Escrito por Sammy
La tensión acumulada en el baño se desmoronó de un tirón, dejando solo el silencio suspendido y el murmullo cotidiano de la ducha. Eli dio un salto imperceptible hacia atrás, recuperando el aliento mientras se acomodaba la remera. Morguina cerró la cortina de golpe, con el corazón latiéndole en la garganta y una sonrisa inevitable dibujándosele en los labios.
¡Acá estoy, en el baño! - alcanzó a responder Eli, intentando que la voz no le temblara mientras abría la puerta para salir al pasillo, cruzándose de frente con la mirada verde de Noah.
Noah cerró la puerta de entrada y se sacó la campera con su templanza habitual. Sus ojos registraron la escena al instante: Eli saliendo del baño a medio camino, acomodándose la remera con una soltura un poco impostada, mientras el vapor denso todavía se escapaba por el marco de la puerta.
Buenas - dijo Noah, cruzándose de brazos, apoyado contra la pared del pasillo. Su voz sonó tranquila. Antes de hablar, Noah le dedicó un movimiento de mentón hacia arriba y la ceja izquierda levantada. - ¿Qué hacías ahí adentro? Pensé que Morguina se estaba bañando-.
Eli sostuvo la compostura como un campeón durante los primeros cinco minutos. A simple vista, parecía el mismo de siempre.
Hola, Ná! - respondió Eli, sonriendo con soltura y caminando hacia la cocina. -Sí, ella está en la ducha. Le pedí permiso para entrar un segundo a buscar el perfume, que me lo había olvidado al lado del lavatorio. Quería ponerme un poco antes de salir-.
¿Adentro con el baño empañado a pleno? Raro en vos tanta urgencia por el perfume - retrucó Noah, siguiéndolo con paso lento.
En la cocina, Eli abrió la heladera para sacar un vaso de agua fría, buscando una excusa para darle la espalda un segundo y terminar de asentarse. Sirvió el agua, tomó un trago largo y se apoyó contra la mesada. Externamente no demostraba ningún nerviosismo; mantenía la postura erguida y la voz firme.
Noah se le acercó, sirviéndose un vaso también, manteniéndose a menos de un metro. Lo observó en silencio un par de segundos, leyendo cada microgesto.
¿Y cómo estás? - preguntó Noah de golpe, suave, sin levantar el tono.
- Bien, espectacular. Cansado del laburo, como siempre. Con un poco de dolor de cabeza - contestó Eli, clavándole la mirada celeste con intensidad.
Pero Noah lo conocía de toda la vida. Sabía leerlo mejor que nadie. Y ahí, en el brillo fijo de las pupilas de Eli, detectó el indicio delator: un temblor imperceptible en los ojos, esa mioquimia ocular involuntaria que a Eli solo le daba cuando la emoción o la adrenalina le desbordaban el cuerpo.
Noah no dijo nada sobre el tema. Dejó el vaso sobre la mesada con un golpe seco y dio un paso más, acortando la distancia hasta quedar a milímetros de su cara. Sin perder la calma, lo agarró con suavidad de la nuca y aproximó su boca a la de Eli. Le dio un beso corto, un roce de labios húmedo e intenso, cargado de posesión. Sabiendo exactamente lo que había pasado en el baño, oliendo la adrenalina en su piel, Noah le marcó el ritmo con la soltura natural que le daba su impronta leonina y su lugar dominante en la relación.
Se hizo para atrás con la misma delicadeza, sosteniéndole la mirada mientras Eli se quedaba sin aliento, con los labios todavía latiendo por la electricidad del contacto.
- Tomate un ibupirac para la cabeza - dijo Noah con un hilo de voz sereno, dándole una palmadita suave en la mejilla antes de darse vuelta y dejarlo solo en la cocina.
Eli quedó al borde del colapso. Lo que había pasado en el baño con Morguina lo había dejado ardiendo, y esa estocada final de Noah en la cocina terminó de desatarle el nudo en el estómago. La adrenalina le corría a mil por hora, mezclada con una confusión tan intensa que el pecho se le abría en dos. No podía ir a golpear la puerta de Noah; sentía que parte de semejante calentura la había despertado Morguina, y meterse con él en ese estado le parecía casi una traición. Necesitaba apagar el incendio solo, saciar esa urgencia con sus propias manos.
Casi sin aliento, caminó hasta su habitación, se metió de golpe y giró dos veces la llave.
Del otro lado del pasillo, Noah escuchó el clack seco de la cerradura. El sonido actuó en él como un detonante inmediato. El tipo no soportaba la duda. Se apoyó contra la pared divisoria, conteniendo la respiración, pegando la oreja a la pintura para intentar percibir el más mínimo movimiento. Pero el aislamiento del edificio antiguo apenas dejaba pasar un murmullo sordo.
Llevado por esa pulsión voyeur que le quemaba las entrañas, Noah se dio vuelta rápido, se acercó a la ventana de su cuarto y la abrió de par en par. Asomó la cabeza con cuidado, mirando hacia la ventana de Eli, y suspiró para sus adentros al ver que estaba abierta hasta la mitad. La fortuna estaba de su lado. Se quedó ahí, inmóvil en la penumbra, afinando el oído para cazar cualquier vibración del aire.
Dentro de la habitación, Eli no aguantó más. Se tiró de espaldas sobre la cama sin sacarse del todo la ropa, desabrochándose el pantalón con manos torpes y temblorosas. Cerró los ojos con fuerza y se entregó a acariciarse con un ritmo desesperado. En su cabeza las imágenes se chocaban con violencia, la piel blanquísima de Morguina entre el vapor del baño, el olor a su perfume floral mezclado con la transpiración de la remera, y encima, como un sello ardiente, la presión helada y dueña de los labios de Noah en la cocina.
Cada roce de su mano era un chispazo que le sacudía la espina dorsal. De su boca empezaron a escaparse jadeos entrecortados, gemidos ahogados que la acústica transportaba con una claridad lujuriosa.
Afuera, Noah escuchó el primer suspiro. El sonido de la respiración agitada de Eli resonando contra el aire de la tarde le encendió la sangre. Escuchar a su compañero entregado a su propio placer, sabiendo que la causa de semejante calentura era una mezcla entre el deseo por Morguina y la marca que él mismo le había dejado, lo volvió loco. Sosteniendo el marco de la madera, Noah se quedó petrificado en la ventana, devorando cada jadeo que venía de la pieza de al lado.
Noah gemía sin siquiera tocarse; el solo hecho de escucharlo a escondidas, de devorar sus jadeos sin permiso, alimentaba de lleno su fetiche voyeur y lo satisfacía por completo. Con el pulso retumbándole en los oídos y una sonrisa felina en los labios, cerró la ventana despacio, dejando a Eli a solas con su delirio.
Ajenísima a la tormenta que acababa de desatar en el pasillo y en las habitaciones, Morguina seguía bajo el agua. Se había quedado sonriendo sola, con el cuerpo tibio y la cabeza revolucionada.
Ahí llegó el riquísimo de Noah... - murmuró para sí misma en un susurro juguetón.
Se mordió el labio inferior, sintiendo un cosquilleo eléctrico que le bajó por la espalda. No había vuelta que darle: los dos pibes la volvían loca, cada uno a su manera.
Apoyó la espalda contra los azulejos mientras el chorro de la ducha le caía directo en la cabeza. Sacó su jabón líquido de rostro para limpiarse la cara con movimientos circulares, envuelta en esa nube dulce con aroma a lilas que salía de su shampoo. Entre refregón y refregón, empezó a pensar en voz alta, alternando entre el relato de lo que le pasaba y la charla directa consigo misma.
¡Me quedé muda de la impresión, boluda! - se dijo riéndose despacio, recordando la mirada celeste de Eli a través de la cortina rendija de por medio. - ¿Qué le pintó a este pibe? Me tembló todo-.
Se puso un poco de pasta en el cepillo y empezó a lavarse los dientes ahí mismo bajo el agua, cavilando entre espuma y chorros tibios. Eli le parecía una cosa hermosa. Era tan dulce, tan transparente y tierno... le hacía acordar a un oso de peluche o a una porción de cheesecake de frutos rojos: algo suave, intenso, que te tienta a darle un mordiscón y no soltarlo más. Le enternecía el corazón. Con Eli le daban unas ganas terribles de abrazarlo, de meterle las manos en el pelo morocho y mimarlo hasta cansarse.
Noah, en cambio, era otro cantar. A Noah no le daba ganas de abrazarlo; a Noah quería mirarlo fijo a los ojos verdes, medirle la distancia y encontrarle la vuelta hasta doblegar esa coraza fría que llevaba puesta todo el día. Quería ver cómo se le desarmaba la compostura si ella se le plantaba de verdad.
Escupió la pasta de dientes, se enjuagó la boca con el agua de la lluvia y se pasó las manos por la cara para despejarse el chorreadero de la pasta.
Qué flashes me estoy pegando, por favor! … Y shi gordi - suspiró con una mueca divertida, y se dio una nalgada (Tch!). Luego agarró la toalla suave que Eli le había dejado preparada afuera. -Como si dos pibes así se fueran a fijar en mí al mismo tiempo. Es pura fantasía tuya, Morguina! -.
Se envolvió en la toalla sin saber que, del otro lado de la pared, la realidad ya había superado a cualquiera de sus pensamientos.
NO NO NO NO NO NOOOOOOOOO! Por qué tengo qe esperar tanto ahora? Naaaaaa, me matoooooo! Eli toqueteándose solito, el otro espiando, y la piba en la ducha, dándose chirlos en la cola. me re muero muerta y morida. Me encanta esta story Sammy. ¡¡¡¡¡NI SE TE OCURRA CORTARLO!!!!!!
ResponderEliminarJejeje los chirlos... Me divertí mucho escribiendo la conversación que tiene morgui en la ducha. No lo cortaré, no te preocupes que hay más! Gracias por comentar 😊
EliminarBrrrrrrr, qué escalofríos tuve en todo el cuerpo cuando leí este cap! Mola mal lo que hacenn estos pebetes. yo quiero ser la Morgui. creo que me los re chaparía así nomás, de onda, envuelta en una toalla, con el pelo mojado. me encantaría que me agarren poniéndome la bombacha. Che, seguilo, porfiiii!
ResponderEliminarEn mí imaginación Eli y noah son todo lo que me gusta en un hombre pero en dos... Mucho mejor no? La semana que viene sale una nueva parte! Gracias por leerme bella y pervertida persona ❤️
EliminarQue ganas de ser Morguina y que me agarren entre los dos a sanguchito, a peluchito, a pelo, y que Noah lo agarre a Eli y lo haga morder la almohada también 🫦
ResponderEliminarJajaja a pelo! Están para montarlos. Amo el shipeo así que habrá de Eli y noah! 😉
EliminarMe encanta me encanta me encanta me encanta.... y podría poner miles. graaaccciaaaaasssss
ResponderEliminarA ti hermosa! 🤩
EliminarUuupa la pupa... Acá estoy, tirada en la cama, leyendo todos los capitulos de nuevo. Qué lindos los 3. 3 divinuras. bueno, ya sabemos como te gustan los hombres Sammita. y las nenas? a ver si tengo espereranzas. Como joden mis viejos. tengo q ir a comerrrr.
ResponderEliminarLas nenas... Nunca me lo plantee del todo, déjame que piense y en un próximo relato te cuento mí ideal. ❤️✨
EliminarNo suelo leer este tipo de relatos. Pero transmitís muy bien el erotismo y las lindas sensaciones de las hormonas alocadas de esos jóvenes. Felicitaciones!
ResponderEliminarQué gusto leer este mensaje! Traer a alguien a leer este tipo de relatos es como convertirlo religiosamente jejeje. Amo el erotismo, y si sentís que sé transmitirlo, significa que voy por buen camino. ❤️
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