"Otros ratones": EL 2do A - Capítulo 4

Escrito por Sammy

Capítulo 4: humo y desinhibición

Morguina salió del baño dejando tras de sí una estela de vapor perfumado a lilas y jabón dulce. Caminó a pasos descalzos por el pasillo, envuelta únicamente en el toallón blanco y esponjoso que le había dejado Eli y que le ajustaba bien sobre las caderas.

Apenas a unos metros, la puerta de la habitación de Eli se entreabrió unos milímetros con un chasquido imperceptible. Eli, que recién terminaba de recuperar el aliento y la compostura tras su propio momento, asomó el ojo justo a tiempo para verla pasar. El movimiento de sus piernas firmes, la tez blanca haciendo juego con el toallón y las gotas de agua deslizándose por sus hombros le hicieron dar un vuelco al corazón. El pechito le volvió a latir a mil, como un tambor desbocado entre las costillas.

Morguina se metió a su cuarto y cerró la puerta. Necesitaba terminar de desconectar del día, así que puso una playlist de chill out a volumen suave que empezó a llenar el ambiente de frecuencias envolventes. Agarró un armado de mari que tenía guardado en la mesita de luz, le dio una seca profunda y largó el humo despacio hacia el techo, sintiendo cómo el cuerpo se le aflojaba del todo.

Con esa sensación flotante y la música recorriéndole las venas, se sacó el toallón y se puso a bailar sola, completamente desnuda en el centro de la pieza. Movía los brazos con fluidez, dejándose llevar como si estuviera ingrávida en medio del universo, riéndose despacio para sus adentros mientras aprovechaba la viada para ir acomodando un par de prendas desparramadas en la silla.

Al rato, se puso una remera blanca bien holgada que le caía limpia hasta la mitad del muslo, justo entre las rodillas y los glúteos, dejándole al aire las piernas. Seguía con la vibra alta: daba vueltas por la pieza extendiendo los brazos en grande, disfrutando del roce de la tela fresca contra la piel recién bañada.

Movida por ese impulso alegre, se asomó a la ventana que daba a la calle y le agitó la mano con una sonrisa gigante a una vecina conocida del barrio que pasaba por la vereda.

Eli, que desde su pieza escuchó el barullo lindo y la música, no aguantó la curiosidad. Sacó la cabeza por su ventana, que daba al mismo frente en ángulo, y la miró.

¡Buenas! - la saludó Eli con la voz clara y una sonrisa transparente de oreja a oreja.

Morguina se dio vuelta al escucharlo. Los dos se sostuvieron la mirada en el aire fresco de la tarde, compartiendo una complicidad instantánea que no necesitaba palabras. Al cruzarse la celeste mirada de Eli, Morguina sintió un calor repentino en los pómulos y se sonrojó de golpe.

El contraste era una exquisitez visual pura (pensaba Eli): su pelo castaño, ondulado y mojado cayéndole apenas hasta los hombros, enmarcaba unos ojos grandes color miel que brillaban con intensidad bajo el tono rosado que le encendía las mejillas. Eli se quedó sin aliento en la ventana, fascinado por la imagen de esa mujer tan libre, hermosa y real que acababa de trastornarle la vida.

Tras esa mirada suspendida en las ventanas, cada uno volvió por un segundo a su mundo, pero la inercia ya era imparable.

Eli, impulsado por esa necesidad de acortar distancias, caminó hasta la habitación de Morguina. Golpeó despacio con los nudillos y asomó la cabeza.

Che, Morgui... ¿me convidás una seca? - pidió con esa soltura dulce y una sonrisa de ojos brillándole de ganas.

Noah, que venía siguiendo cada movimiento desde el pasillo como un cazador paciente, no tardó ni dos segundos en sumarse al umbral.

El ambiente adentro de la pieza se volvió espeso al instante, cargado de un deseo irrefrenable que trascendía lo puramente físico. Era una corriente más profunda, una especie de revelación o amor a primera vista multiplicado por tres: ese chispazo magnético que te deja pegado al otro, con el alma fascinada y la necesidad urgente de no despegarte jamás.

Noah se quedó parado en la entrada, pasándole una revista lenta y minuciosa a la figura de Morguina. «Es hermosa, no se puede creer», pensaba para sus adentros con la cabeza ardiendo. Verla con esa remera blanca holgada, el pelo ondulado y mojado dejándole marcas húmedas sobre la tela a la altura de los hombros, era una tortura. «Esta mina me está matando. Pero necesito saber qué hizo Eli en el baño. Lo voy a agarrar más tarde y hasta que no me lo cuente con lujo de detalles, no lo voy a soltar».

Convidame a mí también - soltó Noah con la voz grave y serena, rompiendo el trance de sus propios pensamientos. Miró alrededor y señaló un sillón individual que Morguina tenía cerca de la ventana. - ¿Me puedo sentar acá?

Obvio, pasen, pónganse cómodos - respondió Morguina con una sonrisa ancha, entregándoles el fasito.

Yo me tiro en el piso - acopló Eli, acomodándose sobre la alfombra a los pies de la cama, buscando quedar bien cerca de las piernas de ella.

Empezaron a hablar de cosas cotidianas: el bajón del laburo, las locuras de la gente en el gimnasio y el papelerío de la distribuidora. Pero por debajo de la charla de compromiso, el aire quemaba.

Noah en el sillón le sostenía, a Morguina, una mirada fogosa, directa, casi animal. Cada vez que ella le respondía una frase, Noah le clavaba los ojos con gran intensidad. Sentía que esos ojos grandes color miel de Morguina eran un pozo infinito; pensaba que si se dejaba llevar un segundo más, se podría hundir completo en ellos.

Mientras tanto, en el piso, Eli no perdía oportunidad. Llevado por su impulso pasional, cada vez que estiraba la mano para pedir o pasar el faso, buscaba el roce disimulado: un toque suave en los tobillos descalzos de Morguina, la yema de sus dedos rozándole la palma de la mano a ella o apoyando la espalda contra el borde de la cama, rozándole la rodilla.

Morguina, en el centro de ese fuego cruzado, sentía cómo la realidad de la casa se le abría como una grieta. Los tres estaban atrapados en una misma frecuencia, deseándose entre sí, sintiendo que la órbita de ese departamento tenía tres soles.

Eli rompió la posición en el piso y se puso de pie con lentitud. La música chill out llenaba los rincones mientras Noah, llevado por la inercia cálida del ambiente, se acercó a Morguina. Sin decir palabra, la tomó con delicadeza por la cintura y bailaron, suspendidos en ese espacio donde el deseo se mezclaba con el humo y la risa suave.

- Vengan, miren - dijo Morguina con voz susurrada y grandes gestos en sus ojos como con curiosidad. Lo hacía bailando de un lado a otro y señalaba el techo.

A pesar de ser de día, el techo de la habitación era un pequeño universo recortado. Tenía pegadas decenas de estrellas fosforescentes de diferentes colores y planetas a escala que brillaban con una luz tenue y mágica.

Morguina se tiró de espaldas en el centro de su cama de dos plazas, pero lo hizo de forma opuesta a como dormía habitualmente, apoyando la cabeza hacia los pies del colchón.

- Otra perspectiva te hace ver cosas totalmente distintas... vengan, acostándose se ve genial - los invitó sonriendo, dándole un par de toques a la sábana.

Con la música sonando un poco más fuerte, flotando en el aire, los chicos no lo dudaron. Cada uno se acomodó a un costado de ella, tirados de espaldas mirando hacia el techo estrellado.

Se quedaron en silencio. Un silencio denso, envolvente, sumergidos en un rato de tiempo indescifrable. La marihuana no les permitía sentir las agujas del reloj en tempo de negra 60; la vibración del tiempo se distorsionaba y dilataba a gusto del consumidor, volviendo cada segundo un territorio infinito.

Los sentidos de los tres resonaban en frecuencias distintas, amplificados por la droga y la cercanía:

Eli, hípersensible a los aromas por naturaleza, se embriagaba con el perfume fresco de la habitación de Morguina, una mezcla deliciosa de lavanda, humo y la piel recién bañada de ella. Sentía sus propias manos recorridas por un frescor divino y la piel del cuello tan sensible que el simple roce del aire lo hacía estremecer.

Noah, con su oído fino y su melomanía innata, tenía la mente divertidísima rastreando cada capa de sintetizador y cada bajo de la música, sintiendo cómo el sonido le rebotaba directo en los tímpanos. Al mismo tiempo, sus piernas descalzas registraban una sensibilidad eléctrica al contacto con el aire del ambiente.

Morguina, cuya sensibilidad máxima estaba en el tacto, sentía el peso de los dos cuerpos hundiendo el colchón a sus lados. Sentía sus propios pechos suaves rozando la textura del algodón nuevo de la remera larga, mientras los costados de su cuerpo ardían en un calor casi magnético por la presencia de Eli y Noah pegados a ella.

Ahí, suspendidos entre estrellas de plástico, humo y frecuencias graves, los tres flotaban en una misma órbita, mismo aire, mismo sonido y mismo tacto, pero diferente universo.

Morguina comenzó a moverse en la cama al ritmo de la música. Con cada balanceo, por la simple ley de gravedad y la inclinación del colchón, el cuerpo de los chicos se acercaba naturalmente hacia ella por la inercia de sus movimientos.

Eli y Noah sintieron un latigazo de nerviosismo, ansiedad y sorpresa. Sabían perfectamente que Morguina era una mujer libre y transparente, pero jamás se hubieran imaginado conocer esta faceta de ella. Esa desinhibición completa, propiciada por la marihuana, la mostraba en un estado de pureza total. Dominados por la mismísima Afrodita y entregados a la magia del momento, ambos dejaron que ella bailara y permitieron que sus cuerpos se deslizaran hasta quedar pegados completamente a los costados de Morguina.

El contacto de la piel marcó sus propias texturas. Noah estaba en musculosa, pero la remera de Morguina tenía mangas cortas, así que sus brazos se encontraron suavemente a partir de la altura del codo, sintiendo el calor mutuo. Del lado de Eli, en cambio, la remera holgada de ella se había corrido hacia arriba por el movimiento, dejando al descubierto el hombro; así que Eli y Morguina chocaron piel con piel bien arriba, a la mitad del bíceps, en un roce tibio y directo.

En un gesto fluido y lleno de alegría, Morgui les agarró las manos a los dos y las elevó hacia el techo estrellado, guiándolos en una danza aérea mientras los tres se reían. Los chicos la siguieron sin dudar, y en ese ir y venir de manos elevadas, empezaron a tocarse los brazos entre los tres, entrelazando los dedos y sintiendo las distintas temperaturas y texturas de sus pieles. Ellos no lo sabían, pero Morguina no tenía ropa interior.

Cuando terminaron de recorrerse los brazos, Morguina soltó suavemente sus manos para acariciarles la cabeza. Pasó sus dedos entre los rulos desordenados de Eli y, mirándolo con dulzura, le soltó:

¡Ay, qué cosita! - mientras lo despeinaba entre risas.

Acto seguido, estiró la otra mano hacia el pelo castaño de Noah, rozándole la frente y mirándolo fijo a esos ojos verdes que no dejaban de brillar:

- Hola, guapetón... - le dijo con una picardía hermosa.

Eli y Noah estallaron en una risa contagiosa que retumbó en las paredes de la pieza. Morguina se había entregado por completo al momento, sin ninguna traba, sin máscaras, sin velos ni filtros de por medio. Los dos pibes la estaban conociendo en su versión más auténtica y desnuda, fascinados de compartir el mismo aire con ella.

El juego era de una pureza tan linda que la sola satisfacción de estarse conociendo así, sin caretas, bastaba para llenarles el pecho.

Noah, con su pragmatismo pero con una sonrisa que no se le borraba de la cara, cortó el momento para ofrecer algo de tomar. El viernes se estaba poniendo buenísimo y él tenía «tremenda sed, de la mala», porque la mari le había dejado la boca hecha un cartón.

¡De una! - dijeron Eli y Morgui casi en sincronía, pegando el salto de la cama.

Salieron de la pieza abrazados entre los tres, haciendo fuerza para caminar juntos apretujados por el pasillo hasta desembocar en la cocina. Armaron equipo al toque: mientras Noah preparaba unos Fernet bien cargados y unos Martini Bianco estirados con vino blanco Chenin para darles ese toque más dulce y refrescante, Morguina sacó de la heladera unos platitos con frutas cortadas y fiambres que había comprado el jueves con la idea fija de malcriarlos un poco el viernes, para festejar que habían sobrevivido a otra semana más en este mundo.

Morgui fue a buscar su parlantito bluetooth a la pieza y lo trajo a la cocina para que el chill out le diera ambiente al picoteo. La fiesta improvisada se mudó de par en par a la mesada.

Charlaron de todo un poco entre sorbo y sorbo. Morguina, con los ojos miel brillándole de entusiasmo, les contaba lo contenta que estaba con sus alumnos del gimnasio, sobre todo con un grupo de cuatro señoras que iban dos veces por semana:

Las amo, boludo, están súper empoderadas. Voy a dar la clase y siento que la que termina aprendiendo de la vida soy yo - decía riéndose mientras agarraba un cubo de queso.

Noah les contó que su primo había cerrado un par de contratos nuevos para la pyme de programación. Significaba que los próximos meses se venían picantes de laburo y con bastantes horas frente a la computadora, pero la paga iba a ser excelente.

Eli, por su parte, se despachó con los chismes de la distribuidora de comestibles. Como buen escorpiano, de su propia vida privada y de sus sentimientos más profundos no soltaba una data ni loco, pero para contar las internas, los líos amorosos y las peleas de oficina de los demás era un número uno absoluto, un GOAT. Los hacía matar de la risa detallando cada drama como si fuera una telenovela de la tarde.

Los tres reían, tomaban de los vasos y picaban algo, flotando en esa complicidad relajada que los unía cada vez más.

Las dos semanas siguientes pasaron como una marea lenta y densa, donde la rutina aparente disimulaba una transformación irreversible. La casa seguía funcionando con el mismo engranaje de siempre, pero la frecuencia en la que respiraban los tres ya no era la misma.

Esas dos horas sagradas, entre las seis de la tarde cuando Morguina cruzaba la puerta molida de dar pilates, y las ocho de la noche cuando Noah aparecía tras su jornada en la pyme, se convirtieron en el territorio exclusivo de Eli.

Eran dos horas de pura tensión dulce. Eli esperaba ese momento del día con ansiedad. El juego entre los dos se volvió una danza de roces constantes y gestos cuidados: mates servidos en silencio, los pies de ella descansando en el regazo de él mientras comentaban el día, y esa costumbre de buscarse con la mirada en cada pausa. Eli no ocultaba la fascinación que sentía por ella; cada sonrisa de Morguina le aflojaba las defensas, haciéndolo caer más y más profundo en lo que sentía.

Noah, por su parte, ejercía su presencia desde una calma dominante y calculadora. Durante las cenas de a tres, no necesitaba impacientarse para hacerse notar. Le bastaba sostenerle la mirada a Morguina desde el otro lado de la mesa obligándola a morderse el labio y apartar los ojos antes de delatarse.

Pero donde Noah descargaba toda la intensidad acumulada era puertas adentro. En el silencio de la noche, dentro de la habitación, las sesiones de amor y deseo entre él y Eli se volvieron más feroces, casi urgentes. Noah lo buscaba con posesión, sujetándolo de la nuca y acorralándolo contra el colchón, sacándole entre suspiros y jadeos ahogados cada detalle, cada roce y cada mirada que Eli había compartido con Morguina durante la tarde. Noah se alimentaba de esa confesión, usando la atracción que ambos sentían por la misma mujer como un combustible ardiente para la relación que ellos dos mantenían en secreto.

 


Comentarios

  1. Fanny24/9/26

    Nooooooooo! Se me va a morir la puchaina Sammyyyyy! Ey, que terrible y lanzada la Morgui. fue capaz de acostarse en su propia cama con esos bombones, sin bombacha, y les agarra las manos! qué le pasa? No pueden ser más lindos. Hay chance que se publique hoy el nuevo capitulito? Sí, por supuesto. No Sammy? Jaaaaa! Me encanta este lío de cosquillas que me genera tu historia!

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    1. Sammy26/9/26

      Me encanta imaginar a morguina siendo libre! qué mas libre que sin bombacha? jeje me agrada saber que mi historia te genera cosquillas... cuando escribí sentí lo mismo, es más lloré también... imaginando un mundo en el que quisiera estar. gracias por llegar mas rápido que flash a mi historia muakis mil (como mara brunetta jajaja)

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  2. Georginita25/9/26

    Naaaa!!!!!! me dijiste bella y pervertida! veni y haceme el amor cdo qieras. Nadie me dijo bella. y pervertida, sí, lo soy ¿y qué? soy re chancha, y ahora vos me qmas con estos chicos. morguina y todo ese humo con esos pibes. manso viaje. mansa flasheada me pego che...... no pares, así no pares, dame mas Sammy.

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    1. Sammy26/9/26

      Georginita chancha y bella (dos puntos jeje): los chicos se pegaron un fly de los buenos, consejo: escucha la misma música que ellos mientras leas, en preferencia chill out instrumental. Te voy a dar lo que queres, pero todo a su tiempo ansiosa golosa.

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  3. Muy lindo y sentido. Te doy un consejo. Hacete un club de fans con estas niñas, que te adoran!

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    1. Sammy26/9/26

      Quiero club de fans con niñas y niños, queres ser el presidente de los muchachos? jajaj gracias por leerme y sentirlo.

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  4. Holiwiiiis! Che, ya necesito que se den como en la guerra. no chicas? Yo la re flasheé con que Morgui le de frutitas en la boca a los pibes, o que se ponga algunas en las tetas, y ellos las agarren con sus bocas, y sus lenguas se encuenten, y sus cuerpos se vayan pegoteando un poco, y, ¡AAAAAAAAYYYYYYYY! ¡Me voy a morir muerta de tanta locura sexual! Me vuela la cabeza esta historia!

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    1. Sammy26/9/26

      Mi estimada holiwera! para que haya guerra antes debe haber batallas, tendrás que vivir primero todos los intercambios, roces, miradas y ansiedades que se produzcan antes de la belicosidad sexual! muakis y te quiero ♥

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  5. Gracielita26/9/26

    Sammy, qué bien fluye tu historia. Amo la literatura erótica, casi tanto como la bien explícita y guarra. Imaginate que a mis 57 años leí, vi y escuché bastante. Bueno, adelante con esta historia, que por lo que veo, tenés cautivadas a estas muchachitas. Me gustaría saber si, aceptás pedidos de historias eróticas para escribir, y publicar. No hace falta que sea en capítulos, por supuesto. Un cálido beso.

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    1. Sammy26/9/26

      Gracielita bienvenida a mi club de fans jejeje, te agradezco inmensamente tu hermosísimo comentario. La experiencia es como un decanter enológico, me dejaste llegar a tu cerebro con sutileza y desprendiste en mi tus elegantes palabras. Gracias por leerme, otro beso. (con respecto a si puedo escribir historias eróticas a pedido, quisiera que primero tomemos un café virtual y lo charlemos)(podrías comunicarte con ámbar para pedir mi contacto?).

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  6. Luana26/9/26

    Muy bueno cheeeee! aplausossssss!

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  7. Diegote26/9/26

    Excelentes dedos Sammy! Me encantó. Quiero más!

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    1. Sammy26/9/26

      Diegote, dice el señor Jaime que "no se lo merece" jajaja, mentirita. Viene mucho más, espero que te guste! besitos y gracias por dejarme saber lo que pensas.

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  8. Fanny27/9/26

    Siiiii bolas, que genia sos! Aguante Marita! igual, yo, por delante y por detras... prefiero todo por delante... las gomis, la conchi, y la boqui. aunque vengo floja ultimamente. faaaaaa se re abría la piba. bueno, vos sos la culpable por mandarte una historia q me gusta mucho. aaa, y andar sin bombacha es lo maaaas. y pedirle a alguien te la saqe a los tirones, tmb. volví a leer todo de nuevo. necesito maaaas. bueno q tengas lindo domingo Sammy. Fannita se va! Muakis en la bombi, si tenes!!!!!!!!!!!!

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    1. Georginita29/9/26

      Cheeeeee, pará Fanny! No coquetees con Sammy, q no te la presto ni a gancho mamu. Aparte, yo soy su chancha golosa!!!!!! sabeloooo!!!!! Y, Sammy, no la escuches, q a esta le gusta andar sin bombacha por la vida!!!!! jajajajajajajassss!

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    2. Sammy5/10/26

      Las quiero a las dos, seamos amigas las tres ♥

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