Escrito por Diablito
Cuando me levanté ese día fui al baño… y sí, me vino. No me quise poner nerviosa. Pensaba en pegarme una toallita y listo. De la nada, mi novio se levantó de la cama y vino a verme al baño (siempre dejábamos la puerta entornada). Me preguntó con esa voz grave y media dormida: — ¿Te vino, bebota?
Le dije que sí, y le recordé lo del otro día, cuando cogimos sin forro, justo cuando yo terminaba de ovular.
— No sé cómo no me hiciste un bebito, Eric—, le dije riéndome. Él se rio también, pavo como siempre, pero se sentó en el piso del baño y me miró con esa cara de chancho que me mata.
— Vení acá — me dijo, agarrándome de las caderas.
Me paré cerca suyo, con las piernitas abiertas. Me chupó toda… se llenó la carita de sangre y le encantaba al puerco. A mí también me gustaba pensar que me deseaba en cualquier etapa del ciclo: cuando era una diosa griega fértil y cuando me sentía gorda y fea al menstruar. Al fin y al cabo, a sus 33 era un pibe joven, re contra lindo, carismático y muy charlatán, podía tener a cualquiera. Pero la única que pudo retener a ese ídolo fui yo. Después de todo, pensaba que no siempre encontrás una conchita virgen a los 21. Que apriete, que esté muy lubricada, que sea rosita y, si querés más todavía, que esté peladita. Y eso, acompañado de una mujer caderona, con lindas tetas, abdomen marcadito pero grasita femenina y hormonal en donde debe haber. Pelo lindo, cara tersa de nena, y fetiches y ganas de sexo por doquier.
El sol hizo su trabajo en nuestras figuras. A ambos nos gustaba tomar sol y así nos conocimos, bronceándonos en un lugar verde. Yo vi su bulto paradísimo en el short mientras me miraba con insistencia, que estaba de espaldas al sol, y se acercó. Me dijo que estaba buenísima, así sin más. Yo no me quedé atrás y le dije que él también, y se sentó al lado mío en el banco de esa plaza. Me animé a tocarle los pectorales y los bíceps, y él me agarró de la nuca y me tranzó. Era mi primer beso. Y es mi primer y único hombre hasta hoy. No pienso cambiarlo.
Con tal solo decir que esa tarde, después de chuparme la conchita, me llevó a la cama, puso un toallón debajo y se colocó encima mío... solita le abrí las piernas. Eric es un hermoso ejemplar de macho en un cuerpo aún joven, saludable y preñador, imposible resistirse. Quisimos jugar a que él me violaba también, pero fue en vano. No podía seguirle el juego de decirle que no. Yo siempre quiero su pija, y me cuesta hacerme la violada cuando, yo le pongo más cara de violadora. Dormidita es cortita, pero cuando se le para (que es bastante seguido), se pone de un tamaño considerable, lo suficientemente larga y gruesa para dar placer. Pero lo que más me gusta es su cara de chancho. Cuando me mira a los ojos con los suyos tan celestes, pareciera más pervertido que si los tuviese de otro color. No sé por qué.
Su pija entraba fácil porque la sangre, si bien no lubrica porque no es viscosita, teníamos todo su presemen untándose dentro mío. Él lubrica un montón. Me agarraba de la cadera y entraba y sacaba la verga toda roja, sin forro obvio, alegando que hoy me podía largar adentro toda la cantidad de semen que quisiera porque no hay chance de hacer bebitos. Tenías que verlo a mi novio estudiando el ciclo sexual femenino solo para saber cuándo regarme toda de leche, y cuándo lo iba a obligar a usar globito. La concha la sentía re hinchadita, y la pija que a veces salía y él apuntaba mal y la golpeaba contra mi clítoris o mis labios dolía un poquitín, pero se sentía rico, audaz, peligroso, rudo, y violento.
Cuando me acabó adentro, yo también acabé sintiendo tanto fluido por ahí dando vueltas. Obvio que la lechita se fue despedida con la sangre ni bien me paré. Cada día le tocaba otra cosa a mi degeneradito.
Me desperté para ir al baño a la noche. Él me dijo “volvé a la cama mi amor”, y me agarró de la cintura con un brazo para tirarme de vuelta a la cama. Su mano era del tamaño de mi torso entero. Muy grandote. Me tenía como quería. Y la pija no se le bajaba más. Me dijo “sentate en mi cara y haceme pipí mi amor”. Le dije ¡Ay nene, sos un asqueroso! ¡Te superás eh!
Le histeriqueé un poquito cruzada de brazos, sin mirarlo. Pero él me rogó. Su pito largaba juguito como llorando que se lo haga. Entonces despacito porque soy pesada me puse de cuclillas sobre su rostro, con los pies a cada lado de su cabeza. Me agarré la conchita y empecé a disparar mi pis justo en su boca sedienta. Le encantó. No dejó de pajearse en ningún momento, mientras lo bendecía meándolo todo. Obvio que no pudo tragar todo como él me juraba que podría, siempre tan creído que es. Obvio que también, el colchón lo tiramos porque no servía más.
Esa vez quedó tan paradita su verga que me tomé una lechita tipo 3, 4 am y me fui a dormir. No podía dejarlo así. Eric me pesadeaba con que le dolía y me la clavaba en la cola toda la noche. Él frotándose no te dejaba dormir ni a gancho.
Otra obviedad es que sus excentricidades no terminaban ahí. Mientras le chupaba la pija, enviciándome con ese cuerito, corriéndolo con mi boca y con mis dedos, besando esa cabecita y ese tronquito y lamiendo el frenillo como tan loco lo ponía a él, me pidió que le chupe el orto. Tenía su lado amanerado, metrosexual como se decía en su época, donde sus dientes tenían que brillar de blanco como lavados con Cif, los músculos estar tallados, el bronceado parejísimo (ya de cama solar) y otras cuestiones sobre su ropa y eso. No me pareció raro que me salga con chuparle el culo. Yo pensaba que nunca en mi vida iba a acceder a eso, pero a la vez imaginaba la torrencial lluvia de lechita que se venía a mi boca si le hacía eso… y sí, bajé la lengua a sus huevos, que me metí a la boca con gusto, uno por uno, olfateando y saboreando hombre, testosterona, y después le chupé el culo, con ganas, como él se merece. Iba subiendo y bajando, chupaba pija, le apretaba los huevos con delicadeza, sintiendo su rugosidad (sin pelitos claro) y le bordeaba con la lengua la cola. Él dijo que nadie lo puso tan loquito como yo. Era como hacerle un amarre. Cuando empezó a respirar rápido y a mover la cadera hacia arriba, como penetrando, le dejé un dedo metido en la colita y me metí en la boca esa verga empalmadísima. Estaba más engordada que nunca, toda empapada de líquido transparente y viscoso y colorada en la puntita. Lo miré a los ojos, le pajeé la colita y me acabó un litro de semen, que salió primero a chorros, a muchos km por hora seguramente, bien blanco (lleno de espermas) y espeso como yogur. Y después empezó a rebalsar. Saliendo, pero más relajado. Yo sí me tragué todo. Es lo más delicioso que entró a mi boca ese fluido de él. Yo seguía prendida a su mema cuando me agarró la cabeza y me subió para chapar, lento, suave, con gusto a lechita, a su culo y a baba de los dos. Estábamos enamorados... y todo para los dos tenía sentido. Fin
Hermoso nena! Pero, tenés que seguir beboteando a los papis! Eosas historias te vienen como anillo al dedo, o como pito a la concha!
ResponderEliminarMuy arrebatado, cargado de escenas pero todas amontonadas. No me gustó, pero sos buena escribiendo. Tus anteriores publicaciones lo comprueban. Espero no te moleste mi observación.
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