"Otros ratones": Wachas alzadas

Escrito por Gehenna

 

¡Vamos wachinas! ¡Es una vez en la vida, tenemos que hacer algo! Insistía Isabella poniendo los labios en piquito mientras discutíamos que hacer con el UVI. Era de las últimas jodas de quinto año, pero casi no iban escuelas, y nos salía carísimo. Así que solo íbamos a ir a la previa, y ella por ser la cheta del grupo (Y porque nosotras se lo impusimos) le tocaba poner su casa para seguirla allí.

¡Che, paren que le pregunto a mi novio!, tiró Tati. Isabella la miró como el culo.

¡Cuando ha importado lo que diga ese negro olor a pis de gato, Tatiana!

¡Soltate un rato la correa, pichona! Le reclamábamos a Tati, que desde que se puso de novia ya no se prendía a nada. ¡Como si le fueran tan fiel! Además, que ella era una morocha hermosa ¡No podía conformarse con tan poco!

¡Delen entonces! Vamos a la previa, nos estamos ahí hasta las doce o una, más o menos, y de ahí nos volvemos a mi casa. Anto, vos armá la playlist, y entre Tati y yo conseguimos para tomar. Organizaba Isa hablando más con las manos que con la boca. La mayor parte la iba a hacer yo, porque de ser por ella solo tomaríamos Sky frutos rojos.

El resto de la organización fue planear la ida y la vuelta, elegir ropa y convencer a la pichona de que es mejor pedir perdón que permiso, y que se soltara por una noche, que nosotras la íbamos a hacer pasárselo mejor que con el pajero ese. Por suerte, no nos llevó tanto esfuerzo que soltara el anillo.

Y el domingo en la noche llegó. Nos juntamos para arreglarnos a las 18:00, así nos cambiábamos y caíamos juntas.

¡Ay, chicas! ¿Se van a cambiar acá?  Se sorprendía Tati, algo avergonzada, pero sin desviar la vista ni por un segundo de nuestras figuras.

¡Daaale! Si de chicas ya nos vimos todo. Le respondí acercándome en ropa interior, colgándome de su cuello y apretando mi pecho contra el suyo. Nos conocíamos desde la primaria, y nos habíamos acostumbrado en las pijamadas o pileteadas a cambiarnos sin vergüenza alguna. Ya nos conocíamos casi a detalle cada centímetro de la piel. Nos habíamos visto crecer, nos habíamos curioseado bastante, tanto que así fue como Isa se descubrió bisexual y yo lesbiana. Eso y que cuando ya estábamos más desarrolladas habíamos tenido algo de acción, que siempre dejamos en “curiosidad”. Esa costumbre y falta de pudor continuaba entre nosotras.

¡No te hagas la puritana ahora! ¡Si cuando querés sos bastante más pajera que esta otra! Soltó Isa, mirándome como para meterme entre sus piernas, revoleándole la remera a la cara y sin quedarse ahí, también le tiró el corpiño. Con lo zarpada que era, no me hubiera sorprendido si le ponía la teta en la boca ahí mismo, como lo hacía conmigo. Solo que Tati no sabía eso último.

¡Cierto! ¿O no te acordás de cuando éramos más chicas? ¡Relajate un poco, pichona! Le susurré masajeándole los hombros, mirando cómo Isa se ponía una minifalda con la tirita de la tanga a la vista y un top de cuero sintético para hacer un outfit total black.

¡Bueno che, tampoco soy un viejo verde! Nos protestaba, y la carcajada grupal luego de eso fue inevitable.

Nos apuramos con el resto de la ropa y maquillaje, y por fin Tati se relajó y se metió más en el ambiente. Se había puesto un vestido plateado brillante que resaltaba muchísimo su piel negra aterciopelada y sus buenos atributos; en especial su escote en V apretado que exigía libertad e invitaba a decir las guarradas más sucias jamás dichas. Yo elegí un conjunto animal print en los mismos tonos trigueños de mi piel. El padre de Isa, un pelado con cara de que si no nos conociera nos hubiera acosado por Facebook, nos esperaba en la RAM. Él, nos iba a llevar y traer de vuelta. Piropeó nuestros outfits con energía de "Si tuviera 20 años menos me las como entre dos pancitos", aunque no parecía importarle la edad, ni su relación con Isa.

Llegamos al quincho que nos habían prestado para la previa. Entre los dos cursos seríamos unas 50 personas así que no se veía vacío. La noche iba como cualquier otra; Tati y yo tomándonos hasta el agua de las macetas, bailando pegadas; yo le ponía el trasero y ella me lo agarraba simulando movimientos sexuales. Eso a mí me encantaba, pero levantaba la atención de varios chicos que juraban que lo hacíamos para ellos, cosa que emocionaba a Tati. De más chicas, cuando andábamos por los doce años, y ya salíamos juntas, el erotismo entre nosotras era algo habitual. Recuerdo nuestros primeros matiné, y me lleno de cosquillitas. Por nuestra edad todavía no nos animábamos a tener sexo. Ni siquiera entendíamos del todo como funcionaba (Aunque ya habíamos visto alguna que otra porno lesbi) pero si disfrutábamos mucho de chaparnos. No hay nada que me guste más que los besos calientes y húmedos de una mujer, y puedo decir que las tres somos muy experimentadas besando a esta altura de la vida. Los besos húmedos me excitan de manera instantánea, y casi siempre acabo mojada cuando mi lengua entra en contacto con la de alguna linda chica, porque el beso también es parte del juego y la excitación previa que llevan a ese punto de palpitación del clítoris y el ruego de la vagina por ser penetrada, lamida, baboseada, o ultrajada de cualquier forma. En especial, Isa tenía una manera de usar su lengua que, me hacía tiritar de celo cuando nos comíamos la boca.

Ella se reprimía más por prejuicios absurdos que no la dejaban disfrutar su sexualidad a pleno. Era evidente que también quería llevarlo más allá ¿Y qué mejor oportunidad que esa para soltarnos totalmente?

Isa, por otro lado, estaba teniendo sus internas. Los varones al saber que yo era lesbi me hicieron chapar con varias minas para ellos mirarnos de la misma forma que nos miraban cuando bailaba con Tati. Nunca entendí por qué generaba tanto morbo. Entre ellas, un chape fue con Isa, porque una desconocida cada tanto no daña la amistad ¡y qué excitantes eran esas desconocidas! Su actitud dominante, las mordidas sutiles y la perfecta forma en que me apretaba el culo me dejaba babeando por abajo.

A las doce y media ya teníamos más alcohol que sangre en el cuerpo. Tati ya había dejado de responderle al novio, y se me separó. Se había metido a bailar a una ronda de pibes del otro curso, y no dejaba de hacer que le manoseen la burra. Incluso, uno se lo mojó con los restos de hielo del trago que se había tomado. Cuando vi que ya se pasaban con los manoseos y las apoyadas, la agarré de un brazo y la tironeé para afuera a que le diera aire fresco. No sé por qué tuve ese impulso; pero si no iba a ser yo quien la tocara así, nadie más lo haría. Me salió la tóxica y posesiva de adentro, y no me arrepentía de nada. Mientras la sacaba como podía, se me tiraba encima refregándome las gomas por toda la cara, haciendo que estuviésemos al borde de caernos varias veces. Isabella se hubiera puesto envidiosa, no sé de cuál de las dos, pero lo hubiera hecho.

¡Salí nena, que nos vamos a hacer mierda contra el piso! ¡Tan en pedo vas a estar! La senté, antes de que me asfixie con las tetas. Era unos centímetros apenas más alta que yo, pero tenía una impresionante pechonalidad. Redondas, negras que parecían azules, siempre con olor dulce a vainilla y a perrita alzada.

¿Y para qué me sacás? ¿Estás celosa, no? ¡Si vi la forma pecaminosa en que me mirás las tetas! ¿Las querés, perri? ¡Cuántas veces te habrás matado a pajas imaginando que me las chupabas! ¿O preferís que yo te las chupe? ¡Mirá que soy hetero, pero sabés que por ahí pinta la curiosidad! ¡Por ahí, querés que te muestre la concha también!, decía, al borde de hacer que todos la escuchen.

¡Pará boluda! ¡Estás en un re pedo vos! La quise calmar sintiendo sus manos apoderándose de mi cuerpo, no me iba a resistir. Si lo prefería, a esa altura que me desnude y me coja ahí mismo. Llevaba tanto tiempo queriendo ponerla de cara contra un escritorio y chuparle la vida ahí abajo. Hacerla gritar, que me mojara la cara, que se me meara encima hasta verle las piernas temblar con su carita perdida llena de lágrimas placenteras.

¡No, no necesito estar tan en pedo para que me calientes! ¿Vos sí? ¡Sé que tenés la concha alzada, nena! Beboteaba antes de intentar besarme, beso que no esquivé. Nuestros labios se unieron torpemente. Entonces, me senté sobre sus piernas para sujetarla y hacerla acariciarme la cadera. Su lengua recorría mi boca con brusquedad mientras yo buscaba recobrar el control de la situación. La cacé del pelo para direccionar su cabeza como quería. Nuestros dientes se golpearon un par de veces por la intensidad, y un hilo de saliva goteaba por sus tetas. Sus manos ya se colaban por debajo de mi pantalón, tironeando la tela de mi bombacha para hacer que me refregara el clítoris. Inconscientemente comencé a mover la cadera adelante y atrás para intensificar las sensaciones. Me estaba empezando a sentir húmeda, me ardía la conchita cada vez que me pellizcaba la cola como si lo hubiera estado deseando por meses. Nos separamos para respirar, y volvió a tomarme con una furia que me desconcertaba. Es que mi humedad ya se sentía a través de mi ropa. Tati metió su mano por delante, acariciaba muy despacio mi pelvis, hasta llegar a tocarme el clítoris por encima de la bombacha. ¡Qué hija de puta! ¿Cómo sabía que me prendía fuego que me manoseen en un lugar público, tan expuesta?

¡Chicas, vamos que mi papá llegó! Nos interrumpió Isa, re atenta al acto en el que estábamos nosotras dos.

¡Bueno eh, inviten! Reclamaba la rubia haciendo puchero

¡Ahora llegamos a la casa y continuamos bien esto! Le dije al oído a la Tati. Isa escuchó, me miró con desconfianza, me re manoseó el culo, y entre las dos la subimos en la camioneta para acomodarnos en el asiento, y seguir calentando la situación hasta tener una cama cerca. Ahí continuamos los besos entre las tres. Tati quedó en el medio de nuestras garras y piernas. Aprovechamos para besarla y acariciarla acaloradamente sobre la ropa. Muchas veces habíamos hablado de que la queríamos tener en nuestros juegos, y ahora la teníamos a nuestra merced. ¡Qué rico olía la wachina! ¿Incluso así, media borrachita! Yo me jugaba todo que, el olorcito de su bombacha llegaba hasta mis sentidos, y que Isa también podía notarlo.

De reojo vi la erección del padre de Isa, y sentí un renovado impulso sexual en la concha. él ya nos había visto a mí y a su hija tocándonos en su casa, y se hacía el boludo para poder vernos siempre que quisiera. Pero no nos importaba, es más, si me tiraba unos mangos le hacía lo mismo.

Llegamos a la casa, al fin. Tati ya no parecía tan en pedo, si fingió para hacer lo que hizo me alegro, porque mi sexo y yo necesitábamos más.

¡Ahora te toca a vos, Anto! Me dijo Isa cerrando la puerta de la pieza y tomándome por la cintura. Sus pechos se apoyaron prácticamente en mi nuca por nuestra diferencia de tamaño; sus manos me acariciaban por la panza y el vientre haciéndome cosquillas. Tati vino por adelante y entre las dos me hicieron sanguchito. Sus manos algo inseguras guiadas por las de Isa volvieron a juguetear tironeando de mi bombacha que se rebalsaba de jugos. Yo las correspondía por turno, nos besabamos y disfrutaba de sus magníficas atenciones. Me sentía en el paraíso disfrutando de cuatro manos tocándome y explorándome con ansiedad. Tati se quitó el top y por fin me puso sus tetas en la cara. Los lamí como si fueran el mejor helado que había probado en la vida. Gemía haciendo vibrar mis labios mientras sujetaba sus pezones con la boca. Vi que se hicieron una seña y me llevaron hasta la cama, sentándome de piernas abiertas entre ellas dos. Tati me hablaba como si yo fuese una bebota, y me hacía gestos como para que chupe una mamadera, una pija enorme. Según ella, el novio la tenía así de imponente. Se dejó de joder cuando las dos nos reímos en su cara. Isa condujo su mano a mi bombacha y comenzó a frotarla contra mi intimidad por encima de mis shorts. En tanto, Tatiana se dispuso a sacarme la blusa, dejando mis tetas al descubierto, las cuales acarició de la misma forma en que yo la había tocado a ella, un momento antes de tomar mi pezón izquierdo en su boca y succionarlo. Isa se sumó al juego y chupó el pezón derecho mientras su mano empezaba a infiltrarse por debajo de mi ropa interior hasta que sus dedos alcanzaron mi vulva, que estaba mojadísima para ese entonces.

Tati sumó su mano libre a la acción y noté que ya tenía a ambas hurgando en mí con sus dedos curiosos que frotaban mi vulva. No pude contener mis gemidos. Era demasiado intenso lo que experimentaba, ambas mamándome las tetas y masturbándome al mismo tiempo, era algo mejor que ganarse la lotería. Isa ya conocía todos mis puntos sensibles y le indicaba como tocarme, a lo que yo me retorcía.
Sentía que iba a correrme cada vez que esos dedos rozaban mi clítoris y sus dientes mordían mis sensibles pezones, pero se detuvieron en cuanto lo notaron, e Isa me sacó el short de inmediato. Luego ellas también se desnudaron y me acomodaron en medio de la cama para continuar ya sin ningún impedimento.
Isa separó mis piernas y no dudó un solo instante en bajar a chuparme la conchita que la tenía encharcada con mis fluidos.  Ni bien su lengua rozó mi clítoris, este comenzó a reaccionar palpitando de tan sensible que estaba; y más aún, porque el contacto era directo e intenso, movía su lengua de un lado a otro y también hacía círculos. No tardé mucho en venirme, mientras la re flasheaba con cómo se le dibujaba la vulva en la bombacha a Tati. Ahora sí que su aroma era penetrante y perpetuo.  Tuve que cubrir mi boca para no gritar ante tanto placer que recorría todo mi cuerpo.

En tanto, Tati vino hacia mí para besarme nuevamente, y allí aproveché para estimularle las tetas, pellizcándolas y estirándolas con los dedos. Me dediqué a chupar sus tetas como tanto me gustaba por un buen rato; hasta que cambiamos de posición y la tuvo enfrente mío, de piernas abiertas, deslicé mi lengua por su abdomen hasta llegar a su conchita para lamerla con ganas. Yo estaba en cuatro, Isa metía lentamente sus dedos en mi vagina y mi ano, lubricando con mi propia humedad, llevándome a temblar de la sensibilidad. Era una tortura post-orgásmica.

Tatiana movía sus caderas mientras yo lamía y chupaba su vulva, deleitándome con el sabor dulce de su néctar femenino. La penetré con la lengua, entraba, salía y seguía lamiendo alrededor. No pasó mucho tiempo para que se viniera en mi boca con un squirt explosivo.

En ese momento, Isa me indicó que me diera vuelta y se colocó estratégicamente entre mis piernas; su concha quedó pegadita a la mía, e inició unos movimientos pausados buscando que su clítoris con el mío se frotase como si tuviesen pólvora. Lo sentí delicioso, mientras Tati decía cosas como: ¡Qué sucias son para hacer el amor ustedes! ¡Me encanta que nos hagamos el amor, bebotas cochinas! Y cuando Isa se movió más a prisa entendí que estábamos haciendo un tijereteo alucinante, ardoroso y lleno de gemidos que inundaban la habitación. Nuestras vulvas se besaban y nuestros jugos se mezclaban en medio de ese contacto erótico e íntimo. Ella se sostenía tomando una de mis piernas e incrementaba sus movimientos, aceleraba y gemía como desquiciada. En verdad estaba muy caliente y disfrutaba tanto o más que yo, que ya estaba sensible por tanta sobrecarga previa. Los orgasmos fueron incontables mientras ellas dos se besaban como podían y se acariciaban los pechos sin dejar lo que hacían antes.

Nos dejamos descansar entre las sábanas empapadas y dormimos hasta las 14:00 del día siguiente. Ninguna teníamos verdaderas intenciones de levantarnos para ir a la escuela. Aunque, ni bien lo pensé y se lo dije a Isa, me hubiese gustado concretarlo.

¿Te imaginás si caemos así, con las bombachas humedísimas, con olor a concha, con las tetas babeadas, ojerosas y llenas de chupones? ¡Los pibes nos cogen hasta embarazarnos de bendis que, luego podríamos vender, y hacernos ricas, y volver a cogernos así! ¡Y de los profes, mejor me quedo callada! Decía, intentando lamerle las tetas una vez más a Tati, que se comía la boca con Isa, y la empezaba a pajear otra vez para tener un atrasado, pero infaltable mañanero.    Fin.

Comentarios

  1. Fanny22/9/26

    Guaaaau! Amé este relato nena! Che, le mandé un mail a Ambar, para pedirle que vos me escribas un relato. re que me re zarpé al pedirle eso, pero me excita como escribís. Quiero, algo así como una chica que roba ropa en una tienda de ropa, y que las otras empleadas se enteran, le revisan el bolso, ven lo que hizo en las cámaras de seguridad, y la castigan con sexo, en la tienda cuando no hay nadie. pueden ser 3, 4, 5, o las que te pinte. quiero que la humillen, que la obliguen a hacerse pipí, y que alguna de ellas la mee también, por hija de puta! Faaaa, la sola idea de pedírtelo nomás me calienta la bombacha y las tetas! Jaaaaaaa! Bueno, igual, si no te gusta, ta todo bien! Te voy a seguir leyendo!

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  2. Georginita25/9/26

    Síiii, yo quiero lo mismo que Fanny! Te lo pido tirada en la cama, con las piernas abiertas y la bombacha corrida! Me encantaría leer ese manso pedido. y esto que te mandaste, está re zarpado de calentura! Seguí así eeeeey!

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  3. Aldana5/10/26

    ey, tas re zarpada en trola, y me gusta! Regalame tu bombacha!

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  4. Lo leí 10 veces creo. en todas me mojo, me toqeteo y sueño con estas wachas! Qué putonas son!

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  5. Belencita12/10/26

    Holis... me encantó tu relato nena! Y, sí, yo re banco la historia de la Fanny. No soy lesbiana, pero fantaseo mal con que mis amigas me coman la concha y las tetas. especialm una que es gordita, y tiene unas tetas que huelen como dos melones polinizados por la misma afrodita!

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