"Otros ratones": La pija de mi cuñi

Escrito por Gehenna

 

Tenía una relación de 5 meses con Sandra. Habíamos sido amigos de chicos y nos separamos durante la secundaria. Cuando nos reencontramos a principio de año, nos pusimos de novios. En una de esas salidas mi novia me invitó a su casa (ella aún vive sola con su hermano mayor). Nunca había ido a su casa; ni siquiera en los tiempos del colegio. Pero estaba al tanto de su situación familiar, y ya había conocido a su hermano cuando éramos pequeños.

Cuando llegué con unas facturas, me encontré con que estaba su hermano, Alan, solamente en bóxer: alto, con el pelo de un color rubio claro brillante, ojos celestes que mantenían una mirada penetrante en mí, cada músculo de su cuerpo tonificado y una cara tallada por los mismísimos dioses. Este ya no era el pendejito que jugaba con nosotros. Estaba más fuerte que la fe de un hincha en la final contra Francia, más fuerte que un café doble en lunes por la mañana, más fuerte que un beso robado en la parada del bondi.

No esperé que su cuerpo fuera así de fuerte y caliente. Pero, ¿Por qué tenía que pensarlo? Yo me sonrojé, tal vez por el eco de mis pensamientos; a lo que él sonrió y le preguntó a su hermana: ¿Y el pibe quién es?

Ella le recordó quién era, y me presentó como su novio. Claramente tampoco me reconocía, había pasado mucho tiempo y yo estaba yendo al gimnasio, aunque no estaba ni cerca de tener su tamaño. A lo que el hermano me miró de arriba a abajo.

¿En serio sos el mismo Cristian? ¿Este culón seguro es tu novio? ¡Te recordaba como un pendejo con olor a meado! ¿Cuándo te pusiste tan lindo? Me dijo con soltura, examinándome como buscando verdades o mentiras en mi organismo. Casi me muero, aunque en realidad no me disgustó. Y, al parecer, a Sandra tampoco. Ni siquiera se extrañó con el hecho de que su hermano me hablara así.

Al día siguiente le pregunté a mi novia cuántos años tiene su hermano.

¿Por qué la pregunta, te quedaste enganchado con él? ¡23 tiene, te queda justo! Me respondió, sin una pizca de cara de culo. Yo me enojé por la insinuación, y se lo hice notar. Además ¡se supone que ella es mi novia. ¡No debería de emocionarse por suponer que me gusta su hermano! Le afirmé que era solo por curiosidad, pero no parecía creerme. Nos despedimos con un beso, y cuando ya estuve solo me cayó la ficha de que ella tenía razón... me recontra enculé con su hermano...

Al día siguiente estaba muerto. No había dormido nada de tantos sueños húmedos con Alan, y de tantas veces que tuve que pajearme para poder continuar mi existencia con tranquilidad. La mañana también fue una cagada porque después de casi dos horas en el colectivo me digné a mirar el celular, y descubrir que las primeras clases se me habían cancelado por temas docentes. Así que esperé como un pelotudo a que se pasara el tiempo. Al salir de la facultad me encontré con Sandra, y le pregunté cuando volvería a ver a su hermano. Casi que la pregunta se me cayó de los huevos.

¿Tantas ganas tenés de verlo de nuevo? ¡Te juro que no me molesta que te guste, pero dejá de tratar de convencerte de que es solo curiosidad! ¡Andá esta tarde a mi casa, así por fin lo volvés a ver!, me largó mientras apuraba un café de máquina en un vasito de mierda. Me puse muy nervioso por su respuesta y no pude refutarle nada. Al llegar a mi departamento, lleno de cosquillas hasta en el ombligo, solo pensaba en las tremendas ganas que me dieron de vestirme lo más lindo que pudiera, aunque carecía de ropa y de habilidad para vestirme bien.

Matías, mi compañero de cuarto y facu-amigo (con quien compartimos piso para ahorrar unos mangos) descansaba en el sillón, medio enchinchado por no conseguir merca de la buena. Al verme salir de mi cuarto puso cara de póker. Me preguntó porque me veía tan puto, sin anestesia. Me miré al espejo, y definitivamente tenía razón. Llevaba una remera de compresión negra que me quedaba como un crop-top, y unos shorts que hacían que se me viera media nalga. Mati se me cagó de la risa al ver cómo me quedaba pálido mientras me daba cuenta de lo zorrita que me veía. Entonces, mi compañero insistió: ¡Andá a cambiarte eso flaco, te presto ropa, pero no te prestes así! ¡Te van a querer violar hasta los milicos si te ven!

Iba a cambiarme, pero mi novia me dijo que ya estaba abajo esperándome, y que me apurara si no quería ponerla de mal humor. Eso, con ella no se negociaba. Ya fue, pensé, y acepté la humillación a la que me iba a someter. Quizás no lo notaba o lo dejaba pasar. Bajé incómodamente, como si no fuese yo el que daba los pasos.

¿Tanto querés impresionar a mi hermano? Me gritó cagándose de risa de forma aún más exagerada que Mati. Me sonrojé de la vergüenza y la rabia. Pero, en el fondo me divertía un poco. Al llegar a la casa su hermano aparentemente no estaba. Cosa que me alivió bastante. No me gustaría que me viera así de regalado, pero la alegría me duró lo mismo que la dignidad. Para mi mala suerte él bajó súper feliz. Esta vez llevaba una remera azul y unos jeans.

¡Por fin llevás algo de ropa! ¡Se murió el Papa o que pasó para que estés como una persona normal? Le reprochó Sandra, sonriéndole.

¡Solo lo hago porque vos me obligás! ¡No se murió nadie! ¡Y él que hace vestido como una puta! Le discutió su hermano mientras me notaba, observaba y fotografiaba como jamás alguien me lo hizo.

¡Se ve que quería impresionarte, supongo! Me condenó mi novia. Agaché la cabeza, sonrojado sin poder mirar a nadie a los ojos o articular palabra para defenderme. Él se rio de lado, y se alborotó el pelo.

¡Qué vergüenza! ¡Pero no hacía falta esto! se acercó a mi riéndose con voz hipnótica, y añadió ¡Mucho tiempo de no verte, corazón! dijo para besar mi mano. Mi novia por alguna razón se emocionó, y susurró un hondo "misión cumplida”. Hasta incluso la vi secarse alguna lagrimita. ¿Qué estaba pasando? ¿El mundo había cambiado la forma de girar, o de rotar?

Alan me llevó a su cuarto y hablamos un poco, aunque fue incómodo al principio. Yo estaba boca abajo tirado en su cama y él, acostado. Mi trasero se sentía acosado; así que quería sentarme, pero no tuve oportunidad. Seguimos hablando de boludeces, hasta que puso su mano en mi culo como si nada. Empezó a masajearlo mientras hablábamos. Yo puse mi cara sobre sus almohadas levemente perfumadas. al parecer éste lo notó, y quiso meter su mano por debajo del short; aunque en ese momento se lo impedí. Ni siquiera yo sabía cómo lo había hecho. Quité su mano, porque tenía mi novia. Estaba seguro que después de esto, terminaríamos ese mismo día. Pero le sería fiel en los últimos momentos. No me gusta ser un hijo de p***, y hacerle comer el garrón de mis indecisiones, o de lo que carajos se tratase todo esto.

¡Tranqui, que ya le escribí a mi hermana! ¿Pensás que ella es una chota? ¿Te olvidás que es re intuitiva? ¡Ya fue, o, ya será! ¡Después, te las arreglás con ella! ¡Ella, solo me escribió Gracias, con un montón de corazones y caritas! ¿Te lo muestro?, dijo Alan, con el rostro azorado y contenido, la respiración como en un sube y bajas, y los ojos inexpresivos.

¡Gracias, cuñado! ¡Me sacaste un peso de encima!, le dije, cobardemente, aunque sin sentir egoísmo ni orgullo en lo que hacía. Entonces, tomé valentía y me puse sobre sus piernas. él abrió los ojos y sonrió.

Comenzó a masajearme el culo de nuevo mientras me movía encima de su entrepierna. Pasamos así un rato hasta que sentí un bulto abajo mío. Sabía bien qué demonios era; por lo que me puse nervioso, él apretó sus dedos con más fuerza. Sus labios jugueteaban con los míos y me susurraba todas las cosas que quería hacerme, su nariz recorría mi cuello hasta que sus dientes encontraron la piel de mi garganta y comenzó a succionar con delicadeza una marca. Di un gemido temeroso y quise alejarme, pero me tomó de la nuca y me volvió a acercar a él.

¡Quiero morderte, que todos vean que estuviste conmigo! Me dijo casi con la exhalación de un vampiro, y sentí su nariz en mi cuello mientras volvía a morderme, aunque no me quité. Quería esa marca ahí. Nunca había tenido esos pensamientos antes, pero jamás había estado con un chico así. Yo no era, ni me sentía, o me creía gay, hasta el día de ayer que lo volví a ver. Mi lengua humedeció mis labios, mi cuerpo se había relajado y acostumbrado a como me tocaba. Pasé mis manos por su espalda, rompiendo cualquier centímetro de distancia. Su corazón latía con fuerza. El calor de su pecho me daba una sensación reconfortante, dejando fluir la tensión de mi cuerpo. él notó como me había tranquilizado y comenzó a bajar mi pantalón hasta quitármelo al fin, mientras me daba un cálido beso.

Me puso los dedos en la boca y me los hizo chupar. Sus manos se deslizaron más adentro de mis nalgas. Jadeé con fuerza y me aferré más a él al sentir como uno de sus dedos invadía mi entrada, dando círculos pequeños para prepararme. El placer me recorría como una saeta de relámpagos. Estaba ardiendo del deseo.

¡Relajá che! ¡Apenas es un dedo recién! ¿Cómo me vas a aguantar la chota si un dedo ya te pone así? susurraba en mi oído, casi burlándose de como intentaba callar mis gemidos sin éxito. Me dio vuelta dejándome de piernas abiertas debajo de él. Su erección se presionaba dolorosamente contra mis caderas y sus manos se movían sin control por mi torso. Solté un suspiro demasiado fuerte cuando sus dedos acariciaron de pasada mis pezones, haciendo a Alan enfocarse en ese lugar donde ni siquiera yo sabía que tenía sensibilidad.

¿Sos un chico… y aún así te gusta que te toquen las tetas? Me dijo tomando distancia para poder quitarnos algo más de ropa.

¡Dejate de joder y cogeme en serio! Respondí automáticamente. En mi cabeza fue una mejor respuesta porque aún no se la había visto, él no podía comer lo mismo que todos los simples mortales y tenerla así de grande.

¡Quitate la ropa! ¡No importa si tengo que aflojarte de nuevo! Ordenó, y obedecí. La sinergia perfecta. Cuando ya ambos estuvimos desnudos levantó mis piernas para exponer mi agujero nuevamente a sus trabajos manuales.

¡Bien, ya estas dilatando nuevamente! Anunciaba orgulloso, como un médico experimentado, mientras sus dedos me tocaban cada vez más adentro haciéndome estremecer de los nervios

¡Sacá esa cara de espanto! ¡Apenas te digo que ya estas dilatado, y te volvés a apretar! ¿Qué pretendés nene? ¡No tiene por qué entrar toda! ¡La puntita no te va a matar! Bromeó Alan, apoyando su hinchado y pegajoso glande contra mi entre.

¡Pucha, y yo que quería que me mataras a punta de pija! Respondí con ironía, pero algo tenso. Él se me reía porque me reconocía inexperto; y, tal vez porque le parecía tierno después de todo. Sus manos bajaron por mi abdomen para sobar, rozar y masturbar mi miembro. Mi mente se quedó en blanco por el placer que se extendía por mi cuerpo. No pasaron ni 2 minutos cuando empujó con fuerza su pene haciéndolo entrar casi por completo, primero de manera torpe, hasta que alcanzó un ritmo constante. Cada movimiento era lento, nuestros cuerpos rozándose apenas. El calor de la situación era intenso y la tensión en el ambiente aumentaba, como si el aire estuviera cargado de electricidad. Di un grito ahogado tratando de arquear la espalda, pero el peso de Alan sobre mis caderas me retuvo. Sus dedos se enredaron en mi cabello, levantándome la cabeza para fundirnos en un efusivo beso. Sentía como me consumía, cada embestida me daba la cantidad justa de dolor, no como para distraerme, pero tampoco para que quisiera que pare.

Poco a poco sus movimientos se hacían más rápidos y profundos. Podía sentirle la pija pegándome en el estómago... y hasta el peso de sus huevos cargados de lo que tanto esperaba recibir, ya ni me importaba dónde. Me estremecía con su contacto, unas pocas lágrimas caían en silencio y mis caderas retrocedieron. Alan apretó sus manos alrededor de ellas para mantenerme inmóvil.

¿Te gusta? ¿Estás llorando de placer? ¡Si te duele avisame y paro! Tartamudeaba Alan. La voz le salía entrecortada, atrapada entre la risa nerviosa y el jadeo, mientras mi saliva se me endulzaba como la leche en los pezones de una madre. Tenía el pecho subiendo y bajando a un ritmo frenético, como si cada inhalación se quedara corta y cada exhalación se escapara demasiado rápido. Sus manos temblaban sobre mi cuerpo, los ojos le brillaban con una intensidad desbordada. Parecía que la excitación le había tomado el cuerpo entero, dejándolo sin aire y sin calma.

¡No! ¡No pares ahora! ¡Me estás volviendo loco! ¡Siento que exploto! Admití sollozando. un cosquilleo subía de mi estómago a mi garganta. Sus ojos no se apartaron de los míos mientras se movía. Entrelazó nuestros dedos por encima de mi cabeza haciendo que me arqueara y lo apretara más. Sin palabras, moví las caderas impulsándolo más hondo, anticipando lo que venía. El clímax me atravesó con un grito, y él no cesó sus movimientos hasta haber sacado cada gota de semen de nuestros cuerpos.

Su lengua bajó serpenteante por mi cuerpo sudoroso y lamió la mezcla de fluidos que había depositado sobre mi abdomen. Acarició el chupón que me había tatuado en el cuello, y supe que nada había sido un error. Y finalmente, casi sin darme cuenta, del cansancio me dormí apoyado en su pecho, con el culo aún chorreando leche, mariposas de semen, luciérnagas de semen, y más leche

Y de pronto caí en la cuenta que acababa de perder mi virginidad. Había tenido novias antes pero nunca habíamos llegado a nada.

Desperté, sin saber si era yo, o si alguna droga me había transmutado a otro mundo, o si todo había sido real. Pero estaba solo en su cama, en la cama de Alan. Me puse mi ropa de putita, lo más rápido que pude, ávido de explicaciones tal vez, y bajé casi trotando a la cocina. Había una nota escrita con demasiado apuro que decía: "Hola Cristian; mi hermano y yo fuimos a comprar cosas para el desayuno… Alan dice que no salgas de casa, porque dice que quiere hablar con vos. Eso es todo… con cariño, tu exnovia, pero desde ahora tu mejor amiga para siempre. Bah, si querés".

Me puse nervioso. ¿había hecho algo mal? Sin embargo, no pude evitar sonreír de emoción. ¿Cómo es que Sandra me despachó así nomás? ¿Y, por qué Alan quería hablar conmigo? Y, en definitiva, fue más fácil y sencillo de lo que yo pensaba. Resulta que yo también le gustaba, desde el secundario. Por si había duda alguna, y me pidió que sea su novio, ¡Al frente de Sandra y todo! ¡Genial! Ahora tengo un novio super tierno que me quiere romper el orto cada una hora. Y una amiga a la que le debo todos y cada uno de los polvos que Alan y yo nos regalemos.     Fin

Comentarios

  1. el Xonámbulo2/8/26

    Opaaaa! Faltaba esto, historias como estas! Gracias Gehenna, muy buen relato!

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  2. Crisálida4/8/26

    Hermoso! y, además, tener una amiga que acepta todo... por ahí, hasta da para que hagan trío y todo! Me gustó mucho!

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    1. Graciaas, y me encanta la idea, da para ponerse manos a la obra!

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  3. Feo relato lo gay no es lo tuyo ámbar

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    1. Disculpame. Pero, en primer lugar, leé bien a quién pertenece el relato. Y en segundo lugar, Si no te gustó el relato, sencillamente no lo volvés a leer, y listo! Gracias!

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    2. Amaneciste kafkiano cucaracha qlia, querés hacer análisis literario para mi relato porno, corazón de melocotón ❤️?

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    3. EL GRIEGO11/8/26

      ¿Yo sí puedo hacer análisis literario? ¡Tengo credenciales! (bueno, a mí sí me gustó, así que no me puedo quejar). Por mi parte encantado de ver más gente abordando la temática.

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  4. Anónimo9/8/26

    Exquisito relato, cómo me encanta este tipo de historias!

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  5. Super buen relato, nos encanta leer este tipo de cosas. Se tenia que decir, seguir asi,.

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