casi negro, pesado y pegado a su piel por la humedad. Papi sonríe, una codiciada mezcla de ternura y perversión invade su rostro y me acaricia la espalda. En cambio, yo, hago pucherito y escondo mi
cabeza en su hombro, muerta de vergüenza.
-Perdón pa, no pude aguantar-. Él me dio un beso en la boca, bien baboso y ruidoso como me gusta a mí, y me dijo:- No te preocupes mi cielo. A papi le encanta cuando te hacés pipí encima de él. Sos mi meoncita favorita.
Ahora su erección se marcaba imponente por el calor del pichí y lo mojado de su pantalón finito. Una de las cosas que más remarcaban las mujeres y los gays, era que papi, a pesar de su edad, siempre estaba durito, sin tener que usar Cialis ni Viagra. Eso se notaba porque nunca estaba colorado.
-Mirá cómo me pusiste… Con el pito re durito. ¿Lo sentís, eh, sentís eso que tiene papá ahí abajo? No pidas perdón chiquitita. De ahora en más, cada vez que durmamos, hacete mucho pipí para papi. ¿Sí mi amor? ¿Me lo prometés? Quiero ese olorcito a nena calentita y mojada todo el tiempo conmigo-. Como tuvo muy buena repercusión, el siguiente fue de la misma dorada temática, pero con pañalín y mamadera, para sumar el morbo de la nena. En esa grabación, estoy encima de la mesa, en un desnudo frontal total y levantando las piernas. Papi me las abre con cuidado, se queda embobado mirando mi conchita y dice, casi para sí, aunque se oye claramente: -Sos tan rosadita y suavecita mi amor-
Luego me limpia con una toallita húmeda -aunque aún no me había hecho nada-, me pone talquito y me cierra el pañalito bien ajustado. El ruido del velcro me hace liberar un gotón de flujo, que no se ve a propósito. Ninguna niña libera jugos de la conchita a esa edad. Entonces, sin nada de esfuerzo, me levanta en sus brazos firmes, y con ternura violenta me da besos en la cara, el cuello y la pancita. Luego, ya sentados, me empieza a hacer cosquillitas en los costados de la panza. Yo me retuerzo de risa. El hecho de ser cachetona me ayuda a dar esa imagen de bebita que derrite a todos. Al mismo tiempo, Luis tiene la chomba abierta en los primeros botones y su pecho lleno de pelitos blancos me contrasta muy bien. Ahora agarra una mamadera que estaba en la mesa, escondida del espectador y me acerca la tetina a la boca, con una sonrisa enorme y melosa, casi de orgullo. Yo empiezo a sorber suavecito, mirándolo con ojos de nena. A veces también pongo esa carita a la cámara, porque sé que muchos me quieren llenar de besos y de lechita caliente. Él me acaricia la colita, de donde me sostiene, con su mano grande y peludita, subiendo y bajando lento.
-Eso, tomá todo mi amor. Qué linda la bebé tomando la lechita de papi. Qué nena golosa-, me dice, dándome piquitos en la boca alrededor de la tetina de la mema. Cuando la termino, papi retira la mamadera y me pone contra su hombro.
-Ahora el provechito mi cielo, dale que papi te ayuda-. En la pantalla se me ve de espaldas, con él dándome golpecitos ahí, suaves y rítmicos, que combina con caricias. -Eso, eructá para papi, bebota. Muy bien mi amor. Qué linda que sos-.
Y como era esperable, esto no termina en limpiarme después de eructar, y que me vuelva la lechita a la boca. La paternidad también es cambiar pañales en gran medida.
-¿Qué pasa, bebota? ¿Ya tenés ganas de hacer pis para papi? Dale, mi amor. Mojate toda. Papá te va a cambiar después y te va a dar muchos besitos-, me decía embelesado. Sentí la calentura en el bajo vientre y me dejé ir. Esta vez no tuve que aguantarme, ni avisarle para que me lleve al baño. El pañal se puso hinchadito y calentito, a punto que, desbordó un poquito y manchó el pantalón de papi, como pasaba siempre.
-Síii, hacé todo el pipí que quieras, cochina-, dice suspirando pesado, como conteniéndose de mandar todo el jueguito a la mierda y romperme el pañal meado para cogerme toda ahí nomás. Y es que, ya no garchábamos tanto como tal, porque la gente prefería vernos metidos en nuestro papel de padre e hija más realista. Por eso, ese video en particular, no mostraba su pija, que de todos modos estaba dura y lista para la acción, sino que terminaba con su mano en mi pelo y él diciéndome: -Te amo chiquitita. Sos la nena más dulce. Toda mía. Después papi te va a poner un pañal sequito. Pero mientras, quedate un ratito así, mojada y calentita en los brazos de papá-.
Rompimos récord de ventas en la plataforma. Cada hora llegaba un mail confirmando una compra, y la entrada de cierta suma de dinero a nuestra cuenta. Y cada vez, los pajeros se superaban aún más a sí mismos, dejando mensajes como: “Luis, por favor, quiero ser tu bebota, quiero que me des la mema de tu pija todos los días y que me hagas eructar mientras me cogés. Esa cara de papá bueno pero degenerado me mata. ”Ahora tocaba innovar. Nuestros colchones, ya no tolerarían más otro video de lluvia dorada, con pañal o sin él. Así se me ocurrió “papi, no quiero”. Fue por el recuerdo de un video porno de carácter innombrable que había encontrado en un link de Mega, en Facebook. En este no fingía ser tan pendeja, pero sí que no me gustaba que mi viejo sea un degenerado que toca a su hija. Entonces, él se metía a mi pieza sin pedir permiso y yo me hacía bolita en la cama. Me tapaba, como queriéndome esconder, pero no podía hacer mucho contra un hombre de un metro ochenta.
-No pa, no quiero, dejame-, le hablaba, por fin. Pero pronto su pesado cuerpo me cubría toda, en una especie de misionero y yo, resignada, me tenía que sacar la bombacha, mientras él decía: -Shhh nena, ya está, ya va a pasar. Aguantá un poquito mi cielo, papi te va a coger-.
Yo lloriqueaba, lo cual me salía muy bien, le arañaba la espalda y le daba pataditas a sus piernas. Él, más excitado por someterme que por coger, como un perfecto violador, gemía, gruñía y suspiraba con fuerza, haciéndonos el mete-saca más mecánico que viste en tu vida. Como si el sexo pasara a un plano secundario y su mayor placer viniera de abusarme. Eso reventaba de Likes nuestro video.
-Me duele, pa, por favor…Le decía, intentando zafar, haciéndome la que quería cerrar las piernas, pero no tenía fuerza. Él tenía sus manos a ambos lados de mi cuerpo, dejándome encerrada para darme más y más bombita. Era lento para no acabar rápido, pero bruto para hacerme sufrir. Al menos, eso debía parecer.
-Qué apretadita que estás hijita, mirá cómo me apretás la pija, qué rica que sos guacha-
Mientras él disfrutaba, yo me rendía ante la cámara. Y así, mi viejo, sin que yo consienta, me la ponía, y fingiendo ser empático me decía: -Shhh, calladita mi amor, ya va a pasar, aguantá
un poquito más para papi, mirá cómo te lleno toda…
Para los que miraban el video, él me estaba consolando, porque yo lloraba desahuciada. Lo que no veían, es que mi concha lo apretaba con ganas en cada metida. Papi jadeaba más fuerte, transpirado, con la cara enterrada en mi cuello mientras me cogía como
si, aprovechando que estábamos solos, se sacara conmigo las ganas que mami no lograba sacarle. Hasta que llegó el último empujón y con eso acabó, y así, como entraron
esos chorros calientes, espesos y abundantes, empezaron a salir, lo que en el porno se traducía como un auténtico Creampie. La cámara se alejaba mientras él me limpiaba las lágrimas con los dedos y me repetía “ya está mi cielo, ya pasó. Sos tan buena con tu papá”, con todo el cinismo del mundo, y la leche rodaba, cerca del agujerito de mi culo. Eventualmente, luego de tanta sumisión de mi parte, papi sugirió que hagamos un video donde yo pueda ser la hija ya grande y zorrita que realmente soy. ¡Al final de cuentas, algún cliente querrá ver una mujer adulta, coger con un hombre, como si fueran una pareja hetero normal! Solo que, sumando el detalle de que él es mi papá. Lo llamamos “así se chupa la pija de un hombre” por un video de Lola del Valle, una actriz porno amateur de acá. En él, ella se re tranza a un hombre grande que tiene una pija divina y obvio, se la mama. Entonces, ¿qué mejor que rendirle honores con otro señor que tiene una hermosa verga? Este video es introducido por mí, donde vuelvo a mostrar nuestros DNI juntitos, y acto seguido nos chapamos re rico con mi viejo. Yo estoy de puntitas de pie para eso, descalza y en un sexy camisón. Detrás se ve que estábamos desayunando, como si fuera una casa normal, con una rutina y una familia normales. Durante el beso, mi mano empieza a bajar y se encuentra con su pantalón. Lo empiezo a frotar, a sobar, y, cuando nos despegamos para tomar aire, meto mi manito en su jean y le busco la pija. Por primera vez en un video la presentamos dormidita, suave y chiquita. Él quería tenerla parada para cuando grabemos, cuestión de ego, pero, le rogué que no, que lo hiciéramos así. Me erotiza demasiado su cosita dormida, y eso le regalaría al espectador una escena más genuina, donde los ojos me brillan, la saliva se multiplica en mi boca y, mientras me acaricio los labios con ella, le digo a la cámara, con voz dulce de puta:- Miren, esta es la pija de mi papá. La que me hizo a mí y a mis hermanos. Ahora les voy a mostrar cómo hay que chupársela a un hombre-.
Ahí, abro la boca y me la meto enterita, sin usar las manos. Está blandita, entonces entra fácil. En la mamada la voy estirando despacito para ganarle unos centímetros y luego la saco con cuidado, mirándola como si fuera un tesorito. Con dos dedos le bajo el cuerito y le descubro la cabeza.
-Miren qué cabecita rosada y gruesa tiene papi-, les digo ansiosa. Se oyen los “muah, muah, muah” de que la lleno de besos, tanto en la cabeza como en el tronquito. Cuando suelto la pija, se vuelve a cubrir y arrugar toda. Me encanta así. Me emputece. Lo agarro a mi viejo de las piernas y otra vez a la boquita de lleno. Mientras le bajo el cuerito con los labios, empiezo a babearme toda. La gente ya puede ver la pija bien mojada y brillosa, así como un poquito más firme. Hago arcadas suaves cuando me llega al fondo y lagrimeo, con las tetitas salpicadas de baba. Mientras acaricio sus huevos, como buscando ordeñar esa pija, literal, siento los pelitos de su pubis cosquillearme la nariz y me río. Papá tiene ese típico patrón de pelo desde el ombligo
hasta el pubis, ese “caminito de la felicidad” que le dicen, muy, muy poblado. Cada tanto se le cuela algún pelito oscuro, pero, la mayoría son blancos, gruesos y rizados. Su pija ya bien erecta está anidada en mi boquita, en busca de algo calentito y mojado como una conchita, cuando él se expresa y me exige: -Dale, deciles quién sos-
Yo, con gusto, obedezco. Me saco el pito de la boca con un ruidito tipo “plop” y digo: -Soy la hija de Luis, y me encanta chuparle la pija todos los días-.
Llegando al final del video estoy colorada, con él corriéndome los mechones de pelo y cogiéndome la boca con ganas. De repente, saca la pija que ya está engordada, venosa y moviéndose como con vida propia y sola apunta a mi carita.
-Abrí la boquita, hijita, y mirá a la cámara-, me ordena. Y yo, otra vez, le hago caso a mi sabio viejo. Abro la boca bien grande, saco la lengua y lo miro con cara de puta feliz. Papi ahora se pajea fuerte, dos o tres veces nada más y entra a acabar.
-Tomate la leche de papá, uffff, seeee, así zorrita, vamoooos-, dice furioso. Los primeros chorros me caen en la lengua. Nuestra idea era esa, que mi pancita se nutra de toda esa eyaculada entera (no vaya a ser que esta nena golosa pase hambre). Pero, al pito de papi se le ocurrió tirar su semen por todos lados. Me pintó la cara: cachetes, nariz, párpados, labios. Tragué con ruido lo que había en mi boca y mostré la lengüita vacía a cámara. Mientras tanto, los chorros traviesos que se habían desperdigado por mi cara caían de mi barbilla hacia mi escote, con destino a mis tetas bronceadas que los resaltaban más que bien. Parecía una nena que no se había sonado los mocos, así de cochina. Y esto era lo último que pronunciaba, toda lecheadita, mientras papi se subía los jeanes: -Esta es la lechita que larga mi viejo, y yo me la trago toda, porque soy su putita favorita-.
Ese lo catalogamos como BlowJob, y nos dedicamos a ver las reacciones de la gente. Otro comentario que le dejaron a papi fue: “Luis, si lees esto, cogeme a mí también, aunque sea una vez, te chupo esa pija canosa hasta que me ahogues con tu leche”. ¡Me daba unos celos terribles, y no sé por qué, porque es todo mío! Me consta que nunca más estuvo con una mujer desde
que cumplí los 21 al menos, que fue cuando empezábamos a tener sexo. Lo bueno es que a él también lo hacían poner celoso. A mí, los machos alzados de la Web me dedicaban cosas porno como: “Me encanta cuando se hace la tontita, pero se nota que es una putita total. Esas tetitas bronceadas moviéndose mientras le chupa la pija a su viejo… quiero que me las ponga en la cara y me deje pintárselas de leche. ”La cuestión es que, simple como era este video, aún así
dejó sus ganancias. Todo se destinaba a poner a Luisito como un príncipe, vestido de Mimo, Cheekys y esas marcas del shopping dirigidas a niños. Hicimos una serie de videos donde éramos dos adultos garchando “normal”. Hasta que llegó el cumple de mi león, y celebramos con un filme más que especial. Durante el asado con la familia, contábamos las horas para volver a casa y encerrarnos en la pieza, con la excusa de que nos pudrió hacer tantas sociales. Mami estuvo en la cena, pero mis hermanos la llevaron a su casa porque en estas ocasiones, siempre se toma hasta el agua de los floreros. Así que no supieron lo que hicimos. Aunque, ¡qué más da si ya saben que tenemos un hermoso niño! En fin, mientras papi se sacaba la polera azul que combinaba con sus ojazos, me tiré desnudita en su cama.
-Feliz cumple, mi hermoso rey
Es sabido que su signo es de los más vanidosos. Le encantó terminar de recibir sus 68 en mis tetas calientes. Me las olió, chupó y amasó, lo mismo que me hizo ahí abajo. Acaricié su hermoso pelo blanco y le apreté suavecito la cabeza con los muslos mientras se servía de mi conchita. En un momento que no esperaba, me agarró y me dio vuelta, dejándome cola para arriba. Los dos nos divertíamos. Ahora él me abría los cachetes para chuparme la colita, morderme los glúteos y cachetearme un poco. Yo entremedio le decía que era un chancho. Y él me respondía que su mejor regalo es que le haya salido nena, así podíamos hacer cosas chanchas juntos. ¿Él pensaría que me hace un bien cogiéndome? ¿Y yo? ¿Qué hago teniendo ya la mayoría de edad y quedándome en este vínculo incestuoso con mi padre que tanto disfruto y que hasta me ha dado un retoño? Le moví la cola como buscando su pija, mientras él se ponía un forro lubricado para entrarme mejor. Me imaginaba su lujosa vista: mi culo blanquito, pomposo y extremadamente apretado. Dicen que la clave para tener buena cola es tener ancha la cadera, que, a su vez, es signo de fertilidad. Por eso debe ser que a los tipos les puede tanto el orto. Pero, en este caso, los dos lo disfrutamos mucho. Si bien costó que entrara, era justo eso lo que le provocó un orgasmo espectacular, y mi papi cumplió muy feliz, entrando y saliendo de mi colita apretada, con su verga asfixiada por el preservativo. Aunque el anal gusta, muchos seguían pidiendo un trío, dejando mensajitos como: “Ufff, me imagino al papá celoso leyendo cómo su hija es deseada por miles... Ariana, sos una putita hermosa, quiero que me dejes cogerte mientras tu viejo mira”. Claro que Luis jamás me dejaría coger con otro tipo. Las nenas son de papá, ¿no? Así que, esa fantasía jamás pudo ser concedida a quienes la tenían. En el medio grabamos “Bedtime stories with papa”, para nuestros fanáticos internacionales. Había muchos de Alemania. En él, papi me contaba un cuentito como cuando era chiquita, pero esta vez, se pajeaba con ganas contra mi pañal, hasta que el clímax lo alcanzaba y me decía “uff, mi amor, papi ya no puede más”, y entonces sacaba una lechita sobre mi espalda, colita y piernas, que se sentía como una cremita. Yo le pregunto: “pa, ¿qué fue eso calentito que me pusiste atrás?”. Eso a él
le genera cierto apuro. Por lo que me tapa rápido con la sábana y me termina contestando: “yo mañana te limpio, cielito. Ahora dormí tranquila. Papi te cuida, ¿sí?”. Porque bueno, la realidad es que los videos de age play, es decir, donde yo fingía ser una pendejita, eran los que más volaban. De hecho, una vez hicimos uno totalmente personalizado para un tipo que nos depositó una torta de plata, pero quería sí o sí verme lo más bebé posible. En él convenimos que Luis me enseñara a decir “papá”… y ahí estaba mi viejo, dele pedirme “decí papá mi cielo, dale, pa, pá tenés que decir”. Y yo, después de varios intentos fallidos, donde no le prestaba atención o balbuceaba cualquier cosa, finalmente pronuncié “pa, pá”. Me dio ternura porque él sonrió como si realmente fuera la primera vez que le decía papá (que, por cierto, fue mi primera palabra, para envidia eterna de mami). Seguidamente, papi me come la boquita y me dice: “qué rica la babita de mi nena”.
El tono del video era casi sepia. Parecía una cinta recién desempolvada y que esconde secretos de familia. En ese video también dibujaba sentada en sus piernas, me daba de comer en la boca y jugábamos a las muñecas en el colchón que tiramos al piso. No era nada del otro mundo,
pero a ese mexicano platudo las niñeces lo excitaban por demás. Lo cierto es que no supimos si seguirla cuando, después de estar nauseosa por varios días, así como mimosa, dormilona y que encima no me bajaba más, nos enteramos de que venía nuestro segundo niño. Obvio que estábamos contentos, y que lo íbamos a recibir con los brazos abiertos. En ningún momento, ni con Luisito ni con su hermanito, pensamos en hacer otra cosa. Ni bien me hice el test llamamos a mis hermanos y a la abuela y les contamos. Morbosamente, estaban igual de contentos que nosotros, y, al ver que hasta nuestra familia celebraba el producto del incesto, nos motivamos a hacer el “final dance”. A los 4 meses, conocimos que era otro varón y más tarde, contamos en la página de videos chanchos que vendría “Alejandro”, que, curiosamente, es el segundo nombre de papi. No solo yo era de él, sino que mis bebés también. Nuestro último video se tituló “¡Haceme abuelito!”. En él, estoy apoyada en la mesada de la cocina, cortando frutas que eran mi antojo, con una pancita hermosa y redonda de seis meses. Papi está detrás mío, cogiéndome a pelo (¡obvio, ahora más que nunca!) y con una mano en la panza.
-Acá está, este es el segundo bebito que le hago a mi hija. ¿No cierto, nena? Contá quién te embarazó
-Mi papá, Luis, ¡él me embarazó y ahora me está haciendo otro bebé!
-Tomá nena, tomá la leche que te va a hacer otro guacho. Deciles que querés tener a todos los hijos que papi te ponga en la pancita-.
-Quiero que me preñes papi, quiero otro hijo tuyo, que me infles la panza de bebitos-, gemía yo, muerta de placer. Mi conchita chupaba más que nunca esa pija. ¡Los embarazos me ponían re putita mal! ¿Acaso el cuerpo no entendía que ya había cumplido su cometido y ya tenía un guacho adentro? Pareciera que no. Mi concha succionaba con fuerza la pija de papi, la apretaba y no la soltaba hasta que le extraía toda esa lechita que en ese momento no podía hacer nada que no hubiera hecho antes. Para nuestro último film, papi se viene en leche diciéndome que esa lechita es para que el pibe crezca sanito, pibe que, en definitiva, también es mi hermanito. Eso parece prenderlo fuego porque en el video me abre el agujerito de la pochi con los dedos para que se vea todo su néctar de hombre adentro mío, flotando, y, la verdad es que es mucho. Un espermograma que lo acompañé a hacer una vez, salió tan bien que el urólogo decía que nunca vio un hombre de la edad de papi eyacular esa cantidad, como si se tratara de un chico de 20, y menos con tantos espermas que nadaban como profesionales. El médico lo felicitó, diciendo que seguro era porque (papi) hizo deporte toda su vida, tomaba sol y comía sano. Él le dio la razón enseguida, porque, no iba a andar explicándole que en casa una nenita que tiene la edad de su hija (porque es su hija), le hace fabricar semen a diestra y siniestra, solo para uso personal. Era un poco difícil de entender, aunque nos quedamos con ganas de ver su reacción si lo hacía. Juani, un fiel seguidor, nos comentaba: “La forma en que le rebotan las tetas cuando la coge papi… Dios. Quiero que esa mina se siente en mi cara y me ahogue con esa concha peladita. Es re putita, y se nota que le encanta serlo”.
Hoy, después de haber hecho tanto, lo que más nos piden es que me garchen mis hermanos, y que papi, ¡le dé a la abuela! ¿¡Estamos todos locos!? Fin
Aaay, diooos bebotota! Cómo me hacés fabricar semen, y calentar la mamadera! Sos una despiadada diabólica de la chanchada! Si fueses mi hija me grabaría con vos, hasta cogiendo en la calle, en bombacha, y al frente de todos mis amigos. Pero, al primero que te toque, lo muelo a piñas! Diooos! Me hacés engordar los huevos de leche bebé!
ResponderEliminar