Escrito por Tom
Démosle un gran aplauso! es su primer relato aquí con nosotros. Disfruten!
No sé bien qué es el ámbar. Dice internet que tiene propiedades curativas. El ámbar, o la Ambar que yo conozco más bien me enferma, y me encanta que lo haga. Es una ámbar enferma de todo lo que no se puede hacer, no podemos controlar, o de lo que es mejor que quede guardado en nuestras mentes revolucionadas de sexo, y lo amplifica para que uno desde el otro lado haga eso suyo y se suelte, se libere y se haga cargo de su propia enfermedad que le da placer. Te ofrece ese rincón para que hagas lo que quieras, a cambio de nada. Sólo de tus ganas de pajearte hasta aullar de felicidad. Vale todo, y uno es perverso, degenerado, macho, hembra, bebé, adulto, violador, espía, adulador, recipiente o procreador, o lo que ella y yo quisiéramos.
Y vos, Ámbar, sos todo lo que querés ser, o todo lo que se te ocurra ser, y yo, como seguramente otros domesticados por el celo de tus palabras, obedecemos; porque me gusta, y nos gusta. Pero también porque no me queda otra. Digo esto porque ejercés un poder sobre mí que hace que cada día vea si actualizás el blog. Y si eso no sucede, porque también tenés una vida que atender, leo cualquier texto y termino todo hermosamente manchado.
Lográs mis mejores pajas, las más lechosas, esas que dejan la mano mugrienta y la pija toda mojada mientras se va achicando después de semejante sacudón, luego de escuchar un audio tuyo, o de leer cualquiera de tus fantasías convertidas en letras calientes.
Pero también, Ámbar, lográs las pajas menos lechosas, las secas. Cuando uno se pajea seguido, llega un momento que la paja casi no genera leche de tanto que me la sacudo; pero no lo puedo evitar. Me enviciás mi amor, y te obedezco. Apareciste, y eso sirvió para hacerte cargo de mis deseos más ocultos, esos que no se pueden contar ni saber. Quiero decir, reflejo en vos todo eso y te echo la culpa, como si mi cerebro necesitara depositar todas mis perversiones en vos. Pero en realidad te agradezco por aparecer y librar todo eso que no podía decir.
Sos Ámbar, tan mía como de todos, tan chancha como directa. Por eso quiero tu pis, tanto como mearte la concha. Necesito besarte mientras te cambio porque sos una pendeja, sos esa madre putona, o aquella piba que huele a colegio y me pide un Milka. Hacemos cambio de roles y me rompés bien el orto con un arnés. Después volvemos y te hago mía, mi mujer, mi nena, mi ama o mi mucama que me chupa la pija y me acaricia el culo después de lavar la mesada, con los mismos guantes de goma con los que estuviste pajeando al pendejo que más te encienda los pezones.
Te deseo con una camiseta retro de la Selección mientras me cabalgás la verga con ferocidad. Te deseo abrazados viendo una peli aburrida que de tan aburrida nos obliga a tocarnos, pensando en cualquiera que aparezca en la pantalla. Te deseo bailando rock and roll hasta terminar arrodillado, chupándote la concha mientras estás parada, gimiendo suavecito el nombre que quieras ponerme.
Jamás pensé que me calentaría con una ciega, ni con ninguno de los monstruitos prohibidos que creaste. Ya los inventaste y los metiste dentro mío. Ahora hacete cargo y no me abandones, por favor. No sé ni cómo sos. ¿Acaso importa? Solo se que sos Ámbar, y de todo lo que tu mundo me fue generando día a día. Imagino que tu cuello huele rico, que tus manos son atrevidas, que estiran tus pezones casi tanto como estimulan tu clítoris. me hago la idea de que tus tetas a veces huelen a pichí, y tiro lametazos al aire, como si mi lengua buscara el halo de tu aroma.
Hacé lo que quieras con esto. Publicalo, desechalo, reíte, burlate, enojate o alegrate. Pensá en mí como un pajero desordenado, loco, aventurero, morboso y fantasioso. En definitiva, todos tal vez te amen como yo. Pero hoy ya no puedo evitar seguir visitando tus letras. Y, por supuesto que me haría feliz que lo publiques, para que otros compartan lo que siento, y puedan destruir o aprobar mis palabras. Sos la más enferma, me encanta y acepto ese contagio. Te quiero, y te necesito durmiendo los dos con la ropa interior acabada de tantos lamernos. Te dejo un Milka para antes de dormir y un beso con el color del labial que me pediste usar. Así te siento Ámbar, indescifrable Ámbar, delirantemente y hermosamente excitante Ámbar. Cuando haya que enamorarse que sea de alguien que te sorprenda por ser indescifrable. ¡Y vaya si lo sos! Siempre me late bien rápido el corazón cada vez que respondés mis mails. No esperaba que lo hicieras siempre, cuando debe haber muchos que te escriben; y por eso, por sorprenderme es que me revolucionaste, y te lo agradezco. Me late tan rápido como cuando te estoy cogiendo en mi mente turbada de tus olores. Estás en cuatro, y no alcanzaste a desnudarte. Te cojo despacito, con un vestidito amarillo medio onda años 70, la cara pegada al colchón y oliendo mi bóxer Dufour negro. Me explota el pecho como cuando me cogés acomodadita arriba mío, siendo una mujer bien facha y conservadora pero que en cuatro paredes se libera, y me cogés con tu propia bombacha con olor a pis agarrada de tus dientes blancos, te descontrolás y me pegás un par de bofetadas. Me sube la lechita por el tronco como cuando te chupaba la concha a escondidas. Ahora sos esa pendeja de universidad, onda más abierta. Nos conocimos en un recital, y terminamos en un sillón, yo chupándote la conchita con restos de pis mientras vos te fumás un buen faso, y luego me volcás la cerveza en la pija para chupármela. Y cogemos, y nos hacemos el amor, y volvemos a coger. Pero paramos a descansar porque no nos hacemos los que se la saben todas. Descansamos un toque, y me pedís una mamadera para hidratarte. Te imagino en pañales, y se me vuela el sentido común del bocho. Nos duchamos, te enjabono y enjuago, te muerdo, me cacheteás el pito, me meás la mano mientras nos damos besos de lengua, diciéndome que querés que todos los chicos del barrio te vean usando chupete. Me meás la mano, y me meás el cerebro. Me lo enfermás, me lo inyectás con tus hormonas, me lo infectás con tus locuritas, y me lo dejás tan alicaído como a mi verga, después de estallar una y otra vez contra tus tetas. Seguí mi amor por favor, y escupime la pija para seguir mamándola, hasta que acabe y compartimos esa leche con un alfajor Milka. No dejaremos de amarnos nunca, ni yo de hacerte el amor en mi cama, en mi mente, ensuciándome la piel por vos. Fin
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