Escrito por Sammy
La lluvia chocaba contra la ventana del café mientras Morguina pasaba los dedos por la pantalla del celular, harta de ver precios ridículos e inflados. Entre decenas de avisos en los grupos de WhatsApp de alquileres, uno en particular le hizo frenar la búsqueda.
Un departamento amplio, luminoso y a un precio regalado para la zona. ¿Cuál era la trampa? Convivencia compartida con dos varones. En los grupos, las chicas solían pasar de largo por desconfianza o prudencia, pero la economía de Morguina no estaba para ponerse exquisita. Necesitaba achicar gastos urgente y el margen de ahorro que le daba esa habitación era increíble.
A bancársela se ha dicho!!, pensó mientras le escribía al de la inmobiliaria para empezar los trámites. Ver cómo se organizaban o qué tal eran los pibes para convivir era un problema para su "yo" del futuro; en ese momento, lo único que le importaba era no quedar en la puta calle.
Un par de días después, la mudanza la dejó en la puerta de un edificio antiguo, de techos altos y pisos de madera que crujían deliciosamente. En el 2° A la esperaban sus nuevos compañeros de casa: Eli y Noah.
Los dos eran muy amables, pero sus energías eran muy distintas. Eli era pura emoción: expresivo, impulsivo, de los que se enganchan a hablar de cualquier cosa con una intensidad dramática y te hacen sentir en confianza al toque. Noah, en cambio, era la calma fría y la practicidad personificada. Directo para decir las cosas, sin vueltas ni rodeos, con una cabeza hiperlógica pero con un trato respetuoso y atento que equilibraba la impulsividad de Eli.
Pronto le explicaron el trasfondo: eran amigos de la infancia. Criados prácticamente en el mismo barrio, compartían una historia tan larga que funcionaban como un solo engranaje. Y al principio, Morguina usó esa justificación para entender lo que veía. Tenía sentido que se entendieran con una mirada o que se movieran por la casa con una confianza ciega; al fin y al cabo, se conocían de toda la vida.
Sin embargo, a medida que pasaban los días, esa explicación empezó a quedarle chica. Había algo más en el aire, se sentía una tensión impresionante que lograban disimilar muy bien.
Eli, llevado por su impronta sentimental, solía buscar el contacto visual con Noah cada vez que algo lo conmovía o lo frustraba, buscando en él una contención inmediata o enojándose demasiado rápido. Noah, por su parte, aunque mantenía su coraza fría y distante frente al resto, aflojaba la postura únicamente cuando Eli estaba cerca. Lo escondían rete bien, usando la excusa del «nos conocemos desde pibes» como el escudo perfecto, pero a Morguina esa complicidad tan íntima le empezaba a generar una confusión hermosa y un shipeo excitante.
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