"Otros ratones": EL 2do A - Capítulo 7 y 8

Escrito por Sammy

Capítulo 7: tres jokers en la mesa

La conversación en el living arrancó con esa electricidad flotando en el aire, pero con las cartas finalmente boca arriba de la mesa.

Eli y Morguina se acomodaron en el sofá, uno al lado del otro, mientras Noah, incapaz de mantener el alma quieta o de sentarse a esperar, se quedó de pie frente a ellos, erguido, caminando en tramos cortos con los brazos cruzados sobre el pecho.

Morguina tomó la palabra. Los miró a los dos, alternando la mirada entre los ojos celestes y ansiosos de Eli y la firmeza verde de Noah.

Para mí es una sorpresa enorme saber que los dos sienten algo por mí - empezó diciendo, con la voz clara. - Hablar a solas con cada uno en la pieza me sirvió para tener un panorama real, de frente, de los sentimientos de ambos. Y la verdad es que yo también los quiero. Quiero seguirlos conociendo... Lo que no sé bien es cómo se maneja un futuro así: si con dos relaciones paralelas o en una misma relación los tres-.

Al soltar esa última frase, a Morgui se le escapó una risita suave, una mezcla de gracia y choque contra lo convencional.

Pero a Eli no le pareció una locura en absoluto. Lo mataba la ansiedad; la sola idea de no tener que elegir ni esconderse le abría el pecho.

A mí no me parece nada loco - interrumpió Eli de golpe, inclinándose hacia adelante en el sillón, sin poder aguantar un segundo más por resolver la situación. - De hecho, me parece lo más honesto para lo que nos está pasando a los tres-.

Noah dejó escapar una mueca, una sonrisa de un solo lado, cargada de esa ironía que usaba cuando la cabeza le trabajaba a mil por hora.

Suena lindo en la teoría, Eli - soltó Noah desde arriba, deteniendo su caminata para mirarlos. - Pero una relación de a tres es compleja. Requiere un nivel de confianza y de madurez abrumador para que los celos o la paranoia no nos coman vivos a la primera de cambio-.

Morguina se tomó con absoluta seriedad el planteo de Noah. No se echó atrás; al contrario, acomodó la espalda contra el respaldo del sofá y los miró a los dos con terrible convicción.

Yo los quiero muchísimo a los dos - dijo Morgui con voz firme. - Y la verdad es que no quiero obligarme a elegir. Si yo apostara por una relación monogámica con alguno, eso significaría que ustedes dos tendrían que dejar de estar juntos, y no pienso permitir eso.

Ese gesto de Morguina, cuidando de entrada el vínculo entre ellos dos y poniéndolo como una prioridad, le tocó una fibra a Noah. Su postura dominante se suavizó apenas un segundo.

No me separaría de Eli por nadie en este mundo - afirmó Noah desde su lugar, devolviéndole la mirada con un respeto nuevo en los ojos.

Eli, viendo que la charla se ponía densa, intervino riéndose para aflojar el ambiente:

Noah asustarás a Morgui hablando así. En realidad, lo que tenemos que plantearnos es si somos capaces de compartirnos entre todos. Saber que el otro puede estar con ella o entre nosotros, incluso en momentos donde alguno no esté presente por trabajo o por lo que sea. Y aun sabiendo eso, sabé que me gustás muchísimo, Morgui. No tengo dudas.

Noah, que no daba puntada sin hilo y necesitaba entender las fichas del tablero, intervino con curiosidad:

¿Hace cuánto que sentís algo por nosotros, Morgui?-.

Morguina sonrió, recordando ese primer impacto.

Desde el día que llegué al departamento. Me encantó lo corteses y amables que fueron desde el minuto uno. Desde ese instante no dejé de observarlos ni un solo día-.

Eli y Noah se miraron de reojo, dejando escapar una risa cómplice.

Si supieras... - soltó Eli. -Tu llegada a la casa hizo que tuviéramos que bajar la intensidad íntima a cero-.

Tal cual - agregó Noah, esbozando esa sonrisa de medio lado. - Tuvimos que empezar a susurrar, a medir cada movimiento para hacer el menor ruido posible, y terminamos mudando todas nuestras noches a mi habitación, que es la que queda más lejos de la tuya para que no escucharas nada-.

Morguina los miraba fascinada, entendiendo por fin cada pequeño misterio, cada silencio de madrugada y cada mirada de complicidad que había flotado en los pasillos durante todos esos meses.

Morguina los miraba con un brillo de felicidad pura en los ojos y les dijo que celebraba el amor que ellos se tenían, pero que era consciente de lo difícil que resultaba dar este paso.

Noah la cortó en seco, con franqueza. Le comentó que era difícil justamente porque el lugar que ella iba a ocupar debía quedar clarísimo desde el vamos; no era tan simple, porque ese lugar implicaba intentar sumarse a algo que ya existía y que funcionaba perfectamente bien desde mucho antes de su llegada.

Esas palabras le dolieron un poco a Morguina, le dieron una puntada en el pecho, pero en el fondo sabía que eran verdaderas. Necesitada de aire, decidió levantarse e ir al baño a respirar y acomodar las ideas. Eli la siguió con la mirada, visiblemente preocupado.

Cuando se quedaron solos en el living, Noah encaró a Eli y le preguntó directamente si él estaba de acuerdo en dejar entrar a Morguina en la relación que ellos dos ya tenían construida, una relación que iba a tener reglas estrictas y obstáculos que superar.

La verdad es que yo no sé cómo compartir - soltó Noah mirándolo fijo, - y dudo que vos sepas cómo hacerlo cuando te querés comer todo de un bocado...- Se rieron entre los dos, rompiendo la tensión del momento, y Eli le pegó un manotazo jugando en el brazo. Pero al segundo la risa se disipó y se pusieron serios.

Tengo miedo de que nos guste demasiado, Noah - confesó Eli con la voz más baja, dejando ver su lado vulnerable. - Porque si la cosa no funciona, lo último que querría en esta vida es perderte a vos. Eso me aterraría. Siento que la entrada de ella va a cambiar absolutamente todo en nuestra pareja-.

Morguina salió del baño con la cara lavada y la mente más despejada. Para aflojar el aire denso que todavía flotaba en la casa, Eli tomó la iniciativa y ofreció armar el desayuno entre los tres.

Se movieron por la cocina en una especie de danza coordinada: prepararon huevos revueltos, tostadas bien crocantes, cortaron palta y jamón, exprimieron jugo de naranja e hicieron café nuevamente para mezclarlo con leche. Con la mesa bien servida y el olor a tostadas llenando la casa mientras afuera la lluvia no daba tregua, se sentaron los tres a seguir charlando, mucho más relajados y dispuestos a acomodar el futuro que estaban empezando a armar.

Morguina rompió el silencio en la mesa, dejando el vaso de jugo a un costado. Dijo que se había quedado pensando en lo que había dicho Noah, que sabía que quizás no había del todo un lugar para ella y que este momento estaba siendo muy difícil para los tres. Les explicó que lo único que quería era encontrar un camino donde ellos dos no se perdieran a sí mismos y donde ella tampoco se perdiera, porque, al final del día, ella solo se tenía a sí misma.

Noah, al escucharla, suavizó el tono de inmediato. Le aclaró que no malentendiera sus palabras, que no había querido decir que no hubiera un lugar para ella. Le explicó que tal vez la cuestión no se trataba únicamente de «compartir» un espacio existente, sino de entender que si se sumaba una tercera persona, absolutamente todo el vínculo se redefinía desde cero, y que por eso había que pensar las cosas con mucha calma.

Morguina los miró a los dos, firme en su postura, y dijo que iba a tómarselo en serio: iba a pensar muy bien qué quería y, en función de eso, cómo lo quería. Les anunció que apenas terminaran de desayunar se iría un par de días a lo de su amiga Marianela para poder pensar tranquila, airear la cabeza y ordenar todo este tornado.

Eli reaccionó al instante ante esa cuasi huida que estaba tramando Morgui. La sola idea de que se fuera lo desesperó; le agarró la mano sobre la mesa con fuerza.

Eli, me tengo que ir, no me hagas esto - le pidió ella en un susurro dulce pero determinante, sin soltarse de su agarre.

Y de sopetón, mirándolos fijo a los ojos a uno y a otro, les tiró la pregunta que le daba vueltas en la cabeza:

Díganme la verdad... ¿desde cuándo sienten algo por mí?- preguntó Morguina, sosteniéndoles la mirada con una seriedad hermosa.

Eli no dudó ni un segundo. Apretó un poco más su mano sobre la mesa, con los ojos celestes brillándole de una forma transparente.

Desde la primera semana, Morgui- soltó Eli sin anestesia, con una sonrisa casi tímida. -Fue progresivo, pero rápido. Al principio era solo la fascinación de tenerte en casa, de escucharte hablar... pero una noche, cuando te quedaste dormida en el sillón después de un día larguísimo y te tapé con la manta, me quedé mirándote unos segundos en la penumbra. Ahí me di cuenta de que ya no te miraba como a una inquilina ni como a una amiga. Me di cuenta de que me estaba enamorando como un pelotudo y que no tenía forma de pararlo.

Morguina sintió una calidez inmediata en el pecho. Giró la cabeza hacia Noah, buscando la otra mitad de la respuesta.

Noah dejó el pocillo de café sobre el plato. Se acomodó en la silla, cruzó los brazos sobre la mesa y la miró fijamente a los ojos, midiendo cada palabra.

Lo mío fue diferente- arrancó Noah con su voz grave y pausada. -A mí me tomó más tiempo, porque yo me resistía. Mi cabeza no me permitía registrarte de esa manera. Pero hubo un día puntual: cuando llegaste de trabajar, destruida después de dar clases todo el día, te tiraste al piso a estirar y, aun así, te pusiste a cocinar para los tres mientras te reías de lo acontecido en el día y de lo cansada que estabas. Te vi moverte por la cocina, vi cómo llenabas de luz un departamento que siempre había sido diferente, y sentí una puntada en el estómago. Ahí me cayó la ficha de que mi estructura se estaba rompiendo. Me di cuenta de que no solo me gustabas físicamente, sino que la idea de que un día juntaras tus cosas y te fueras de esta casa me generaba un vacío que no tenía ganas de sentir-.

El silencio volvió a adueñarse de la mesa, cargado de una verdad tan desnuda que a Morguina se le erizó la piel. 

Morguina los miró a los dos alternadamente, sintiendo que el corazón le latía desbocado contra las costillas. Sus palabras le habían calado hondo, destrozando cualquier última duda sobre la autenticidad de lo que sentían.

Gracias por decirme la verdad... -susurró Morguina, con la voz suave pero firme, soltando suavemente la mano de Eli sobre la mesa. -Escuchar esto me confirma que lo que nos pasa a los tres es real y que vale la pena cuidarlo. Pero justamente por eso, porque es algo demasiado importante, no quiero tomar ninguna decisión desde la calentura o desde la presión del momento-.

Eli amagó con hablar, pero Noah le apoyó una mano en el hombro en un gesto de contención silenciosa, dándole el espacio a ella para terminar.

Necesito estos días en lo de Marianela -continuó Morguina, poniéndose de pie con la mente más clara. -Necesito airear la cabeza, mirarnos desde afuera y pensar bien qué quiero y cómo lo quiero. No me estoy escapando de ustedes; me estoy dando el espacio para volver con una respuesta sincera-.

Se acercó a cada uno, les dejó un beso tibio en la mejilla que los dejó inmóviles en sus sillas y caminó a paso seguro hacia su habitación a armar el bolso.

Afuera, la lluvia empezaba a amainar sobre los vidrios del 2° A, dejando el ambiente suspendido en una pausa inevitable.

 

Capítulo 8: Silencio ruidoso

El bolso de mano se cerró con un chasquido metálico que pareció retumbar en todo el departamento. Morguina juntó lo justo y necesario: un par de calzas para dar las clases de pilates, remeras cómodas, ropa interior y los elementos de aseo personal. El perfume a café y tostadas caseras del desayuno todavía flotaba en la cocina, pero el aire en el pasillo se sentía enrarecido, cargado de una gravedad nueva.

En el umbral de la puerta de entrada, los chicos la esperaban. Eli la miraba con los brazos pegados al cuerpo y una desesperación contenida en los ojos; quería avanzar, agarrarla de la cintura y rogarle que no cruzara la puerta, pero se obligaba a respetar el límite. Detrás de él, Noah se mantenía erguido, apoyado contra el marco, con la espalda rígida y la mandíbula apretada. Había vuelto a ponerse la coraza fría y racional, pero el pecho le subía y bajaba con una frecuencia más rápida que la habitual.

Nos vemos en unos días -dijo Morguina, intentando que la voz no le temblara.

Avisá cuando llegues, por favor -alcanzó a soltar Eli con un hilo de voz. Morguina asintió con la cabeza, todo el valor y el coraje que había juntado para decir esas últimas palabras la habían enmudecido.

Noah solo asentó con un gesto seco de mentón.

Morguina giró el picaporte y salió al pasillo del edificio. Cuando la puerta del 2° A se cerró a sus espaldas, el golpe del aire helado de la calle y el murmullo de la lluvia que disminuía sobre la vereda cayeron sobre ella como un bofetón de realidad. Las gotas frías sobre la piel la hicieron sentir sola, pero le dieron ese aire que realmente necesitaba.

Precisaba esa huida. Necesitaba recuperar el control, despegarse de esa corriente magnética que amenazaba con devorarla viva y aplacar el eco constante que retumbaba en su cabeza: la advertencia de Noah sobre redefinir todo desde cero y la reminiscencia táctil de la mano de Eli apretando la suya en la mesa. Ya no podía seguir viéndolos a los ojos sin tener una respuesta.

El departamento de Marianela era la antítesis exacta del 2° A. Ubicado a unos kilómetros, era un espacio impecable, pulcro, silencioso y neutro. Carecía del vapor constante perfumado a lilas, de la música chill out filtrándose por debajo de las puertas y del humo denso de marihuana flotando cerca del techo.

Marian la recibió con mucho gusto, pero sintió en su rostro, cuerpo y ánimo que ese día debían dejarlo suspendido.

El lunes por la noche, tras una cena rápida de ensalada y empanadas, Marianela preparó unos mates en la mesa del comedor y se sentó de frente a Morguina. Marian la conocía de memoria, demasiado bien; sabía que cuando su amiga ponía esa cara de concentración era porque el mundo a su alrededor estaba dando tumba canela una detrás de otra.

Bueno, Morgui... largá todo -dijo Marianela, cruzando los brazos sobre la mesa. Dijiste que venías por un par de días porque necesitabas pensar, pero tenés una cara de abrumación que no podés más. ¿Qué pasó con los pibes?

Morguina tomó aire, sintiendo cómo el matecito le aclaraba la garganta. Durante más de una hora, la conversación fluyó sin filtros. Le contó todo: los roces accidentales pero eléctricos en el baño, la tarde de humo bajo el techo con estrellas de su habitación, el baile, las charlas a solas en la pieza donde les reventó la coraza a cada uno, y la bomba del domingo a la mañana, cuando en lugar de esconderse o pelearse entre ellos, le propusieron armar un vínculo de a tres.

Marianela la escuchó en silencio, con los ojos abiertos de par en par. Cuando Morguina terminó de hablar, su amiga suspiró largo, funcionando como ese Superyó terrenal, lógico y protector que Morguina tanto necesitaba en ese momento.

Che, pará un poco -arrancó Marianela, apoyando los codos en la mesa y mirando a Morguina con severidad afectuosa. Es hermoso todo lo que me contás, suena a novela... pero bajemos un cambio. ¿Vos te das cuenta de dónde te estás metiendo?

Sé que es complejo, Mari, pero...-

No, no es solo "complejo" -la cortó Marianela con firmeza. Esos pibes llevan años juntos. Tienen un código, una complicidad, una convivencia previa en la que vos recién estás entrando. ¿No te da miedo terminar siendo un parche en una pareja que ya funciona? ¿O un experimento para ver si pueden salirse de la rutina?-

No es un experimento -defendió Morguina al instante, acomodando la espalda contra la silla. -Si hubieras visto a Eli temblando cuando me confesó lo que sentía, o a Noah admitiendo que tiene pánico de perder la estructura... ninguno de los dos lo está haciendo de caprichoso. Les mueve el piso tanto como me lo mueve a mí.-

Está bien, te lo tomo -concedió Marianela, entornando los ojos. -Pero hablemos de vos. Vos siempre dijiste que para estar con alguien necesitás tu espacio, tu autonomía, tu independencia. ¿Cómo vas a hacer con los celos? Porque si entrás ahí, no es solo compartir la cama; es ver cómo ellos se aman entre sí enfrente tuyo, y aceptar que quizás haya momentos donde uno le dedique más atención al otro. ¿Vos estás dispuesta a bancarte eso sin sentirte excluida?

Morguina guardó silencio. Apoyó el mate en la mesa y se pasó las manos por la cara (la situación le generaba estrés).

A mí no me molesta que se amen -respondió Morguina con sagacidad, encontrando el hilo de su propio pensamiento. -Al contrario, ver cómo se cuidan fue lo primero que me enamoró de ellos. No me da celos su vínculo; lo que me daba miedo era entrar y romperlo. Pero Noah lo dijo clarito el domingo: no se trata de que yo encaje a la fuerza en el lugar que ellos dejaron libre, sino de redefinir el espacio entre los tres.-

¿Y si las reglas de ellos no coinciden con las tuyas? -insistió Marianela, clavándole una mirada incisiva. -¿Qué pasa si Noah quiere imponer su territorio o si Eli se pone insoportable con la demanda emocional?-

Entonces marco la cancha -sentenció Morguina con una firmeza que no sabía que tenía guardada. -Yo no voy a volver para pedir permiso ni para ser un anexo decorativo. Si entramos en esta, entramos los tres en pie de igualdad. Con voz, con voto y con el mismo derecho a ser escuchados.-

Al escucharla defender el vínculo con esa pasión y esa claridad mental, Marianela esbozó una sonrisa dulce y negó con la cabeza.

Listo -dijo Marianela, estirando la mano para tocarle el brazo. -Ya te diste cuenta de lo que querés. No viniste acá a encontrar lo que sentís por ellos; viniste a juntar la fuerza para poner las condiciones, tus condiciones. Estás muerta de amor por los dos, Morgui.-

El miércoles y el jueves se transformaron en un ejercicio de resistencia. Para evitar que la cabeza se le volviera una caldera, Morguina pidió horas extra en el estudio de Pilates. Dio clases desde la mañana hasta la noche, corrigiendo posturas, marcando ejercicios de respiración y agotando el cuerpo hasta el límite.

Sin embargo, el cuerpo no mentía. Al ducharse en los vestuarios desiertos del gimnasio, extrañaba la complicidad del baño empañado del departamento y la expectativa de quién saldría por el pasillo. Al cenar en silencio con Marianela, echaba de menos los chismes de la distribuidora que contaba Eli imitándole las voces a sus compañeros, y las miradas intensas y penetrantes que Noah le clavaba desde el otro lado de la mesada.

Y luego estaba la guerra fría de las pantallas.

El teléfono sobre la mesita de luz no paraba de vibrar, marcando los dos ritmos opuestos de los hombres que la esperaban.

Eli escribía desde el impulso puro, desbordado de culpa y ansiedad. Mandaba audios cortos que cortaba antes de terminar:

«Che, Morgui... no sabés lo que es la casa. Está helada. Es insoportable entrar a la cocina y que no estés. Perdón si fui muy bruto el domingo, me ganó la ansiedad, te juro que no quería abrumarte... Respondeme cuando puedas, aunque sea un punto.»

Noah, en cambio, operaba desde la escasez, la sobriedad y la precisión. Solo mandaba textos breves, por lo general cerca de la medianoche, cuando la casa quedaba a oscuras:

«Tómate el tiempo que necesites para pensar. La casa sigue estando en su lugar, pero le falta tu luz. Avisanos cuando decidas volver.»

Morguina leía los mensajes en la penumbra del cuarto de huéspedes de Marianela. Miraba el techo blanco, liso y desnudo, tan distinto de su techo lleno de estrellas fosforescentes y planetas, y sentía una auténtica abstinencia. Físicamente, le dolía no tener el peso de los dos cuerpos hundiendo el colchón a sus lados; extrañaba el calor de la piel de Eli rozándole el bíceps y la calidez de la mirada de Noah.

El jueves a última hora de la noche, tirada en la cama, alcanzó su punto de inflexión. Comprendió que el aislamiento no iba a apagar el fuego, solo lo estaba conteniendo. Volver no significaba someterse; significaba fundar algo nuevo.

Agarró el celular, abrió el grupo de WhatsApp que compartía con los chicos y tipeó con pulso firme:

"Regreso mañana viernes a las 19 hs. Tenemos que hablar."

El viernes a las siete de la tarde en punto, la llave giró en la cerradura del 2° A.

Morguina empujó la puerta y dio un paso hacia el interior. De inmediato, el aroma a lavanda, el calor de la calefacción encendida y el perfume sutil a pino la envolvieron como una manta húmeda y conocida. Esa sensación mesiánica del hogar la conmovió.

El departamento estaba en un silencio tenso, pulcro y sumamente ordenado.

En el living, Eli y Noah la esperaban de pie. Sin embargo, en lugar de abalanzarse sobre ella o atropellarla con preguntas, mantuvieron una distancia cautelosa y respetuosa, como si el espacio entre ellos fuera un terreno minado de intenciones, límites y condiciones que había que pactar nuevamente.

Eli le ofreció una sonrisa tímida, con los ojos brillando de alivio pero las manos metidas en los bolsillos del pantalón para reprimir las ganas brutales que tenía de correr a abrazarla.

Noah dio un paso al frente, erguido, saludándola con un gesto firme de cabeza y la voz grave resonando en el ambiente:

Hola, Morgui. Bienvenida.-

Morguina apoyó el bolso en el piso del pasillo. Miró a uno y luego al otro, sintiendo cómo el pulso le rebotaba con fuerza en la garganta, se la estrujaba y se la secaba. La distancia física de esos cinco días no había enfriado nada, al contrario, había dejado la tensión acumulada a un nivel mil veces más peligroso y denso que el del domingo.

Los tres se sostuvieron la mirada en el centro del living… 

Comentarios

  1. Se viene el estallido! Oh, Oh, Oh oh! mooooy bueno Sammyyyyy!

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  2. Georginita16/10/26

    Síiiii, hoy le gané a la cochina de Fanny. por ahi no pudo ponerse la bombacha para leerte Sammy! acá tá la mejor, la one, la perver más perver de todas. toy en la escuela, en recreo. me qede en el salón para leer. el internet es una caca, pero lo lei todo. Fuaaaaa cheeeee. daleeee, qe se meta la Marianela tmb, asi se viene el cuartetaso. Jaaaasssss. bueno y ahora publicaaste 2 capitulos. me gustó y ya, qiero que se revienten a manotasos Sammyyyyyyy...

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    1. Che putis, pa q te lo sepas, tengo mas de 200 bombachas. todas de marca, super tops y de telas q vos no conocés. porq telas sacás y telas ponés. Jaaaaaa! soy buenísima viste? Aunq si me molestás, qiere decir q me extrañás un toqe. así q, avisame cundo andes por Tucumán, así me saco la bombacha para saludarte! jaaaa!

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  3. LuCastro17/10/26

    Buenas y santas! Sammy, tu historia está cada vez más elegante. necesitamos que la olla reviente, que el aceite salpique para todos lados, que las negras bailen, los negros aúllen, los blancos miren y se toquen, y los puristas de la moral se pregunten qué carajos pasa! Un besoteeeeee, y chin chin!

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  4. Valen Tina17/10/26

    Holas! Bueno, está cada vez más emocional la onda. Ta bueno. Yo estuve por decidir entrar a una cosa parecida. Pero eran dos chicas, y dos chicuelos. hasta que me di cuenta que por una de ellas se me prendía fuego todo, más que con los otros, y no pude. Pero, me hubiera gustado que los tres me peguen una linda arrimadita, por todos lados. Jajajaja! Aparte, uno tenía UUUNNN PEDAZOOOO!

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  5. EliNoah19/10/26

    Qué tul? Bueno, la verdad, yo quiero ser un poco de los dos. Fantaseo con Morguina, con el olor de su bombacha, el aroma y sabor de sus tetas, el timbre de su voz, y con esa lengua pícara. Felicitaciones Sammy.
    Aaah, y a la Fanny y a la Georgi, SAQUEN FOTITOS CUANDO SE ENCAMEN! SE RE NOTA QUE SE TIENEN GANAS...

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  6. TomyFede19/10/26

    Acá tamo, los dos con los pitos e n la mano, esperando que se venga lo que tenga que pasar. Es una muy buena historia. pero, si nosotros abrimos nuestra pareja, tiene que ser con alguien como esa mujer. Sabes a dónde la podemos encontrar?

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  7. Eeeey, BOLAS! Me re mal pegué esta morning, porq pensé q te había comentardo. Me gustó. lo leí con mi mejor amiga. ella es re cagona porq re q no se anima a escribirte. no se, piensa que el novio se va a enterar. mejor q se entere de otras cosas. AY, pará! Casi me la mando, y la buchoneo! Jejeje! Che Samus... t puedo decir Samus? Che Samus, leiste mi super expe en el otro relato q te comenté? por ahí re da para q escribas algo de eso. O q grabes una peli de mí. haceme una peli Samus, q te re pago. Jajajajassssss...
    Aaah, y no hay fotos para vos, le digo al chancho que tiene un temita de personalidad. mas q nada, porq la Georgi no me pela. no tiene tantas bombis como yo! Jaaaaa! bue, me voy... LOL

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  8. Aldana19/10/26

    Sammyyyy! Va re linda la historia. me re engancha. Tenés que competir para la entrega de los premios Martín Fierro de los relatos eróticos... pleaseeeee!

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  9. Re re re re reeee Lindo. Che, y la amiga, la re ayudó. ojalá todos tengamos una Marianela para contarle nuestras cosas. Mis amigas son unas taradas, que solo se importan ellas. bue, lo dije, y me re hago cargo.

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