Escrito por Sammy
Pasaron tres semanas y la casa ya tenía su propio ritmo. La movida entre los tres encajaba sin un solo roce: Morguina salía temprano para el gimnasio y volvía pasadas las seis de la tarde, Eli llegaba a las tres con el lomo cansado del papelerío de la distribuidora de alimentos, y Noah aparecía a eso de las ocho, despejándose el chip de programador tras diez horas frente a las pantallas en la pyme del primo. El baño único jamás fue un problema y, casi sin planearlo, la mesa del comedor a la hora de cenar se convirtió en el punto de encuentro inevitable.
Morguina era un soplo de aire fresco en el departamento. A sus 30 años, tenía una calidez natural que no buscaba agradar por compromiso; si te ofrecía darte una mano con la cena o te servía un vaso de agua, lo hacía porque quería. Conversadora, empática y de risa fácil, aportaba un movimiento vital al que Eli y Noah no estaban acostumbrados.
Físicamente, llamaba la atención de una forma muy particular. Como instructora de pilates, su cuerpo estaba firme como una tabla, con unas piernas marcadas, buenas caderas y tez blanquísima que contrastaban con su busto pequeño. Sus ojos grandes y una boca expresiva enmarcaban un mentón afilado que más de una vez le había valido gastadas en su vida por no tener las facciones redondas o “dulces” esperadas en una mujer. Pero a ella le importaba un carajo, y esa seguridad le daba una presencia imponente.
Para los chicos, la convivencia con ella era un placer... pero también un terreno cada vez más minado.
Eli, con sus 25 años, sus ojos celestes brillantes, su pelo morocho despeinado y su dramatismo a flor de piel, no sabía disimular la atención que le provocaba. Acostumbrado a ser una montaña rusa emocional, la actitud servicial y sin juzgar de Morguina le aflojaba las defensas de un golpe. A su vez, Noah, de 26, erguido, esbelto, con sus ojos verdes fijos y su andar calculador, fingía que nada le afectaba, pero la mirada se le desataba cada vez que la veía cruzarse en ropa deportiva o cuando ella, en mitad de una charla de cena, se inclinaba sobre la mesa sin filtro alguno para escucharlo.
Las acciones simples de Morguina empezaron a calar hondo. No era solo la comodidad de la casa; era verla andar descalza por el pasillo, el olor al perfume que dejaba al pasar, la soltura con la que les acomodaba la remera si estaba doblada o el modo en que los escuchaba a ambos. La presencia de ella, tan física, cálida y resuelta, empezó a alterar la química entre los tres.
Eli reaccionaba con una impaciencia más evidente, buscando la mirada de Noah en busca de complicidad o contención cada vez que Morguina rozaba accidentalmente su brazo al pasar una fuente. Y Noah, con su frialdad, apretaba los dientes para mantener la compostura, aunque el pulso se le aceleraba en secreto cada vez que la veía sonreír. El pacto silencioso que tenían los dos empezaba a crujir bajo el peso de una atracción que ya no podían ignorar.
El primero en cruzar la línea de la intención fue Eli. El culo inquieto no sabía quedarse en el molde, guardarse lo que le pasaba era una tortura. A él no le salía disimular; cuando algo se le metía entre ceja y ceja, se le notaba en el cuerpo. Y lo que le pasaba con Morguina ya lo superaba.
Empezó a buscar excusas diminutas para generar el roce. Un cruce en el pasillo donde sus hombros se tocaban un segundo de más, estirar la mano para pasarle el repasador en la cocina haciendo que sus dedos se rozaran a propósito, o acomodarse en el sillón de modo que sus piernas quedaran pegadas mientras miraban la tele. Cada pequeño roce era para él una descarga de adrenalina pura. Noah lo observaba de reojo y la boca cerrada, detectando al toque la jugada de su amigo pero eligiendo mantener la distancia... por ahora.
Un martes, aprovechando que llegaba a las tres de la tarde y tenía la casa sola por unas horas, Eli decidió ir un paso más allá. Sabía que Morguina llegaba molida de dar clases en el gimnasio a las seis, con las piernas detonadas y ganas de tirarse a descansar.
Cuando Morguina abrió la puerta del departamento, acalorada y con el bolso al hombro, se encontró con una escena que no esperaba. En el pasillo, justo afuera del baño, Eli le había preparado una mesita improvisada con una toalla limpia y esponjosa, su bata favorita y hasta un par de sahumerios prendidos que dejaban un aroma suave a lavanda en el aire. La pava ya estaba puesta para el mate de después.
Eli salió de la cocina secándose las manos, con esa sonrisa expresiva y un poco ansiosa que lo describía al 100%.
¡Llegaste!, dijo, mirándola fijo con sus ojos celestes. - Pensé que venías re muerta de dar pilates, así que te dejé todo listo para que te des una ducha tranquila. El agua ya sale caliente.-
Morguina se quedó helada un segundo, sorprendida por semejante gesto de ternura. Nadie tenía ese tipo de atenciones con ella porque sí. Sonrió con la boca grande, ablandada por la actitud de Eli.
¡Sos un dulce, Eli, no te lo puedo creer! - soltó sin filtro.
Avanzó dos pasos, se le acercó y le plantó un beso cálido y firme en la mejilla, rozándole la piel con los labios un segundo más de lo habitual.
A Eli se le aceleró el corazón a mil por hora. El perfume de ella, su sudor, el calor del roce en la cara y la cercanía de sus cuerpos lo dejaron mareado. Mientras ella se metía al baño entre risas, él se quedó en el pasillo juntando el aire que se le había escapado del pecho.
Morguina entró directo al baño, cansada y con el cuerpo pidiendo agua caliente a gritos. Se desvistió rápido, tiró la ropa usada en el canasto y se metió abajo del chorro de agua. La cortina del baño, opaca y estampada con dibujos botánicos, la aislaba por completo, dejando solo adivinar la silueta de su cuerpo recortada por la luz y el vapor que empezaba a empañar los azulejos.
Al ratito, dos golpes suaves en la puerta interrumpieron el ruido del agua.
Morgui, ¿puedo pasar un segundo? ¡Me olvidé el perfume y tengo que salir a hacer un mandado! - pidió Eli desde afuera, con la voz un poco temblorosa por la excusa improvisada.
¡Pasá, pasá! Estoy atrás de la cortina, no pasa nada - respondió ella levantando la voz por encima del agua.
Eli abrió la puerta y el aire denso y perfumado del baño lo golpeó de lleno. El calor de la ducha inundaba la habitación. Dio un par de pasos hacia el lavatorio tratando de disimular la aceleración del pulso. Pero al pasar al lado del canasto, sus ojos cayeron inevitablemente en la remera que Morguina acababa de sacarse.
Con el corazón latiéndole en la garganta y aprovechando que los dibujos de la cortina le daban el cobertor perfecto, Eli se agachó con sigilo. Levantó la prenda con ambas manos y se la llevó a la cara. Inhaló profundo… el aroma de ella, una mezcla de su perfume floral con el calor propio de su piel después de trabajar, le inundó los sentidos. Sentir esa esencia tan concentrada le provocó una descarga eléctrica que le recorrió toda la columna. La atracción ya no era un simple capricho, era un deseo hambriento.
Se quedó un segundo ahí, con la remera pegada al rostro, masticando la tensión de estar a menos de un metro de ella mientras el agua le resbalaba por las curvas del cuerpo.
¿Lo encontraste, Eli? - preguntó Morguina desde la ducha, apoyando una mano contra el azulejo, haciendo que la cortina se moviera apenas.
Eli soltó la remera de golpe en el canasto, tratando de recuperar el aliento y la compostura antes de que se le notara en la voz.
Sí sí, acá lo tengo...! alcanzó a decir, parado al borde de la bañera, sintiendo que el vapor del baño no era lo único que estaba quemando en esa habitación. Eli tragó saliva, sintiendo el aire del baño denso y espeso como miel. La silueta de Morguina se dibujaba a través de la cortina, recortada por la luz húmeda.
No se fue. Llevado por esa pulsión instintiva y apasionada tan suya, dio un paso corto, casi imperceptible, hasta quedar pegado al borde de la bañera. Extendió la mano despacio, sin prisa, rozando con las yemas de los dedos la tela plástica de la cortina justo donde la sombra del hombro de ella se apoyaba del otro lado. Podía sentir el calor atravesando el material. El agua caía con un ritmo sordo, constante, creando una atmósfera envolvente donde el resto del departamento parecía haber desaparecido.
Morgui... - murmuró Eli. Su voz no fue más que un suspiro cargado de intencionalidad, un llamado sutil que flotó en el vapor.
Ella detuvo el movimiento de sus manos bajo el agua. El roce de los dedos de Eli contra la cortina marcaba una presencia demasiado física, una cercanía que cruzaba cualquier límite de la simple cortesía entre convivientes. La tensión en la habitación subió un peldaño más, volviéndose casi eléctrica, un hilo invisible apunto de cortarse por la intensidad del momento.
Morguina corrió apenas dos centímetros el borde de la cortina. Un hilo de vapor se escapó por la rendija y sus ojos grandes tropezaron directamente con la mirada celeste de Eli, fija, brillante, desnuda de cualquier disimulo. Él no dio un paso atrás; se quedó ahí, con el pecho agitado, sosteniéndole la mirada con una intensidad febril. El pulso de los dos repiqueteaba en el espacio reducido. El calor, el aroma, el deseo a punto de estallar...
Clack.
El sonido seco de la puerta de entrada abriéndose al fondo del pasillo actuó como una cesura brutal.
El corte fue instantáneo, un hachazo de realidad que congeló el sonido. Las llaves rebotaron sobre la mesa del recibidor (tintinear de cerámica) y los pasos firmes y pausados de Noah resonaron sobre el piso de madera.
¡Che, ya llegué! - retumbó la voz tranquila de Noah desde el living.
RE LINDO CHEEEE... QUIERO SABERLO TODO! me gustan los detalles, y la calidez de la historia. fluye super. y qué bueno que Eli agarró la remera de la chica, y no su bombacha como suele escribirse. ME ENCANTO!
ResponderEliminarHola! Gracias por tu comentario! Me encantó que te hayas dado cuenta de ese sutil gesto de Eli. Tomar la remera es más erótico, me gusta más que lo explícito. Pronto se publicarán los capítulos restantes! Esperalos ❤️
EliminarPor favor seguí escribiendo que me tiene encantada! Y si hay shipp de los chicos, mejor 🫦
ResponderEliminarhabrá de todo, creeme!
EliminarReee liiindoooo! Esos chicos le tienen que hacer el amor hasta que Morgui vea las estrellas! Me encanta como escribís!
ResponderEliminarTengo reservado un momento hermoso, para "ese" momento! gracias por leerme!♥
EliminarEstoy muy ansiosa por saber que se vieneeeeee. Me gustaría ser Morguina para sentir lo que siente ella, y mojarme la bombacha como le pasa, seguro. Espero que hoy se publiqe la otra parte
ResponderEliminarSiiii! ya está la siguiente parte! a Morgui se le moja todo, no sólo la bombacha!
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